Japón Monogatari

Descubran la historia de la guerra entre Clanes legendarios, guerreros unicos en medio de una tierra de criaturas mitologicas


    En el clan Hebi

    Comparte

    Invitado
    Invitado

    En el clan Hebi

    Mensaje  Invitado el Lun Abr 04, 2016 9:23 am

    Como este personaje ya no tiene propósito, tampoco veo el por qué lo que una vez escribí con él deba seguir aquí.


    Última edición por Sakurai Hayato el Sáb Feb 11, 2017 6:35 pm, editado 1 vez
    avatar
    Kobayashi Tomoe

    Mensajes : 275
    Inscripción : 23/01/2016

    Re: En el clan Hebi

    Mensaje  Kobayashi Tomoe el Lun Abr 04, 2016 6:08 pm

    Advertencia: ninguna.
    Personajes: Shimada Kou y Sakurai Hayato
    Escenas del duro entrenamiento en Kyuudo.

    1 | Shimada Kou

    —Felicidades a todos ustedes —dijo en voz clara el hijo mayor del clan, Kobayashi Kyo, los niños que no superaban los 15 años parecían inquietos al estar frente a una persona como el honorable hijo mayor del líder del clan—. A partir de este momento deberán de respetar a Takenaka-sensei quien será la persona que los instruya en kendo mientras que Shimada-sensei les enseñara Kyudo.

    —Esperen morir —fueron las amables palabras de Shimada Kou, tras eso echó sus flechas a su espalda y los apunto—. Veamos que tan rápido corren —advirtió mientras lanzaba una flecha tras otra.

    Ese día, los chicos aprendieron la mejor lección de su vida: Corre si no tienes idea qué hacer.

    2 | Sakurai Hayato

    —Mi nombre es Sakurai Hayato y espero dar lo mejor de mí —dijo uno de los niños más pequeños que tenía en su clase.

    Kou lo miró detenidamente y semisonrió de lado.

    —Con tu esfuerzo y dedicación, todo será posible, Hayato-kun —al niño se le iluminó el rostro tras las palabras de su sensei. Después éste estalló a carcajadas—. ¿De verdad creíste que iba a decir eso? —jaló su arco y flecha, Hayato empezó a correr, detrás de él las histéricas risas de Shimada y una lluvia de flechas.

    3 | Sakurai y la puntería

    A veces lograba ver al joven maestro en la lejanía mientras esperaba su turno para pasar a tirar en el flanco, su corazón no podía evitar saltar, sus mejillas se ponían rojas y sus manos sudaban, eran reacciones que no controlaba y aunque luchaba con todas sus fuerzas para que no fuera así, siempre terminaba de ese modo.

    —Sakurai —gritó el enérgico maestro a lo que el niño saltó y corrió para ir al frente—. ¿Quién tiene la mejor puntería en el clan?

    —Usted, sensei.

    —¿De verdad?

    —Sí, sensei.

    —Bueno... —el sensei alzó la mirada, desde ahí podía ver perfectamente como Tomoe hablaba con alguien, había pillado a Sakurai viéndolo desde hacía un rato; aprovecharía esa devoción que había descubierto para hacer que el niño mejorara por lo cual cogió un arco y una flecha y apuntó en dirección de Tomoe, cuando los alumnos se percataron de cual era el objetivo de Shimada-sensei hubo una exclamación—. Quiero que dispares tú hacia el espacio entre Tomoe-sama y Tomiko-sensei, o yo voy a atravesar el rostro de Tomoe-sama con esta flecha.

    El corazón le dejó de latir a Sakurai que sencillamente se desmayó.

    4 | Kou y la mañana

    Habían ido a cazar al bosque a las afueras de Tokio, sin embargo, los alumnos que repetían enseñanza con Kou-sama sabían algo que el resto de los nuevos como Hayato no sabían.

    —Ve a despertar a Shimada-sensei —dijeron los más grandes empujando al menor, a lo que a éste no le quedó más remedio que obedecer, después de todo había sido el propio Shimada-sensei el que pidió ser despertado temprano.

    Al acercarse a la zona donde Shimada roncaba Hayato sintió el peligro, pero aún así se armó de valor y siguió avanzando, cuando estuvo cerca a punto de mover al maestro, fue cogido de la mano y abrazado con fuerza. Shimada volvió a roncar y Hayato fue babeado.

    Era difícil hacer despertar a Shimada Kou.

    6 | Hayato y la cuerda

    La tensión que los débiles brazos de Hayato ejercían en la cuerda del arco era perfecta. Kou estaba orgulloso de eso. Como premió lo persiguió por todo el clan con una lluvia de flechas tras él.

    Era su forma de celebrar el buen desempeño de su favorito.

    7 | Sakurai y sus compañeros

    Hayato fue el primero en usar un arco largo, normalmente los niños y aprendices practicaban con arcos cortos pues por el peso y la altura del arco suponían un verdadero problema, pero los brazos de Hayato a pesar de ser delgados y él tener una apariencia enfermiza estaba acostumbrado a trabajar con las manos bajo la presión del calor.

    Nadie en el grupo celebró ese logro de Sakurai.

    Sin embargo cuando Oumine logró ascender al arco largo los chicos decidieron ir a celebrar al centro de la ciudad para comer mochis y tomar té en algún local.

    No invitaron a Sakurai.

    Kou no podía obligar a sus alumnos a que se llevaran bien con Hayato, sin embargo, no podía evitar sentir pena por el mocoso, después de todo, él era testigo de lo mucho que se esforzaba, sin contar que tenía un corazón noble. Poca gente lograba avances tan grandes como los de Sakurai con el arco y la flecha.

    Esa tarde Kou de casualidad se topó con sus alumnos en el centro, iba acompañando precisamente a Tomoe a tomar una copa de sake en una casa de té.

    —Tomoe-sama —se armó alboroto al rededor de su amigo, y Kou se hizo a un lado para ver la interacción.

    —Joven maestro, mire, tenemos dulces... ¿quiere algunos?

    Pero Tomoe siguió de largo disculpándose sólo con un movimiento de cabeza, evitando a los niños. Kou comprendió que los mocosos estaban celosos de la atención que Tomoe le daba a Hayato. Hubiera deseado intervenir pero no era su asunto, por otro lado, al día siguiente volvía a estar con Tomoe, iban de salida a buscar nuevos caballos cuando hizo que se detuviera en medio de uno de los pasillos exteriores. Kou siguió la mirada de Tomoe.

    —Si es un capricho tuyo... pues deberías dejarlo, le estás ocasionando problemas —susurró Kou a su amigo.

    —No sólo es un capricho, Kou...

    Ese era el motivo por el cual a Hayato no le importaba ser discriminado por sus iguales. Él iba por el premio gordo.

    Maldito Hayato bastardo, pensó entonces Kou.

    8 | Hayato y la puntería (la revancha)

    Kou puso los ojos en blanco exasperado. Los niños, ya no eran niños, ya todos eran adolescentes mayores de 15 años que estaba por concluir su entrenamiento como guerreros, pronto sería el examen para ver quién se iba a convertir en un samurai completo y quien sería una cabeza cualquiera que iba a morir sin pena ni gloria a los ojos del clan. Pero lo que no había cambiado en absoluto era como Hayato miraba como idiota a Tomoe cada vez que estaba cerca.

    —¡Sakurai! —gimió furioso Kou.

    —¡Sensei! —saltó el de los ojos color miel mirando a su maestro.

    —¿Quién es el mejor arquero del clan?

    —Usted.

    —¿Seguro?

    —Sí.

    Como si de un Deja Vú se tratase el mayor jaló un arco y flecha y apuntó hacia donde Tomoe descansaba en compañía de los niños del clan que le ofrecían manzana.

    —Sino quieres que...

    Pero antes de que acabara de hacer la amenaza. Hayato había tirado la flecha y ésta había arrancado una manzana de las manos de Tomoe, clavándose con todo y fruta contra el pilar de madera que sostenía la construcción. Kou se quedó congelado al igual que el resto de los compañeros de la acción y la letal precisión del alumno. Kou tragó saliva y afirmó, para después soltar una estruéndosa carcajada al ver como Tomoe había sacado su katana y se ponía en posición de defensa mirando para todos lados esperando más ataques.

    Quizás, sólo quizás, el alumno iba a superar al maestro.

    Miró a Hayato que lo miraba serio con determinación.

    —Esa cara no te va, pequeño mocoso presumido —vocifero Kou tomando flechas y lanzándolas hacia Hayato que ya corría despavoridamente.

    Invitado
    Invitado

    Re: En el clan Hebi

    Mensaje  Invitado el Vie Abr 08, 2016 2:18 pm

    Como este personaje ya no tiene propósito, tampoco veo el por qué lo que una vez escribí con él deba seguir aquí.


    Última edición por Sakurai Hayato el Sáb Feb 11, 2017 6:35 pm, editado 1 vez
    avatar
    Kobayashi Tomoe

    Mensajes : 275
    Inscripción : 23/01/2016

    Re: En el clan Hebi

    Mensaje  Kobayashi Tomoe el Lun Abr 18, 2016 7:00 am

    Advertencia: Ninguna.
    Personajes: Kobayashi Yoritomo y el Clan Hebi.
    Escenas sobre los primeros (confusos y felices) años de la vida del joven maestro.

    1 | Yoritomo y Yoritomo.


    —¿Qué rayos significa Yoritomo? —preguntó con el ceño fruncido Hayato, cargaba al bebé que parecía sólo dormir con él. Quizás porque no sentía el aura asesina del resto de los reptiles.

    —No lo sé, se le ocurrió de pronto al maestro cuando estaba mirando los pergaminos en la pared de su habitación —contestó Hiromi mientras acomodaba el futón para el bebé.

    —Yoritomo-san es un filosofo que instauro el precepto de gobierno y milicia mediante el uso de la fuerza y el poder del dinero —respondió Hiiro doblando los pequeños pañales del bebé y guardándolos en un mueble.

    —...—Hiromi y Hayato se miraron entre sí. Aquella historia sonaba a alguien admirado por el excéntrico maestro del clan Hebi.

    2 | Yoritomo y el halcón.


    —Niños, él es Yoritomo, es el hijo del honorable líder y desde hoy entrenara con nosotros —presentó Hayato a sus estudiantes al pequeño Yori que se aferraba con sus dos manitas al hakama del mayor.

    —Haha... quiero irme... no me gusta... —estaba al borde del llanto, el mundo de Yoritomo había sido reducido durante años, limitándose a un par de caras conocidas. Ahora había 15 niños más que lo miraban con curiosidad y parecían querer tocarlo. Yoritomo odiaba ser tocado.

    —Yori-chan, hablamos de ésto, líder quiere que entrenes por lo menos una vez a la semana con tus compañeros —fueron las palabras comprensivas de Hayato lo que hicieron que el niño con un puchero aceptara su realidad.

    —Sensei... ¿por qué el joven maestro lo llama "Haha"? —preguntó uno de los estudiantes.

    —¡Por qué es mi Haha! —gritó Yori aferrándose a la pierna de Hayato.

    —Sensei... ¿Qué no la Haha del joven maestro es la señorita Nanami? —cuestionó Satori, el hijo de Shimada que conocía la historia.

    —¡tú no sabes! ¡Mi Haha es Haha! —gritó Yoritomo como son de guerra antes de tirarse contra el que insistía en que Haha no era su Haha.
    *

    Tomoe se quedó callado tras escuchar el relato, dio una calada a su cigarrillo y después soltó una divertida carcajada.

    —¿Y quién ganó? —preguntó con interés Tomoe.

    —No es gracioso, Tomoe-sama —inquirió Hayato mientras se lavaba la cara para ir a dormir—. Yori-chan mordió a Sato-chan en la mejilla, debo de irme a disculpar con Mikoto-san.

    —No, así déjalo. ¿Quién iba a decir que sacaría los colmillos para defender el título de su Haha? —preguntó aun divertido el líder doblándose de la risa—. Lo tienes muy consentido, Haya-chan.

    —Es inevitable no consentir a un mini-Tomoe.

    3 | Yoritomo y la serpiente.

    —Líder... —susurró Yoritomo mientras se hincaba frente al aludido. Al rededor estaban los generales y capitanes del clan. A lado del líder el segundo observaba a su hijo de casi 13 años. Había crecido sano y fuerte, seguiría creciendo, de eso estaba seguro y sería tan fuerte como lo era Tomoe o cualquiera de sus tíos.

    Por su parte, Tomoe veía orgulloso el fruto de una obligación que superaba sus expectativas, era delgado y débil pero su fortaleza interna le hacía valía a su nombre titulo como el honorable hijo del líder del clan Hebi. Sabía sus obligaciones y las cumplía con orgullo.

    —¿Deseaba verme? —cuestionó Yoritomo mirando a su padre.

    —Sí, Yoritomo, la alianza con los yakuza están dando frutos y han abierto una nueva ruta para que la mercancia de nuestros miembros llegue a otros lugares con bien. Requiero que revises dicha ruta junto con Shimada-kun y Yukine-san y me hagas saber una valoración —recitó con calma pero fuerza en sus palabras. Semisonrió el líder.

    Yoritomo no supo porque su corazón se detuvo ante la imagen del poderoso líder sonriéndole y dándole ordenes. Era como amor a primera vista.

    —Sí, líder —hizo una reverencia.

    —No decepciones a tu clan.

    —Jamás lo haría —hizo una reverencia el pre-adolescente y se incorporó. Le habían encomendado una importante misión, era tiempo de cumplirla.

    —¿Está seguro líder? —preguntó uno de los viejos generales. Yoritomo no titubeó y siguió caminando a la salida.

    —¿Dudas de la capacidad de mi hijo y de mi capacidad para dar ordenes? —fue la sublime respuesta del padre de Yori, el corazón le latió más rápido.

    Quizás sí era amado por su padre después de todo.

    4 | Yoritomo y el gato.

    A Demian lo había visto varias veces en el clan, recordaba al hombre por su peculiar estatura y su gesto siempre calmo. Era un rostro que sobresalía totalmente del resto de los miembros del clan. Además, a Demian lo relacionaba con su padre pues únicamente hablaba con él y con nadie más, ni con Haha, además nunca parecía sonreír. Por eso fue extraño cuando lo vio sentado en el pasillo admirando el cerezo que su Padre y Haha admiraban juntos. Según había escuchado de la boca de unos sirvientes era el árbol favorito del líder porque parecía estar en flor todo el año.

    Yoritomo se acercó lento hasta donde el hombre estaba y se sentó cuidadosamente a su lado. Miró el árbol y después espió por el rabillo del ojo al mayor preguntándose si había notado su presencia pero para ese momento. Demian ya lo miraba. Yoritomo jadeó asustado y se retrajo.

    —¿Desea algo joven maestro? —preguntó la ronca y profunda voz de Demian. El corazón de Yori latió con fuerza. Tragó saliva y negó. Bajó el rostro conteniendo las ganas de llorar, se encogió y siguió mirando el árbol.

    Demian frunció el ceño y buscó entre sus ropas algo, cuando lo encontró lo dejó en el piso frente al joven maestro y acarició el cabello de éste.

    Los ojos de Yoritomo se abrieron de par a par al ver el pequeño paquete envuelto en hojas verdes. ¡Eran wagashis! Los cogió con las dos manos y salió corriendo antes se detuvo y regresó hasta donde Demian e hizo una profunda reverencia como agradecimiento para después partir a todo galope. ¡Tenía Wagashis! Quería compartirlos con Takumi, Sato y Ryu.

    Tal vez Demian no era tan malo ni temible como pensaba.

    5 | Yoritomo y los perros.

    A veces le gustaba caminar sólo por el clan, aunque siempre iba acompañado de Sato por instrucciones de su Haha pues Takumi nunca se separaba de lado de Haha al igual que Ryunosuke. Sin embargo, esa tarde le pareció escuchar la voz de Takumi que venía desde una puerta, y enseguida llamó su atención que su padre también hablaba.

    —Joven maestro, no —interrumpió Satori cuando notó las intenciones de Yori por abrir la puerta corrediza de la sala de té. Pero fue demasiado tarde puesto que el menor de los Kobayashi corrió la puerta justo en el instante que Tomoe tiraba al piso a Takumi como si fuera un perro.

    Los ojos azules del menor se llenaron de terror al ver a líder furioso, pero éste detuvo su descarga de ira contra el perro de Hayato cuando reparó en la repentina intromisión de su hijo.

    —Tú, pequeño...

    —Mi señor es mi culpa —intervino Satori hincándose con una rodilla al suelo recargando su peso en una mano que paralela se plantaba en puño al tatami, la cabeza baja suplicante.

    Tomoe se tambaleó un poco y alzó la barbilla suficiente, había detenido su propio avance.

    —Satori, ¿qué coños haces aquí con ese? —quiso saber el líder regresando a su asiento. Takumi había adoptado la misma posición que su compañero.

    —Íbamos hacia los jardines laterales, mi señor —respondió Sato mirando el tejido del tatami oscuro, una rareza traída desde Nagoya.

    —Ya veo... —Tomoe sirvió más sake en su copa y la bebió—. ¿Dónde está Hayato?

    Sato abrió los ojos e intercambio mirada con Takumi. La ira del líder revivió tras notar las miradas intercambiadas entre los sirvientes personales de su Wakka y lanzó el sake contra la pared. Yori aterrado brincó y se escondió detrás de Sato. El líder daba mucho miedo.

    —Preparen mi maldito caballo, iré hasta Okinawa de ser necesario nadando —rugió—. ¡Hiiro! ¡Hiromi! ¡Toshio! —vociferó caminando pero sólo logró sostenerse de la pared, estaba muy tomado—. ¡Y ustedes asquerosos perros... —frunció el ceño—...reconsideren con quién está su lealtad —lo último casi lo susurró. Hiiro llegó tras el llamado de su maestro junto con Toshio, ambos lo condujeron no a coger su caballo sino a que durmiera.

    Hayato-dono había sido "secuestrado" -otra vez- por Kuma y sus subordinados no dieron aviso a Tomoe, tras esto el resultado había sido aquel que el pequeño Yoritomo hubo presenciado.

    —¿Por qué mi papá los llamó así? —pregunto preocupado Yori. Takumi limpiaba su rostro y Sato pelaba caquis para Yori. Ninguno se atrevió a responderle sin tener que mentirle.

    6 | Yoritomo y la bestia.


    Shimada Kou no podía comprender como alguien con una terrible personalidad como Nanami-sama y Kobayashi Tomoe habían procreado a un ente tan débil y tímido. Sencillamente era imposible, lo creería de la prole de un caso hipotético donde Hayato hubiera tenido hijos con Mikoto, ambos dulces de naturaleza amable. Pero no, la desgraciada geisha había marcado al hijo del líder con una personalidad más bien sumisa. Lo veía sollozar contra un árbol y le venía a la cabeza el momento en que conociera a Miko-chan. Al parecer era su destino el tener que consolar a los niños del clan.

    Le entregó los pergaminos que llevaba a su pequeño asistente y lo despachó hacia su alcoba en la residencia Hebi para él encargarse del manojo de llanto que era el pequeño Yoritomo.

    —Oe... —habló fuerte y claro, su voz potente tomó desprevenido al heredero de la casa. Su cuerpo tembló y lo hizo llorar más fuerte cuando se giró y se encontró con Kou, el enorme samurái amigo de Haha que daba mucho miedo, sus manitos cubrieron su rostro—. Oe —se flexionó el de cabellos azules a la altura del diminuto humano y gruñó sin saber que más hacer, entonces lo tomó entre sus brazos haciendo que al instante el nene se tensara y lo mirará pálido—. Ya dejaste de llorar. ¿Por qué estás aquí? ¿Dónde está el Segundo? —preguntó sosteniendo aún al joven maestro buscando con la mirada a la inseparable madre sustituta del menor.

    —Haha se fue y dejó a Yori-chan ¡Solo! —gritó con desprecio volviendo a llorar.

    Kou semisonrió de pronto la ira con que el niño reclamaba -como si el propio Shimada tuviera la culpa- le pareció la cosa más adorable del mundo. Su hijo Sato no era así, jamás había tenido desplantes más que una sola vez en que Ryunosuke le había pateado el trasero en un duelo de entrenamiento.

    —¿Y no están Sato y Takumi contigo? —cuestionó Shimada serio.

    —¡Se fueron con él! —gritó otra vez volviendo a llorar descontrolado—. ¡Y líder no me hace caso! —típico de Tomoe-baka, pensó Shimada tras el comentario del niño. Así que sin más lo cargó mejor y lo llevó hasta sus hombros donde lo acomodo. Yoritomo jadeó asustado y se sostuvo primero de la melena alborotada del adulto después de la frente y hundió su nariz en el cabello, olía delicioso, rió feliz y se recostó sobre ella, Kou gruñó empezando a caminar hacia sus deberes.

    —Ya no llorarás, ¿vale? —pidió como única condición la bestia mientras se hacía cargo de la cría del halcón y la serpiente.

    —¡Sí, Bestia-san!

    Le empezaba a caer mejor el hijo de aquellos dos idiotas que los idiotas mismos. Hasta pensó en adoptarlo para sí.

    Invitado
    Invitado

    Re: En el clan Hebi

    Mensaje  Invitado el Lun Mayo 09, 2016 4:05 pm

    Como este personaje ya no tiene propósito, tampoco veo el por qué lo que una vez escribí con él deba seguir aquí.


    Última edición por Sakurai Hayato el Sáb Feb 11, 2017 6:35 pm, editado 1 vez
    avatar
    Kobayashi Tomoe

    Mensajes : 275
    Inscripción : 23/01/2016

    Re: En el clan Hebi

    Mensaje  Kobayashi Tomoe el Lun Mayo 09, 2016 7:33 pm

    Advertencia: ninguna.
    Personajes: La Serpiente Azul y el clan Hebi.
    Pequeños drabbles sobre La Serpiente Azul y el clan Hebi.

    1 | La serpiente Azul y el halcón.


    —¡Eres débil! ¡Y nunca dejarás de serlo! —había gritado Kou al pequeño niño que lloraba fuera de sí contra el piso lleno de lodo. El menor tosió de forma tan fuerte que sus cuerdas bocales sangraron. Caía un terrible aguacero sobre Tokio y ellos estaban en medio del campo de entrenamiento, mojados como perros. Sólo quedaban el sensei y el menor que lloraba pues la piel de los dedos de una de sus manos ya se había alzado de tanto tensar el arco—. Te faltan cincuenta flechas más —ordenó Kou sin tocarse el corazón.

    Hayato se incorporó mirando borroso por el llanto, la lluvia y la fatiga.

    “¿Quieres a Tomoe? Lucha por él, Hayato, lucha. Tú puedes” pensaba mientras lo veía incorporarse tembloroso, halar las flechas y volver a adoptar su postura. El blanco estaba a unos cincuenta metros de distancia, el menor luchaba contra la cortina de agua que caía espesa. Más de la mitad de sus flechas había sido desviada o habían caído a mitad del camino. Hayato no desistió y siguió mandando a ese punto blanco las armas.

    Hayato no era un genio como Kou lo era al ardo o como Tomoe a la guerra, pero se esforzaba y era prodigio a su manera.
    Kou miró al menor, veinte años después, había recordado ese episodio. Caía un aguacero igual de terrible que en aquel momento. Hayato había ido a ver al viejo Shimada que ahora estaba en un futón, enfermo de un “terrible” resfriado. A decir verdad sólo era un catarro que lo mantenía en cama, pero el hecho de que no se apareciera por el clan en tres días seguidos había preocupado al viejo Tomoe y había enviado a Hayato a que se fijase que la estúpida bestia siguiera con vida.

    —¿En qué piensa, Shimada-sensie? —cuestionó Hayato mientras servía más té al convaleciente.
    —En lo débil y enclenque que eras hace unos años —señaló torciendo la sonrisa. Estaba sentado y el futón cubría sus piernas. Tomó el té que le ofrecía Hayato. La mano le temblaba debido a la vieja lesión que nunca más se había podido curar.

    El segundo miró como el contenido del té bailaba dentro de la taza mientras era llevada a la boca. El rostro que se había empezado a arrugar no permitía que sintieran lastima o pena por él.

    —Supongo que sigo siendo débil.
    —Lo eres, pero tienes a Tomoe que te hace fuerte como yo tengo a Mikoto —expresó dando otro sorbo más dejó el té de lado.
    —Nunca le agradecí por ayudarme en aquel momentos, Shima-.
    —No seas presumido, Hayato —lo llamó por su nombre sonriéndole—. No te adjudiques privilegios, Shimada Kou jamás ayudó a nadie, tú eras el que luchaba y persistía a pesar que yo le ponía obstáculos, así que no agradezcas —esa era la forma en que Shimada le correspondía cariñosamente el agredecimiento. Hayato tomó la mano herida de Kou y la apretó con cariño. Se quedó un buen rato más con su querido sensei.

    2 | La serpiente Azul y la serpiente Blanca
    .


    La serpiente azul eran serpientes muy grandes y lentas, pero a cambio de esas dos fallas, ellas poseían una aparente inteligencia superior a la del resto de las serpientes: ellas podían adaptarse a cualquier hábitat. Frecuentando sobre todo los lugares húmedos donde otros anfibios hubieran muerto. Gustaban de las ciénagas y zonas boscosas donde la maleza abundaba en desmedida. Siempre procuraban lugares donde pudieran ocultar su presencia y desde ahí atacar despiadadamente. Su veneno era letal y no había una cura para su mordedura pues el veneno podía alcanzar la muerte de su victima en cuestión de tres segundos. La persona atacada se iba a ir al otro mundo sin saber realmente la forma tan atroz en que había muerto.

    A Tsubaki le pareció que Kou era de aquel modo. Era el último en kendo y siempre lograban barrer el piso con él, el profesor rezaba que era debido a su musculatura y estatura el que no ayudaban al heredero de los Shimada el que no pudiera responder con destreza con la katana. Sin embargo, no había persona que se le igualara a la hora de coger un yumi y una flecha. Podía dar en el flanco de forma rápida y eficaz. Rompía con el esquema pacifico y armonioso de estudiante promedio del kyudo pero eso no importaba cuando se era un genio.

    —Kou-kun —habló Tsubaki al menor que había sido derrotado patéticamente –otra vez- por Mitsuhime-kun, un estudiante de ramas menores dentro del clan.
    —Líder —susurró el adolescente de quince años se hincó haciendo una reverencia sintiéndose abochornado porque el líder había visto aquella penosa demostración de despliegue de su incapacidad para manejar adecuadamente una katana.
    —Si te dijera que atravesaras el corazón de aquel muchacho, ¿lo harías?
    —Lo intentaría —respondió Kou alzando la mirada.
    —Y si te dijera que atravesaras el corazón de aquel muchacho porque está amenazando la vida de Tomoe, ¿lo harías? —preguntó Tsubaki serio.

    Kou apretó los labios, mirando casi con desprecio al líder. Ese par de ojos fieros siempre le habían parecido encantadores a la Serpiente Blanca del clan. Eran los de una bestia, los de un demonio. Lo miraban de aquella forma pues el mayor sabía perfectamente la respuesta.

    —Kotaru-kun —habló en voz alta el líder. El resto de los estudiantes se giraron hacia el alto mando, hicieron una leve reverencia. El aludido atendió al llamado.
    —Líder.
    —Ataca a Tomoe —ordenó de una sola. Y el hijo del líder parpadeó, apenas comprendió lo que pasaba pudo desenfundar su katana antes de que Kotaru cayera herido a sus pies. Kou bajaba el arco asustado, mismo que arrebatara de las manos a uno de los escoltas de Tsubaki.

    Tomoe miró a Kou quien respiraba de forma agitada. Asustado el adolescente de ojos dorados miraron a su líder que le regaló una caricia en la melena azul.

    —A partir de mañana quiero que te enfoques sólo en el arco, Kou-kun y quiero que asistas a todas las juntas de consejo de guerra —sonrió Tsubaki empezando a caminar. Kou hizo una reverencia remarcada mientras el líder se retiraba. Después se giró a ver como llevaban a su compañero a la enfermería, la flecha se le había clavado en la espalda, justo en el área donde los pulmones estaban. Sin problema pudo haber dado en el corazón.
    Volvió a mirar hacia donde la Serpiente Blanca había desaparecido y frunció el ceño. El viejo había encontrado el objeto de su lealtad.

    3 | La serpiente Azul y la serpiente Mayor.

    A Kou nunca le habían gustado los hombres, de hecho tampoco las mujeres, su amor y gusto devoto había sido para una sola persona, al punto que no había descansado hasta lograr tenerla a su lado. Aunque tampoco veía mal la relación entre dos personas del mismo sexo, respetaba mucho el camino del washudo (Shu y wakka), por el contrario le gustaba que su líder y mejor amigo hubiera encontrado un lugar de descanso entre los brazos de su estúpido mejor estudiante. Sin embargo, había algo que siempre había admirado y le gustaba en sobremanera, incluso amaba muy en secreto: Ver a Kobayashi Tomoe danzar con sus katanas en el campo de batalla.

    Apreciar a Tomoe moverse con la libertad del aire era algo que le erizaba la piel, los vellos de la nuca. Le hacía contener la respiración. En realidad pocas personas eran dignas de estar a la altura en técnica de Kobayashi. Eso sí, jamás olvidaría el encuentro entre Tomoe y la Perra Blanca, o entre Tomoe y Senjiryuu del clan Okane que ya estaba extinto. Esos combates habían sido decisivos en la autonomía de Tomoe como samurái y no habían sido para nada agradables de ver pues fueron derrotas garrafales que por poco le costaron la vida al muchachito.

    —Kou-sensei —sonrió Hayato al encontrarse con el de cabellos azules que saltó alterado al llamado. El menor rió—. ¿Qué hace? —preguntó mientras que dirigía su mirada hacia el patio donde Tomoe tomaba su entrenamiento. Ahora que era líder entrenaba solo, únicamente con un grupo reducido de samuráis que eran sus adversarios. El de ojos miel sonrió—. ¿También le gusta ver el entrenamiento de Tomoe-sama?

    Kou sonrió al menor de forma sincera.

    —Me encanta verlo —confesó mientras que estudiaba la tensión de los músculos en la espalda desnuda de Tomoe que movía con bastante habilidad ambas katanas a la vez. Eran una extensión más de su cuerpo.
    —Da un poco de envidia la intimidad que mantiene con sus armas —inquirió el menor sin perder detalle a las marcas que su amante presumía. Marcas de dientes y dedos que se sujetaban al borde de la desesperación.

    —Celoso —susurró Kou en afán de molestar al menor—. Aunque entiendo lo que dices —recargó su mentón de la palma de su mano mientras se flexionaba sobre el barandal de madera que estaba al borde del pasillo—. Siempre fue mejor que todos en cuanto al combate se refiere… supongo que la guerra está en su alma… aunque… —miró de reojo a su exestudiante y lo empujó. Hayato era el que había logrado que su amigo no se volviera en un demonio. Hayato se quejó llamando la atención de Tomoe.

    —¿Kou? ¿Hayato? ¿Qué hacen? —preguntó el líder teniendo el entrenamiento, recogió una trama de tela y se limpió el sudor, se acercó sonriendo al par—. ¿Por qué no vienen los dos para que les dé una paliza?
    —Oh, Tomoe-baka… te patearé el culo y no sabrás ni como —inquirió sonriendo, saltando el barandal y caminando al medio del patio. Hayato dejó que los dos amigos tuvieran ese momento para ellos.

    .4 | La serpiente Azul y el gato

    —Oe —habló Kou con voz fuerte y clara. Mirando con plena desconfianza al extranjero que salía de la habitación del líder que ahora se supone estaba durmiendo después de una larga jornada. Satori y Ryunosuke se quedaron expectantes ante aquel encuentro. Jamás habían visto a aquel de cabellos largos que definitivamente no era japonés, lo sabían por los rasgos de su rostro. ¿Sería un enemigo infiltrado? Y en el peor de los casos, debían estar preparados para atacar.

    Sin embargo Kou y el extranjero se dedicaron respetuosas reverencias.

    —Pensé que no ibas a volver sino hasta invierno —comentó Kou.
    —Tuve que regresar antes para entregarle información a líder-sama —contestó el hombre. Ryunosuke y Satori veían a aquel sujeto de forma fija. Kou se percató de eso y sonrió.
    —¿No conocen a Demian? —cuestionó señalando al menor—. Es el espía del clan, uno de los favoritos de Tomoe, también está enamorado de líder.
    —Kou-san, le suplico encarecidamente no diga cosas extrañas a los jóvenes.
    —No te preocupes, ellos están enamorados de Segundo —replicó alegremente el mayor.
    —¡Viejo idiota!
    —¡Kou-san! —gritaron Satori y Ryunosuke sonrojados.
    —Bueno, todos aquí tienen un amor no correspondido con alguno de los dos líderes —siguió fastidiando Kou. El trío se había puesto rojo ante las burlas del mayor.
    —Kou-sensei —llegó Takumi.

    —Oh, y él es el enamorado número de Hayato-dono —comunicó Kou partido de la risa señalando a Takumi que sin más bufó—. Sospecho que Hayato-dono le echa embrujo a la comida del clan —siguió riéndose la bestia azul.

    Al otro lado de la puerta, Hayato cubría su rostro abochornado sosteniendo del brazo a Tomoe que iba con katana en mano a asesinar a su mejor amigo.

    Era bueno cuando un clan era así de unido.

    Invitado
    Invitado

    Re: En el clan Hebi

    Mensaje  Invitado el Sáb Mayo 21, 2016 3:12 pm

    Como este personaje ya no tiene propósito, tampoco veo el por qué lo que una vez escribí con él deba seguir aquí.


    Última edición por Sakurai Hayato el Sáb Feb 11, 2017 6:36 pm, editado 1 vez
    avatar
    Kobayashi Tomoe

    Mensajes : 275
    Inscripción : 23/01/2016

    Re: En el clan Hebi

    Mensaje  Kobayashi Tomoe el Lun Mayo 23, 2016 1:34 pm

    Advertencia: ninguna.
    Personajes: Clan Hebii.
    Pequeños drabbles para animar a alguien -el clan Hebi de la A a la Z-.

    A | Admiración.


    Takenaka Hiromi era el gemelo "mayor" por minutos, sin embargo, su gemela, Hiiro, parecía la más consciente. Desde pequeña supo como hacer tomada en serio por las personas a su alrededor. Pues no sólo había luchado contra su propia existencia femenina, sino contra sus debilidades y los temores naturales del ser humano. No era una prodigio como los hijos del líder. Pero se había vuelto fuerte por una, sólo una razón.

    ―¿Entonces que vas a hacer ahora, Hi-chan? ―susurró Hiromi mientras veía a su hermana vendarse las manos, era una practica común en ella, como sus manos eran delgadas sentía que le faltaba fuerza al momento de tener en mano el mango de la katana.

    ―No me puedo volver General como nuestro padre ―contestó ella. Era la primera vez que los gemelos hablaban sobre el futuro, tenían trece años, en dos años Hiromi sería considerado un hombre y debía saber que hacer: dejar el camino de la enseñanza de la katana y volverse un aristócrata o seguir el camino de su padre y volverse un General. Por otro lado, Hiiro tenía una única opción: conseguir un buen prospecto, ella iba a cambiar eso.

    ―Sí, no puedes volverte general, el próximo año te llevara con la casamentera y el líder para conseguirte a un marido.

    ―Yo quiero a Kyo-kun, si no me dan a Kyo-kun pues no quiero a nadie más ―dijo firme, no sonaba a berrinche aunque en esencia cualquiera pensaría que lo era. Hiromi la observó y sonrió suave.

    ―Deberías volver capitán para estar junto a Kyo-kun.

    ―Kyo no será líder.

    ―¿Qué?

    ―¿Conoces al hijo más pequeño de líder? ―preguntó recogiendo la katana dándose cuenta que tenía razón en cuanto al agarre. Hiromi se incorporó sobre el futón y miró seriamente a su hermana―. El joven maestro Tomoe, tiene 9 años.

    ―Sí, es el que siempre anda con Kou-kun, ¿cierto?

    ―Tsubaki busca a su guardia... me voy a ofrecer, y me convertiré en capitán ―señaló con seriedad.

    ―¿Qué? Es un niño... además... me estás diciendo que un niño es más fuerte que Kyo-kun, estás loca...

    ―Mañana, va al entrenamiento...

    ...

    ―¿Y Tomoe-sama? ―preguntó Hiiro que entraba a la habitación de entrenamiento, no encontró a nadie, sólo la espalda de su hermano que estaba sentado en el pasillo que daba al jardín. Se acercó y Tomo dormía sobre las piernas del gemelo. Hiiro se quedó de pie junto a su igual, y éste le sonrió grande. La chica se sentó con cuidado a su lado mirando hacia las flores―. Lo conscientes mucho...

    ―Estaba de malhumor porque el Segundo se fue.

    ―Puedo ocupar tu lugar, ya vete a casa con Ai-chan.

    Hiromi negó.

    ―Quiero cuidar a Tomoe-sama un poco más...

    ―Tienes suerte que Hayato-dono no sea como Tomoe-sama porque de lo contrario...

    ―Correría el riesgo como lo corro al darle amor a Hayato-dono, ellos dos valen mucho la pena. Son dignos de admiración.

    ―Y tú que querías volverte un señorito de sociedad.

    ―¡Aniki! ―se quejó el mayor. Hiiro rió bajito.

    B | Beso.

    ―...
    ―...
    ―...

    Kou, Mikoto y Hiiro se quedaron congelados. Lo mismo fue para Hiromi, Hayato seguía abrazado a su cuello.

    ―No es lo que parece ―fue lo primero y más inteligente que alcanzó a decir el mayor de los gemelos cuando reaccionó de su sopor, el miedo de que Tomoe estuviera entre los recién llegados lo había paralizado momentáneamente, a diferencia del estupor por sorpresa de los otros tres. Las risas llegaron desde afuera. La potente voz de Tomoe contando una anécdota les daba entender que no tenían de qué temer por el momento, por el momento.

    ―Entonces... ¿qué estabas haciendo, Takenaka Hiromi-kun? ―preguntó acusadora Mikoto.

    ―Estaba acostando al Segundo...

    ―Y accidentalmente tus labios se pegaron a los de él...

    ―¡No nos besamos! ―gritó y Kou corrió a taparle la boca.

    ―No importa lo que intentaras hacer... , Hiromi-kun, no sé que extraña fantasía ronde tu cabeza, Hiromi-kun ―dijo Kou en tono acusador también―. Pero recuerda que aquellos que sienten amor por Hayato-dono mueren dolorosamente, Hiromi-kun, no quiero ver a Hiromi-kun muerto, Hiromi-kun, así que por favor, Hiromi-kun... aleja tus horribles labios de ¡SEGUNDO-SAMA, HIROMI-KUN!

    ―¡Yo no intentaba besar a nadie!

    ―¿Qué a quién intentaban besar? ―preguntó Tomoe entrando alegremente a la habitación.

    Otra vez todos se congelaron.

    Hayato acostado, abrazado al cuello de Hiromi que estaba sobre el Segundo, Kou detrás de Hiromi. La increíblemente veloz cabeza del líder, tardó dos segundos en procesar la información.

    ―¡Morirán los dos cabrones hijos de puta! ―rugió desenvainando a Heiwa. Mikoto se lanzó a líder y Hiiro también.

    ―¡No es lo que parece! ―gritó Hiromi.

    ―¡Por la mierda, Tomoe! ¡Reacciona! ¡No me van los tíos! ¡Tomoe! ¡Tomoe! ¡Guarda a Heiwa! ¡No saques a Kara! ¡Tomoe!

    La situación, contra todo pronostico, Hayato se había emborrachado. Tomoe envío a Hiromi a dejar a Hayato a la habitación, y el menor confundió los fuertes brazos del gemelo con los de su siempre dulce serpiente, terminó por robar un para nada casto beso de los labios del heterosexual.

    Como resultado: Hiromi -con un ojo morado y el labio roto-, Kou con el pómulo jodido y una muela floja, y Tomoe con el ojo sin poder abrirlo, habían sido victimas del Demonio del este que furioso arremetió contra los tres por haber sido despertado. Lección aprendida: Al demonio no se le debía despertar cuando estaba borracho, ni siquiera con dulces besos de su siempre dulce serpiente.
    avatar
    Kobayashi Ryunosuke

    Mensajes : 116
    Inscripción : 02/04/2016

    Re: En el clan Hebi

    Mensaje  Kobayashi Ryunosuke el Lun Mayo 23, 2016 3:00 pm

    C | Cascaron

    Tomoe rara vez compartía con los adolescentes del clan, por el contrario. Prefería a los niños, a los bebés. Con ellos era más fácil de lidiar a diferencia de los mayores que adoraban como idolo a Hayato. Sinceramente lo ponía celoso y bastante ansioso. Así que por regla general ningún adolescente era lo suficientemente bueno ni en Kyuudo ni en Kendo. Al menos no hasta que lo superaran a él. Aunque también, eso no quería decir que los odiara, estaba consciente que en un par de años ellos serían su ejercito, la fuerza fresca y dura del clan, en quien confiaría los cimientos para que su clan siguiera en pie.

    ―Hayato-dono los tiene mimados... ―murmuró Tomoe a Hiromi, ambos bebían sake y el gemelo observaba lo mismo que observaba su líder.

    ―Pero son fuertes.
    ―Si Hayato cae, ellos también van a caer ―comentó Tomoe dando otro sorbo a su sake.
    ―Posiblemente se enojen y...
    ―Es el problema, si se enojan y "rompen el cascaron" ―se refería a romper la conciencia―. Pueden ocasionar un problema ―masculló Tomoe, se incorporó―. Además de que su lealtad está hacia Hayato... no hacía su líder... ―sintió el piso moverse debajo de sus pies.

    Hiromi miró de reojo a Tomoe. El líder camino hasta el centro donde Hayato entrenaba con katanas con sus alumnos, estaba siendo muy considerado. Así que interrumpió el combate y con la katana aún enfundada, en tres golpes derribó al muchacho con el que Hayato peleaba. El Demonio del Este se hizo a un lado. Y lamió su labio, dejó que el líder actuara, lo que no se espero es que la katana Heiwa, aún enfundada, golpeara primero el abdomen y después el rostro del Segundo. Uno de los estudiantes reaccionó a correr a defender al Segundo, hubo otro y otro. Tomoe desenfundó a Kara y comenzó el combate, era real. Rasgaba yukatas sin compasión como si fuera la piel, inclusive hubi alguien que sangró. Hayato se apartó y se llevó las manos a la boca asustado nunca había visto a sus estudiantes tan enojados. Los únicos que no atacaban era Ryunosuke y Satori, Takumi ayudaba a Hayato.

    Vieron a sus amigos caer uno tras otros, pero se incorporaban a volver a pelear. Tomoe sonrió cuando los niños se dieron cuenta que un ataque coordinado era mejor que todos atacando a la vez. Pero el piso se le volvió a mover debajo de los pies y trastabilló el líder. Tomoe chasqueó la lengua al caer al piso, no estaba totalmente ebrio, pero tampoco estaba totalmente sobrio. Jadeó cuando vio que los estudiantes iban sobre él con toda la intención de darle su merecido por haberse metido con el Segundo.

    Pero antes de que el arma de aquel adolescente hiriera al líder. Takumi interpuso su arma.

    Hayato tragó saliva.

    ―Herir al líder... es alta traición, el líder es sabio y él sabe porque hace las cosas... no vuelvas a alzar tu arma en contra de quien te da de comer y protección... ―recitó el mayor de los perros.

    El líder con el corazón alterado abrió mucho sus ojos y se dejó caer de espaldas.

    Quizás, sólo quizás. Esa generación aún tenía esperanzas.

    D | Diagnóstico

    Ryunosuke estaba enfermo.

    Había empezado a ocurrir casi después de la ceremonia de mayoría de edad para la cual la princesa yakuza al igual su hermano y el líder habían sido invitados de honor. La ceremonia fue perfecta y Tomoe-sama quedó satisfecho. Únicamente que enseguida la noche siguiente a que la comitiva yakuza partió. Esos extraños sueños comenzaron. Inició en medio de la madrugada con el sudando y un terrible dolor en sus testículos. No podía con ello, fue tan atroz que tuvo que correr al baño para, con el agua fría como estaba, meterse hasta el fondo.

    La segunda noche fue lo mismo, quizás peor. Pues no sólo hubo dolor de testículos sino una notable erección. No sabía como ocurría, únicamente ocurría. Sentía que algo andaba muy mal con él y con sus horas de sueño; por lo cual llegó a la solución de que era mejor no dormir. Y así lo hizo, se mantuvo despierto tanto como pudo, dormía por periodos corto de tiempo y siempre en vigilancia de una segunda persona que lo despertaba cada cierto tiempo para no dormir de corrido.

    Hayato, siendo observador, notó enseguida que su sobrino -y consentido- estaba extraño. Seguía entrenando duro por su cuenta, como siempre cuando no estaba Tomoe en casa, pero veía como no rendía como debía de rendir. Así que un día, habiendo tomado la cena, se dirigió a la habitación de su cría y se coló con un poco de té. Empezó a servir aprovechando que el menor se estaba bañando, cuando éste salió no se sobresaltó ni molesto de encontrar a Hayato preparando té.

    ―No quiero pastel ―anunció como único comentario secando su cuerpo.

    ―Es para mí ―riñó Hayato inflando las mejillas―. Sólo vine a convidarte de té verde que trajo Smith-san de China... está delic... ―se giró para ver a Ryunosuke pero se quedó callado. Ryunosuke secaba ahora su pecho. Cogió la yukata y se la colocó ignorando la mirada perpleja del mayor.

    ―¿Está qué? ―Ryunosuke se sentó junto a Hayato mal amarrando la cinta de la prenda para dormir.

    El mayor sonrió suave.

    ―Estás creciendo, Ryu-chan ―comentó Hayato pasándole el té.

    ―Algo así ―gruñó el menor de forma educada, tomando el té, dio un sorbo y dejó caer la cabeza hacia atrás―. Me he sentido más cansado de lo normal ―murmuró dando más tragos a la bebida humeante.

    ―¿Te importa contarme que ocurre? ―susurró conciliador Hayato mirando con amor a su cría. El cachorro miró al mayor y suspiró, sus mejillas adquirieron un tono rojo en sus mejillas.

    Pronto comenzó a narrar acerca de sus sueños: Sus manos, su boca, su lengua, husmeando debajo del kimono de una señorita. No de cualquiera, siempre era de Kamil. Sus labios tocando los de la princesa Yakuza. En su nariz picando el suave aroma de camelias intensificado por el sudor de su cuerpo debajo del suyo. Pero antes de acabar con el relato cubrió su rostro. Hayato tragó saliva y desvió la mirada.

    ―Estas creciendo, Ryu-chan... ―masculló. Ryunosuke observó a su madre adoptiva y gimió acongojado. El diagnostico no lo ayudaba a calmar su corazón.

    E | Equivocado

    Tomoe sabía que aunque Hayato podía parecer un fuerte roble que no cedía ante las tormentas tenía cimientos delicados. El mínimo resfriado mal atendido podría ser mortal para su Segundo. Sin embargo, él había visto luchar infinidad de veces a Hayato contra fuertes oponente, contra la vida, contra el destino mismo. Ahora que leía a un lado de Hayato que empezaba a toser sangre después de que el invierno lo atacará de frente, le causaba curiosidad como el trío de Perros estaban en un costado de la habitación con los ojos inundados en llanto y alzando plegarías al cielo.

    ―Es inútil... ―murmuró Tomoe calmado cambiando la hoja de su lectura.

    Takumi lo observó con odio pero no dijo nada. Satori rabió.

    ―Nosotros somos los que nos preocupamos más por el Segundo ―la voz se le rompió.

    El líder sonrió de medio lado. Dejó un beso en la frente del enfermo y salió de la habitación.

    Cuando el segundo se mejoró los chicos contaron la anécdota. Hayato sabía que Tomoe no era cruel, ciertamente podía ser un poco inexpresivo pero de todo el clan el que más sufría era él, sin embargo también era consciente que si se preocupaba, todos los demás se iban a preocupar rl doble. Que equivocados estaban todos con respecto a la imagen que tenían del fuerte y duro líder, Hayato era el único que conocía la terrible verdad sobre el frágil y temoroso niño que era albergado tras esas katanas que él mismo había forjado.

    F | Familia

    Sirvió más sake en tres copas y bebió una de ellas. Después otra, y concluyó la ronda. Sus ojos se clavaban en la luna. Volvió a servir tres copas con sake y repitió el ritual.

    ―Hayato-dono, ¿ha visto al líder? Necesito entregarle el reporte de la guardia ―inquirió Hiromi extendiendo los papeles. El segundo miraba desde la ventana el pequeño punto de luz que había entre los árboles más allá del capo de entrenamiento.

    ―¿Líder? ―cuestionó saliendo de sus pensamientos, abrazó el haori de Tomoe contra su pecho, se había estado preparando para salir―. Déjame el reporte... yo se lo entrego, en estos momentos está con su familia ―inquirió mientras le sonreía al mayor quitándo de sus manos los reportes.

    Había empezado a enfriar, iría a dejar el haori al líder del clan para que no enfermara.

    G | Gato

    El conejo que cuidaban los Perros había muerto. En su lugar apareció un pequeño gato negro al cual le apodaron cariñosamente "Kuro-sama". Tomoe lo odiaba porque retozaba sobre él cuando tomaba siestas. Era como si el Kuro-sama pensará que Tomoe había sido aquel hombre que le salvó de vivir en la calle y lo llevó hasta el clan para que las crías del halcón no estuvieran tristes por la partida de Rabbit-sama. Estúpido gato, Tomoe no hacía esa clase de cosas innecesarias para seguir viendo feliz a Hayato-dono.
    avatar
    Kobayashi Tomoe

    Mensajes : 275
    Inscripción : 23/01/2016

    Re: En el clan Hebi

    Mensaje  Kobayashi Tomoe el Lun Ago 29, 2016 9:54 am

    H | Hermanos

    Sakurai Makoto era el hermano menor de Sakurai Takumi, lo curioso es que sólo tenían un padre y ninguno de los dos tenían madre. No la habían necesitado. Aunque su tratamiento se limitaba en saludarse cuando de vez en cuando se topaban en el centro o cuando su padre iba a ver al menor a casa de sus abuelos, ellos se llevaban bien. No era para nada, ni lejos, de ser como los ruidosos Kobayashi Yoritomo y Ryunosuke, que a pesar que tenían casi diez años de diferencia, parecían ambos chiquillos de cinco años revolcándose a empujones y mordidas para ver quien iba a saludar primero a Hayato. Y aunque Makoto y Takumi eran bien diferentes había otra cosa que tenían en común, no se dejaban de sorprender lo idiota que podían ser los Kobayashi pues ya cuando superaban los treinta parecían seguir siendo los mismos niños idiotas que discutían por algo tan estúpido como comer las últimas judías rojas. Y aún en ese momento en medio de lo que debía ser una junta seria sobre la delegación de tierras de un clan al clan Hebi: Líder y Segundo ya habían desenfundado katanas.

    —¡Eres un estúpido! ¡Era mía!

    —¡Maldito bastardo! ¡Era mía! ¡Haha me la dio a mí!

    Los generales y los líderes derrotados del otro clan estaban absortos. Shimada Sato suspiró cansadamente.

    —Takumi, Mako-dono... ¿podrían?

    Los hermanos Sakurai se miraron entre sí y entraron en acción, dos palabras de cada uno y terminaron la junta en paz. No cabía duda que el gen Sakurai primaba sobre el Kobayashi, quedó demostrado con los hermanos Sakurai.

    I | Igor

    Popolov Igor era un hombre de 2.01 metros. Kobayashi Tomoe era un hombre de 1.70. Su hijo, Kobayashi Yoritomo medía 1.75. Los dos Kobayashi quedaron eclipsados por Igor y su deslumbrante estatura, así como la manera torpe de moverse.

    —¿Y si le ponemos un kimono?
    —¿Crees que le quede?
    —Podemos intentarlo...
    —Tráelo, hijo mío.

    Padre e hijo tenían cierto gusto por vestir a la gente con kimonos, pero con Igor, el gusto era un loco fetiche.

    Igor murió de tifoidea. Lo enterraron junto a los otros samurais aunque en realidad solo era un expatriado ruso.

    Kou y Hayato siempre se preguntaron si los dos Kobayashi veían a Igor como una mascota o se habrían enterado que también era un ser humano.

    J | Juramento

    Fue la primera vez que las crías del halcón habían visto a Hayato desplomarse por la debilidad que de vez en cuando atacaba sus pulmones, en aquel cruel invierno el frío sobrecogedor y un viaje en medio de una torrencial lluvia habían obligado a Hayato a escupir sangre, y desvanecerse en convulsiones en los brazos de su amante. Por un instante creyó que iba a morir, y la vida se le estaba yendo a Tomoe junto con la de Hayato. Sentía que moría con él, pero debía estar en su centro, sobre todo porque los ojos incrédulos de cuatro niños presenciaban todo.

    —Le hicieron un juramento a Hayato-dono de permanecer fuertes... así que derramen una sola lagrima o yo los voy a asesinar —fueron las frías palabras que les dedicó a los niños para evitar el desastre.

    Los cuatro siguieron petrificados pero afirmaron con toda la seriedad. Soportaron, hasta el final. Hasta que Hayato les volvió a sonreír, fue en ese momento que rompieron el juramento y lloraron de alegría.

    Tomoe era la clase de líder que te hacía cumplir tus juramentos. Así de bueno era.

    Invitado
    Invitado

    Re: En el clan Hebi

    Mensaje  Invitado el Sáb Feb 11, 2017 7:57 pm

    Como este personaje ya no tiene propósito, tampoco veo el por qué lo que una vez escribí con él deba seguir aquí. Lo mismo aplica para Mikoto. Pido que se borre la cuenta, y se ELIMINE la ficha de cada uno, no solo enviarla a la papelera. Pido pruebas y pronta respuesta, de lo contrario me comunicaré con foroactivo y diré que están haciendo uso no autorizado de mi propiedad intelectual.

    Contenido patrocinado

    Re: En el clan Hebi

    Mensaje  Contenido patrocinado


      Fecha y hora actual: Lun Mayo 29, 2017 4:02 am