Japón Monogatari

Descubran la historia de la guerra entre Clanes legendarios, guerreros unicos en medio de una tierra de criaturas mitologicas


    El aroma de la Camelia [Priv. Ryu-chan]

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    Kamil Sakuragi

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    El aroma de la Camelia [Priv. Ryu-chan]

    Mensaje  Kamil Sakuragi el Dom Abr 24, 2016 12:33 am

    “Lo peor de vivir un romance de cualquier tipo es que le hace a uno perder todo sentido del romanticismo.” - El retrato de Dorian Gray

    “Clap, Clap, Clap” Escuchaba el sonido del metrónomo sobre el piano de cola lejos, tan lejos de sus habitaciones como el mismo Haya-chan intentaba mantenerla alejada de sí, encogida en un rincón de su habitación observaba su Hakama reposar de cualquier modo sobre la silla de su peinador, sabía que sensei la esperaba, - después de todo ella se lo había pedido encarecidamente- quería retomar sus lecciones donde las había abandonado justo ahí y sin embargo era resistente a eso. ¿Por qué? Se preguntaba y lo hacía con seriedad sin embargo era incapaz de encontrar una respuesta que le dejase completamente satisfecha. Así que simplemente permanecía escuchando el sonido nacido de la destreza de su gemelo que iba en aumento poco a poco, era sin duda más talentoso que Tousama cuando de música se trataba, razón por la cual resultaba un alivio para Kamil volver a escucharle interpretar después de tan profundas negativas a retomar su educación artística, Jamal no lo sabía, pero Kamil era plenamente consciente de ese hecho y había lamentado profundamente cuando los conciertos de Hayato habían cesado sin explicación.

    Actualmente todo había parecido volver a la normalidad, al menos en ese aspecto pues su hermano aún no había parecido perdonar a nadie por la situación actual, Kamil se encogía solo de recordar la frialdad en los ojos de su gemelo aquella misma mañana cuando había ido a buscarle con la intensión de hablar o incluso disfrutar de un juego de shogi, “Deberías pedírselo a tu prometido, Nee-chan” había comentado con frialdad mientras pasaba a su lado en dirección al cuarto de música, aquella actitud la había descolocado del todo y se preguntó si no habrían llegado rumores extraños hasta los oídos de su gemelo, algo como la noticia de que ella y Ryunosuke se habían escabullido entre los árboles frutales después de la escena que el Hebi había armado durante la práctica, se convenció de eso mientras permanecía laxa sobre el tatami, viendo como la luz del día se colaba entre los dedos extendidos de su mano derecha, como sí cada uno de los rayos le recordaran las palabras que él había dicho, haciendo especial énfasis en aquella risueña afirmación.

    “Estas reafirmando que yo te gusto”, eso es lo que había dicho y aunque sabía que bromeaba, algo dentro de ella no podía dejar de preguntarse que era correcto respecto a aquella afirmación. ¿Le gustaba?, ¿Era por eso que no deseaba dejarle solo?, en sus reflexiones no había llegado más allá de aquellas preguntas insidiosas que no la llevaban hacía ningún lado. Si lo pensaba detenidamente el Kobayashi seguía siendo solo un niño sin nada de especial, no era un héroe romántico ni nada de eso e incluso en algunos aspectos era tan vulnerable y solitario como la misma princesa Yakuza, e incluso podría decir que un poco más de lo que ella era, su seriedad le recordaba a Hayato, o al menos al Hayato que había conocido al crecer, quien siempre la consolaba cuando se sentía llorosa y que se abrazaba a ella con tanta fuerza aquellas primeras noches fuera de casa en la lejana Europa, o al menos así era antes… antes, que nostálgica palabra.

    No obstante, aunque parecidos, sus sentimientos por ambos jóvenes no eran idénticos, mientras que su hermano era una parte de sí misma, se sentía como si la ausencia de Ryunosuke fuese algo que no la mataría, y sin embargo cuando estaba junto a él, cuando lo veía esforzarse de maneras que ni siquiera un adulto lo haría, la perspectiva de verlo partir algún día y desaparecer para siempre se le antojaba inadmisible como si fuera una especie de broma, ¿Él no iba a abandonarla verdad?, parecía demasiado serio y honorable para hacerlo, como un caballero… bueno no exactamente como un caballero, su prometido era a todas luces un orgulloso samurái que algún día sembraría el terror en el espíritu de sus enemigos y los haría temblar con el balanceo de su espada, de eso no le quedaban dudas. Era la perspectiva de cuál sería su lugar cuando eso pasara lo que le mantenía en vilo. Aunque había intentado olvidar su episodio humillante en el dojo, aun podía recordarlo, se había visto vulnerable ante sus propios sentimientos, sentimientos diferentes de cualquier cosa que hubiese leído, contradicciones tan extrañas que ni todas las novelas de Jane Austin habían sido capaces de prepararla.

    Fue entonces que reunió el coraje suficiente mientras la dulce melodía del violín ascendía in crescendo, habían pasado ya dos largos días desde que ambos se habían acercado y estaba cansada de huir de sus confusos sentimientos, ¿No lo había dicho detestaba a la gente pasiva?, dejo la yukata azulada perfectamente doblada sobre su peinador y la reemplazo por el hakama de color rojo oscuro y recogio su cabello en una coleta sencilla a diferencia del intrincado trenzado que solía utilizar. Junto a la puerta de madera se encontraba su katana, regalo de su madre por su décimo cumpleaños Toge-zashi, era una buena espada sin duda, pero una que no había conocido jamás de combates reales, recargada junto a su florete que en comparación parecía un juguete por la aparente fragilidad contenida en su forma, regularmente se sentía más identificada con aquella arma que con la Katana de apariencia indudablemente letal. Al tocarla pudo recordar una vez más a la persona que se la había obsequiado pensando que la palabra letal era un adjetivo apropiado.

    Con cuidado tomo el arma a pesar de su falta de costumbre y se dirigiría al dojo en lugar de al patio de entrenamiento donde solían practicar el resto de estudiantes, el sensei había sido más que especifico en este aspecto, aunque los reflejos de Kamil no fueran malos su nivel comparado con el resto de los discípulos no tenía punto de comparación, la joven Yakuza recurría al kendo únicamente cuando su corazón estaba intranquilo y eso no era común, además después del incidente con el joven de los Hebi, no se arriesgaría a poner a alguien tan preciado como la princesa en peligro innecesario. Por su parte no podía juzgarlo y desde la última vez que se había escapado, todos y cada uno de los miembros del clan habían decidido tomarse en serio su seguridad, las precauciones se habían extremado a tal punto, que no pudo evitar un suspiro entre exasperado y divertido al ver a Carlo esperándola detrás de la puerta de su habitación, bien podría haber salido por la ventana, pero le resultada divertida aquella escena.

    -Carlo-san, no estuviste durmiendo otra vez en el pasillo, ¿Verdad?, eso es un hábito muy malo para la salud- el hombre se encogió de hombros por su comentario e intento ocultar la sonrisa que la joven le producía invariablemente debido a aquella espontaneidad -Bueno, podría haberlo hecho, pero Hime-sama lo habría tomado como excusa para seguir durmiendo hasta su cumpleaños – la menor de los Sakuragi bufó fingiendo molestia, pero mientras caminaban por los pasillos era evidente que sonreía, al hombre que la escoltaba le gustaba ver que poco a poco había recuperado su buen humor, y se cuidó de guardar silencio mientras la escoltaba todo el camino hacía el dojo, sin embargo cuando ambos estuvieron de pie frente a la puerta corrediza el silencio fue roto por el guarda espaldas finalmente -Tsukune-sensei aviso que estará encargado del entrenamiento avanzado pero le pidió a uno de sus mejores estudiantes que se encargue de su lección de hoy-

    La de ojos color chocolate no pudo más que alzar una ceja levemente alarmada mientras en su mente se formaba la idea de quien podría ser aquel “mejor estudiante” del que Carlo hablaba, ¿No se habría atrevido o sí?, pensó con suspicacia después de todo, no podría tener tan poco sentido común como para pedirle a Mitsukune-kun , incluso aunque mostraba predilección por él, que se encargara de ella después del problema que este había provocado con su prometido, ¡Era una absoluta y descabellada estupidez!, el guarda espaldas le sonrío con suficiencia pero no dijo nada más mientras abría la puerta corrediza del dojo y se hacía a un lado para permitirle a Kamil el paso. Kamil mostró cierta reticencia, sin embargo, la persona que la esperaba de pie sobre la reluciente madera, provoco que sus ojos se abrieran con una sorpresa total, aunque había estado evitándolo de manera inconsciente los últimos días, su corazón latió con fuerza al clavar los ojos en aquella espalda -Ryu-chan- susurro, no cabía en si de la sorpresa, ni siquiera escucho del todo la puerta que se cerraba a sus espaldas.
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    Kobayashi Ryunosuke

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    Re: El aroma de la Camelia [Priv. Ryu-chan]

    Mensaje  Kobayashi Ryunosuke el Lun Abr 25, 2016 6:51 pm

    Había algo mágico en ver los árboles y los brotes que expulsaban de sus ramas, era como ver la vida humana desde una extraña pero bella metáfora: Naces, creces, floreces y mueres, te conviertes en abono para el árbol. Más o menos así es como era la metáfora que los maestros del clan explicaban a los más jóvenes la vida del samurái que daba su vida al clan, en todo caso, el clan era el tronco del árbol y el abono eran los guerreros y su voluntad que caían en batalla. Todas las muertes eran importantes, pero algunas eran más emblemáticas que otras, por ejemplo, la de su abuelo, el exlíder del clan, su muerte había sido espantosa pero muchos lo habían tildado de brillante y digna de un samurái con la experiencia que Kobayashi Tsubaki. Muchos habían dicho, recordaba él, que cuando Kobayashi Tsubaki murió se volvió en aquella fuerte rama pues todos sus discípulos florecieron fuertes y bravos para vengar su muerte; en cambio la penosa muerte de su padre era catalogada como una débil rama que se pudre y que debía ser cortada para que no contaminara al resto del tronco. En otras palabras, los árboles eran parte indispensable de la personalidad de los Hebi.

    Y era por ese mismo detalle, quería pensar él, que personas como Tomoe y Hayato-dono, incluso su madre, podían pasar horas observando la efímera belleza de los árboles en flor, él mismo había adquirido el mal habito de poder dejar que el tiempo transcurriera a voluntad mientras que sus ojos se llenaban de los colores que danzaban al movimiento de las juguetonas corrientes de aire. A veces quería pensar que esas mismas corrientes de aire venían desde Tokio a traerle información de su cuna. De sus amadas serpientes.

    Había un árbol en particular en los extensos jardines de la mansión Yakuza que le gustaba admirar. Muy a la mano estaba justo frente a la entrada por el jardín del dojo donde solía perder el tiempo entrenando, meditando o leyendo, limpiando sus katanas. Desde el incidente con Mitsukuni había optado por una reclusión total privado de la compañía de otros alacranes, había sido un idiota en hablar tan abiertamente sobre sus pensamientos y sobre todo, al dejar que sus deseos más profundos lo traicionaran. Claro que Kamil se le hacía una persona bastante peculiar, sin embargo, había ciertos limites que se debía colocar. La unión no era por amor, era por beneficio de ambos clanes y el que se enamoraba primero del otro es el que perdería sin más. Lo había visto con sus padres, con el líder y el wakka y con el propio líder de aquel temible clan, el amor era una poderosa trampa que podía destruir al guerrero más letal. Había destruido a Kyo, había destruido a Ayami, había destruido a Jamal. Él quería proteger a Kamil, por eso debía ser un hombre fuerte que no se sublevara a sus sentimientos.

    Sin embargo, lejos de esos extraños sentimientos y deseos había algo más perturbando su calma. Algo que no podía explicar. Una fuerte y horrible opresión en el pecho, además de que sus manos picaban como si estuviera a punto de tirarse a la batalla, justo del mismo modo en que se había lanzado sin pensar contra aquel Yakuza que había mostrado cierto gusto por Kamil. Gruñó, ahora estaba celoso. Se golpeó de forma fuerte la frente negándose a esa idea y bufó. Volvió a mirar el árbol. Sus ojos se volvieron lejanos, sus pensamientos estaban fuera de sí, muy por encima de pensamientos mundanos... había notado desde el día anterior como el viento soplaba distinto.

    Incorporó su cuerpo, y recogió sus katanas. Ese día iba a recibir la visita de Kamil, para variar, y debía estar totalmente blindado a la mirada chocolate, a sus gestos suaves y sus sonrisas suspicaces, debía estar protegido contra la personalidad de la chica o iba a terminar por soltar la lengua como el día anterior.

    A la mala había descubierto que no todos los venenos estaban diseñados para matar. Y lo confirmó al escuchar su nombre de la boca de la menor. Se giró y la miró, hizo una suave reverencia.

    —Kamil-hime —saludó llevaba su cabello recogido en una cola atrás de su nuca, el lazo blanco con cuentas colgando en las puntas que antes perteneciera a la chica adornaba el amarre del cabello oscuro. Sus ojos azules barrieron a la chica de pies a cabeza no de forma despectiva sólo para revisar que llevara la vestimenta adecuada—. El sensei me ha enviado para darte la clase de kendo, espero no te moleste —se acercó mientras tomaba antes un par de shinais. No se atrevería a desenvainar su katana hacia la chica. Le ofreció la espada de madera a la menor.

    —Vamos a comenzar con 50 repeticiones para que tus brazos calienten y después veremos qué tan bien la llevas con un combate... —expresó. Estaba más serio de lo normal. Sí. No era intencional, o sí, o... ya no lo sabía. Aspiró por la boca y se preparó colocándose en posición empezando a contar del 50 hacia el 1, y empezando a hacer las repticiones agitando las shinais de arriba abajo. Su postura era recta, firme, sus manos sostenían fuerte el mango. Un golpe dado con esa fuerza en la cabeza de alguien si prometía hacer daño.

    Cuando hubieron llegado a 50, el chico esperó a que ella estuviera lista para colocarse frente a la menor.

    —No atacaré... defenderé, así que no te contengas... —solicitó con voz firme pero amable. La miró a los ojos por primera vez en todo el rato que llevaban, bajó la mirada y la volvió a subir—. ¡Ataca! —ordenó en un fuerte grito para despabilarla.
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    Kamil Sakuragi

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    Re: El aroma de la Camelia [Priv. Ryu-chan]

    Mensaje  Kamil Sakuragi el Sáb Mayo 07, 2016 9:08 am

    La reverencia del joven fue fría, formal, contenida, tan diferente a como se había mostrado que por un momento logro descolocarla, se dio cuenta de que quizá había esperado demasiado de aquel breve momento de intimidad que ambos habían compartido, como si de la noche a la mañana hubiesen acortado las distancias, sin embargo, el Hebi se había encargado de volver a levantar los muros entre ambos, escondido detrás de su amabilidad y educación. Kamil desvió la mirada mientras este hablaba, dejando a un lado su katana, fingiendo que su frialdad no había herido esa parte secreta de su corazón que otrora había tocado con su sinceridad.

    Él le ofreció la shinai y mientras la tomaba entre sus manos no pudo evitar que una ligera mueca irónica se formara sobre sus labios, pero no hizo comentario alguno al respecto, aunque hubiese deseado preguntarle si le daba miedo que le hiriese, pues no lo veía siendo capaz de dañarla – aunque sabía que era perfectamente posible que sucediese lo opuesto- La madera resultaba extraña y áspera en contraste con sus manos normalmente suaves, aun así, la sintió firme y bajo control, aunque al principio se limitó a agitarla con cierta torpeza, pero poco a poco pudo sentir como sus músculos se ajustaban al movimiento.

    El choque de la madera desprendía de algún modo su propia música, de igual manera en que mi gemelo había hecho cantar a su violín la melodía de la practica inundaba nuestro entorno, acompañada del sonido de aquellas dos cuentas únicas al golpearse entre sí, era un sonido familiar. Entonces la voz del joven pronuncio el número uno, su semblante seguía tranquilo, era evidente que estaba acostumbrado a la fuerza del choque de las espadas, de pie frente a ella, esperando que se recompusiera le dio la sensación de que había crecido un par de centímetros en esos días, la repentina conciencia de ese hecho la hizo distraerse al menos hasta que le ordeno que lo atacara.

    Entonces todo su cuerpo pareció despertar mientras se inclinaba hacia adelante tomando la espada de madera con ambas manos, los dedos de sus pies tocaban apenas el suelo del dojo mientras se daba impulso, en sus ojos brillaba la decisión, ahí mismo en el lugar en que él la había humillado iba a recuperar su honor. Aunque no estaba del todo acostumbrada al estilo tradicional del kendo demostraba cierta rapidez y agilidad adquirida en sus clases de esgrima, alzando las manos y girando el tronco hacia la izquierda lanzo un golpe hacia la parte derecha del cuerpo de Ryunosuke, sin embargo, él tenía un conocimiento pleno de su espacio y no requería de muchos movimientos para bloquear sus avances.

    Giro sobre su pie izquierdo tomando impulso, si era honesta consigo misma debía admitir que se estaba divirtiendo, buscando una apertura en la defensa implacable del joven, balanceando la espada de madera en un corte trasversal hacia arriba aprovechando la longitud de su arma aparentemente inofensiva, sus labios mostraban una sonrisa divertida y llena de vida, como si sus preocupaciones se hubiesen esfumado, pero no había burla alguna en sus movimientos, cada uno de ellos iba completamente enserio. Su viejo maestro de esgrima solía decir que no había entendimiento mayor que el existente entre dos adversarios que ponían todo de sí para derrotar al otro.

    Finalmente logro pasar su defensa por solo unos segundos, rozar el bello rostro del hebi con el viento mismo que la shinai empujaba hacia el, si hubiese sido su katana la que empuñaba el rojo cubriría ahora la mejilla del mayor, la sonrisa de la joven se volvió petulante, entre los suaves cabellos que se habían soltado del recogido y levemente humedecidos le enmarcaban el rostro -Si piensas seguir conteniendo te en verdad voy a lastimarte- había dejado de ser un juego para la yakuza y estaba decidida a romper la mascara de Ryunosuke para siempre, de manera que no pudiese volver a esconderse de ella nunca mas
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    Kobayashi Ryunosuke

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    Re: El aroma de la Camelia [Priv. Ryu-chan]

    Mensaje  Kobayashi Ryunosuke el Sáb Mayo 07, 2016 3:53 pm

    El chico se esperaba un ataque feroz, después de todo, Kamil no era una indefensa señorita que en caso de ser secuestrada se quedará de brazos cruzados y llorando en espera de que la rescatasen. Ryunosuke estaba seguro que la chica iba a darles una paliza a los secuestradores antes de que pudieran tocarla siquiera. Porque así era la chica. Porque así era la chica. Retrocedió sólo cuando tuvo que hacerlo, encontró varios puntos muertos en la defensa de la chica, pero reconocía totalmente que era bastante buena, muy hábil. Se notaba que era la hija de la temida Perra Blanca, en sus venas debía estar corriendo con franca fuerza el poder de esa legendaria samurái.

    Un solo parpadeo, y él hubiera estado ya muerto gracias a que su cabeza no estaba totalmente en ese encuentro. Sus ojos estaban fijos en la menor que tenía frente a él. Bajó la shinai con cuidado. Acarició su mejilla, el reflejo de revisar si sangraba. Al notar que sólo escurría sudor. Semisonrió, no era una sonrisa divertida o petulante, era una que encuadraba la advertencia. El mayor caminó hacia donde el resto de las shinais estaban esperando, había además O-tantos de madera y bo cortos. Cogió un bo y dejó las katanas que llevaba en la cadera, ahí colocó el instrumento. Regresó hasta donde la menor. La miró a los ojos.

    ―Tu madre, Yura Ayame, fue reconocida por todo Japón como una de las tres grandes Ona bugiesha* entre los seis clanes más importantes, poseía una espectacular técnica de combate a pesar que era una simple mujer de baja estatura y figura esbelta, Tomoe-sama y el Segundo-dono fueron alumnos de ella… ninguno de los dos jamás pudo completar la técnica de la “Flor del lobo”, sin embargo… lo poco que ellas les enseñó ―afiló la mirada―. Me lo enseñaron a mí… eres su hija… la habilidad para combatir debe ser innata para ti… ―golpeó el shinai de la chica de forma fuerte―. Después de todo ―la señaló con el arma de madera directo al rostro―. Tú me dijiste que odiabas las cosas pasivas… pues yo… detesto a las mujeres débiles, Kamil-hime…

    Ella había pedido que no se contuviera, así que no lo haría. Al menos, dejaría que la menor conociera un poco sobre la técnica asesina de su progenitora. Que si bien, él no conocía la técnica completa podía ejecutarla sin problema alguno.
    Desenfundó el bo y no dio tiempo a que la chica se preparará, maninobró el arma más corta con un poco de esfuerzo pues era más liviano que la propia katana. Mientras que hacía los mismos movimientos con la shinai en la mano contraria. Atacó primero por un costado, siendo detenido por la shinai de la contraría, sin embargo el bo iba directo al abdomen de la chica. Retroceder un par de pasos fue la salida más fácil. Nuevamente Ryunosuke estaba a la carga moviéndose, tajando, haciendo golpear con fuerza relativamente moderada contra el arma de la contraría. En un punto se giro sobre un costado, afiló la mirada y golpeó primero el hombro de la menor con el bo, después la cintura con la shinai y se giró sólo para darse impulso dirigiendo ambas armas directo al cuello desnudo de su adversaria, los detuvo en seco evitando el doloroso y quizás letal impacto cuando la madera besó el cuello de la chica.

    Ryunosuke, serio, apartó las armas cerca de la chica, en ese momento su pulso empezó a temblar y incorporó lentamente, enderezando su espalda. Miró a Kamil a los ojos y tragó saliva. Dejó en el piso su shinai y se acercó a la menor, le entregó el bo corto en la mano, y apretó la misma. Aún la miraba a los ojos. Dejó ir a la mano sólo para abrazarla fuerte, contra él. Dejó su frente contra el hombro delgado de la niña.

    ―No digas nada… ―pidió bajito aspiró de forma profunda el aroma que desprendía la yakuza, ese olor natural de quien transpira y las fragancias que seguramente ella usaba. Era una nota deliciosa para su nariz. La apretó más contra él. Entreabrió sus ojos y tragó saliva para dejarla ir.

    ―Te enseñaré lo que sé sobre la técnica de tu madre… ―comentó volviendo al mismo semblante distante de antes, recogió la shinai dándole la espalda. Estar con Kamil tranquilizaba su cabeza que en esos momentos era un caso por los intranquilos presentimientos.

    ―Aunque debes de recordar dos cosas: La primera es que toda técnica requiere mucha disciplina, Kamil, tu madre era una mujer que no superaba el metro con sesenta centímetros así que no hay imposibles… y la otra cosa es… ―se giró para ver a la chica a los ojos y dejó su shinai recargada en su propio hombro―. Si portas un arma significa que estás dispuesta a dar la vida por algo, debes tener la convicción que si peleas. Peleas para morir por tus propios ideales… jamás por los ideales de los demás… así que… ―miró los pies d ela pequeña enfundados en los tabis blancos―. Ya sabes que siempre me tendrás ahí para protegerte, Kamil-hime.

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    Off: Te había extrañado, dear. Pensé que ya te había espantado o aburrido xD. Saludos!
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    Kamil Sakuragi

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    Re: El aroma de la Camelia [Priv. Ryu-chan]

    Mensaje  Kamil Sakuragi el Sáb Mayo 07, 2016 6:12 pm

    Le escucho hablar de su madre, y las palabras le trajeron aquella sensación acostumbrada de intranquilidad, ¿Quien era Yura Ayami para ella?, su amada madre, la extraña y letal mujer que podría transformar su rostro de una bella mascara de cariño a una mirada dura y desdeñosa de asesinos, el admirable guerrero que había dejado tras de sí un reluciente camino carmesí. La extraña a quien llamaba en sueños pidiéndole que no le abandonara, el nombre que moraba en los labios febriles de su gemelo cuando estaba enfermo y ella velaba por sus sueños rogando a quien fuese que no se lo arrebataran también. Su corazón temblaba también al oír aquel nombre, como hubiese temblado el de un enemigo en el campo de batalla, ante el recuerdo de aquella sombra a la que llamaba madre. Sin embargo esto no era sobre ella, su vida no giraría en torno a aquel fantasma color de plata, se trataba de Ryunosuke quien le dedicaba en ese momento una mirada afilada y fría, en esos ojos azules que relucían como el hielo.    

    Sus palabras le atravesaron por completo mientras golpeaba su shinai con fuerza, finalmente estaba tomandola enserio como atestiguaban los delicados bellos erizados de su nuca, y ante su comentario respecto a las mujeres débiles no pudo evitar dibujar una sonrisa entre su rostro mientras soltaba la mano izquierda de la espada de madera para contenerla solo con la derecha, como hacía con el florete, no era que ella buscase gustarle en lo absoluto, pero no era de las que huía, le enfrentaría pero no como la "hija" de Yura Ayami, ella era Kamil, suave y pacifica, sutil como el delicado aroma de las camelias, así era como realmente quería ser vista, así es como quería ser a los ojos del Hebi.

    Entonces comenzó aquella danza peligrosa, la Yakuza practicaba el baile del esgrima con elegancia, deteniendo el shinai del joven con movimientos circulares para alejarlo de su cuerpo, sin embargo el bo amenazaba con cerrarse sobre ella como las faunas de una terrible serpiente gigantesca, su instinto de supervivencia le hizo huir saltando hacia atrás para evitar la prensa, si embargo el ímpetu de su compañero no disminuía, había pasión en cada movimiento, cada vez que las espadas se acariciaban con violencia el corazón de la joven se aceleraba un poco mas, podía sentir sus horas de entrenamiento, y la responsabilidad que caía sobre sus hombros, saboreaba la crueldad inocua de los adultos en cada balanceo y finalmente un dolor en el hombro que era superado por el punzante dolor de su corazón cuando se vio atrapada.

    Su cuerpo temblaba levemente pues sabia que aquel beso de madera habría representado la muerte, una muerte producida por la técnica de la persona a quien mas había idolatrado, quien había formado todo lo que era y en todo lo que creía a quien amaba y había comenzado lentamente a detestar, una muerte guiada por las manos de quien había sostenido contra su corazón en un momento de intimidad, aquel que hacía latir su corazón únicamente con el aura cálida que exhalaba por cada poro de su piel. Sus ojos se encontraron en aquel silencio repentino, y por un momento fue como si le viera por primera vez, era como ver en los ojos de una serpiente, una sensación paralizante e indescriptible, se pregunto que vería el en sus ojos, pero el no respondió a aquella muda pregunta, simplemente le entrego el bo, y con esa entrega le legaba algo importante, algo tan antiguo y profundo, cuyo significado no comprendía del todo.

    Y la rodeo con su brazo tan cerca que era incapaz de decir si era su corazón o el de él lo que escuchaba golpear contra su pecho, el sabor salado del sudor y las tenues lagrimas le invadió los labios, y no pudo desobedecer a la indicación del joven, aunque hubiese querido hacerlo sus palabras volaron lejos de ellos, deseo fundirse con él, hundir sus delicados dedos en la espesa cabellera oscura y apretarlo con todas sus fuerzas, para consolarse a sí misma, para consolarle a él, para que pudiesen juntar los trozos de sus almas y ser seres completos de nuevo. Pero se contuvo aun cuando el aroma masculino le aceleraba el corazón, aun cuando el calor de su pecho prometía aliviar su dolor, simplemente permaneció ahí dejando que aquel llanto silencioso se fuese apagando en concordancia con el sonido apaciguador de sus corazones que eran uno solo.

    Fue perfectamente consciente del momento en que la soltó, pues su cuerpo seguía caliente ahí donde había entrado en contacto con el del mayor y sus dedos hormigueaban de manera insoportable con el deseo contenido de hundirse en aquel cabello, pero el no la miro, no vio la confusión en sus ojos castaños, ni se percato del modo en que apretaba los trozos de madera entre sus dedos, no la vio deshacerse de las lagrimas secas de sus mejillas al limpiarlas con su manga, se centro en prometerle que le ayudaría a perseguir a aquel esquivo fantasma de pálidos cabellos, con su mirada fría como el acero. Desvío la mirada al sentir que el rostro le ardía por la vergüenza como si el le hubiese abofeteado directamente, ¿No había sentido el lo mismo al abrazarla?. El joven espadachín se las ingeniaba para terminar con su paz mental con una facilidad apabullante.

    Entonces comenzó a hablar sobre las armas aún manteniendo aquella mirada de tranquilidad, tan sosegado y pacifico que parecía incapaz de sentir ninguna clase de calor, sin embargo su discurso no carecía de razón y la princesa de los yakuza lo sabia de sobra, conocía el bushido de los samurais y les admiraba sin embargo Kamil seguía su propio camino sin importar el dolor que este le trajera, ella no era como su madre, jamás abandonaría a las personas que amaba, jamás tocaría un arma con la intensión de apagar la vida de otro, pues todos tenían el mismo compromiso de volver a casa, ¿ingenua? sin duda, pero esa era la esencia de su ser.

    Dejo que una sonrisa se formara entre sus labios y adquirio un gesto retador mientras arqueaba la ceja, dejo caer el bo al suelo y saltando rapidamente hacia adelante levanto su shinai a la manera del florete para dejarla justo en el cuello de Ryunosuke, mientras con su mano izquierda tomaba aquella que el joven mantenía sobre su hombro, su danza del agua era grácil y fluido, un arte que había sido capaz de dominar gracias a su dedicación a tal grado de que formaba ya una extensión de su cuerpo, su manera de andar e incluso su personalidad -¿Morirías por mi Ryu-chan?- acerco su rostro al de él y le miro con seriedad -Si vas al campo de batalla con la intención de morir... lo mas probable es que lo hagas... - hizo un poco de presión con ambas armas improvisadas, levemente, como si se tratara de una caricia, pero entonces alejo la madera de la piel delgada y flexible de su cuello y bajo el arma y desvió la mirada -Vive, Ryu-chan... por que yo planeo vivir - le sonrío con suavidad, sabía que no era necesario que se lo dijera con todas sus letras "vive por mi Ryu, y yo viviré para estar a tu lado".
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    off: ohh caro mio, disculpa, user ha estado como loca con los trabajos de la maestría. pero creeme que no me aburres ni me espantas <3
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    Kobayashi Ryunosuke

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    Re: El aroma de la Camelia [Priv. Ryu-chan]

    Mensaje  Kobayashi Ryunosuke el Sáb Mayo 07, 2016 6:51 pm

    No se esperó que pronto la situación se volviera inversa, que su cuello fuese atacado por un arma “asesina” de madera. Los ojos marca Kobayashi se detuvieron en los de la yakuza que parecían no titubear en amenazar a un hombre. Sin contar que las palabras que recitaron aquellos labios le parecieron interesante. Una suave sonrisa se develó en los labios. Su gesto no tuvo duda y su cuerpo, a diferencia de otras tantas veces que cualquiera de sus compañeros, amigos o gente que buscaba provocarlo, no reaccionó a la amenaza.

    —¿Es una orden o una pregunta, hime? —susurró mirándola a los ojos. “¿Eres idiota?, claro que moriría por ti”, quiso decir pero la sonrisa sólo se torció burlona ante la propia ignorancia que la joven mostraba pues él lo había dicho antes frente al jefe yakuza, y recién lo había reiterado. Morir en nombre de aquello que consideraba importante. Sin embargo, no notaba como a poco la princesa dejaba de ser “aquello importante” del plano político para volverse en “aquello importante” en un plano más… ¿personal? Aún era demasiado presuroso alentar sentimientos.

    Bufó y alejó con la mano el arma aún cuando ella la retiraba de su cuello. Desvió la mirada fingiendo autentica ofensa.

    —Las serpientes no somos tan débiles como otros ponzoñosos que después de soltar el veneno quedan indefensos… quizás su veneno sea más letal pero nosotros tenemos otras capacidades que te sorprenderían mucho —señaló y después sonrió—. Vamos… debemos seguir entrenando o el sensei me reprenderá por no haber dado una buena cátedra a la princesa.

    Volvieron al combate menos riguroso, él le señaló cuales puntos tenía “ciegos” y que debía de cuidar. Hicieron 50 repeticiones más con las shinai y posterior un par de ejercicios de ofensiva en sombra, no era combate como tal pero era bastante útil, sobre todo para que la menor se acostumbrara a pelear contra un oponente que usara el kendo tradicional.

    —No importa que uses el florete… mientras conozcas la técnica de tu adversario llevas la ventaja —explicó y la sesión siguió. Tenía bastante practica en dar una lección pues él le ayudaba a Shimada-sensei a enseñar a los más jóvenes en el clan. Estar con Kamil le había tranquilizado, como sospechaba, sus pensamientos y su corazón. Era como si por un momento en ese abrazo se quedara la incertidumbre que había empezado a nacer traída por el viento inusual que arrullaba los árboles.

    Después le prestó sus katanas para que sintiera la diferencia de peso con el florete que en realidad era mucho muy liviano. Ryunosuke le contó que él ejecutaba una técnica donde se utilizaban las dos katanas y por eso debía de hacer muchos ejercicios de brazos pues manipular dos armas al mismo tiempo era muy complicado.

    Llegaron dos mucamas que llevaban bocadillos, fue cuando Kobayashi pensó que era tiempo de tomar un descanso, la princesa había trabajado incluso más duro que los chicos con el sensei del clan al que visitaba. Ambos se sentaron en el corredor que daba hacia el patio interno. Era un postre europeo: Carlotas con frutos rojos y un poco de té de jazmín. Ryunosuke bufó, le desagradaba lo dulce pero debía admitir que tenía hambre así que empezó a comer su porción poco a poco haciendo muecas ante el sabor de la combinación, suponía que era el favorito de Kamil.

    —Sato-kun hubiera devorado éste plato completo y el tuyo también —comentó sonriendo. Miró a la menor a su lado. Él observó el árbol que había sido objeto de su atención en los últimos días—. Él es el hijo primero de una familia noble dentro del clan, él junto con Takumi y yo formamos la escolta del Segundo, aunque supongo que dejaré de hacerlo pues estoy asumiendo ya mis deberes como hijo de la familia del líder —expresó—. Si un día llegas a visitar Tokio te los presentaré, son mis mejores amigos… Sato-kun si le hubiera ganado en la pelea a Mitsukuni, es muy fuerte… a su padre le apodan “La bestia del clan Hebi”, y tiene un carácter horrible… creo que se parece a ti —bromeó y sonrió—. Takumi es más reservado… es… —no sabía cómo explicarlo—…tiene un amor no correspondido —pensó con cierta nostalgia—. Pero es muy fuerte, tiene una técnica impresionante con el arco, puede lanzar tres flechas a la vez en un caballo en movimiento… y luego está Yoritomo, es mi primo —sonrió con cierta inocencia—. Él es muy apegado a mí, lloró bastante cuando me fui del clan —comió un poco más de su postre—. A él también le gustan las cosas dulces y es pésimo en sus clases de kendo, kyudo y meditación… es bueno en caligrafía…

    Dejó la mitad del pastel y se dedicó sólo a tomar el té, ocupando sus dos manos para beber de la taza tradicional. La postura impecable con la espalda recta y los hombros hacia atrás pero relajados. Sus manos eran las que subían llevando la taza hasta su boca, no era su cabeza buscando la taza como cualquier persona ordinaría.

    —Kamil-hime, ¿tienes un hermano, no? —la miró de reojo—. Lo vi sólo una vez… y me veía como si me odiara… lo comprendo pero… es un poco extraño que siendo el hijo del líder no practique con los demás estudiantes o… haga alguna actividad física… hasta tú pareces más interesada en saberte mover con un arma que él… —miró al frente otra vez—… ¿Él está bien? O… ¿es un tema delicado del que prefieres no hablar?

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    Off: D: Maestría -huye (no ha acabado ni la tesis) :,D- no te preocupes, menos mal que tienes chance de distraerte♥
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    Kamil Sakuragi

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    Re: El aroma de la Camelia [Priv. Ryu-chan]

    Mensaje  Kamil Sakuragi el Dom Mayo 08, 2016 3:43 am

    La de ojos chocolate dejo escapar un suspiro, aquel jovencito era imposible, demasiado tradicional y frío, sin embargo aquel comentario sobre el veneno le había hecho reír -Y sin embargo el veneno de escorpión paraliza incluso a las serpientes mi estimado Ryu-chan- correspondió a la sonrisa de su improvisado maestro, parecía como si la tensión entre ambos se hubiese roto, de algún modo habían dado un paso juntos para construir aquella relación de amistad que de a poco se iba dando forma, entre peleas y malentendidos, risas y bromas secretas.

    El único signo del paso del tiempo era el del movimiento del sol reflejado por la abertura de la puerta auxiliar del dojo que daba hacía los árboles del jardín, acompañando a ambos jovenes mientras el le explicaba los puntos débiles de su defensa, la mayor parte de ellos producto de su ya conocido temperamento, puesto que aunque su velocidad era destacable, carecía de la resistencia mental y el control necesarios para el kendo tradicional, su espíritu era salvaje y por consiguiente había buscado un camino distinto de lo que se le había enseñado en principio para sí, adoraba la flexibilidad de su arte.

    Cuando la sesión de entrenamiento finalmente termino sus músculos se sentían temblorosos, era en definitiva diferente a la esgrima, incluso aunque ella misma había sentido con anterioridad el peso de una katana real aun le costaba alcanzar la misma confianza al utilizarlas o manejarlas con la misma habilidad con la que manejaba su arma predilecta, no obstante admiraba la nobleza del arma, y del mismo modo admiraba a Ryunosuke, quien era capaz de enseñar tan bien los fundamentos de su propio arte. Sin embargo desde el mismo momento en que lo había conocido se había percatado de que sería de aquel modo, aunque como es claro jamás admitiría en voz alta que lo admiraba por ser tan centrado y serio, completamente opuesto a la impulsiva princesa yakuza.

    Fueron Hinata y Saki quienes interrumpieron la practica para llevarles bocadillos, solo en ese momento el estomago de Kamil adquirió conciencia del tiempo que había pasado, y se habría sonrojado por el sonido de su estomago, de no haber sido por la falta de sus amigas al servicio del té, suspiro con suavidad al recordar que Hanako había sido castigada por su padre al enterarse de su relación y Susume tenia que encargarse de su parte en las cocinas hasta que esta volviera, la joven no podía evitar sentirse culpable de la situación. Que sin embargo era inevitable, pues tarde o temprano la habrían descubierto. No obstante cualquier pensamiento triste se alejo de su mente al posar su mirada en el delicioso postre que le esperaba en el pasillo, tuvo que contenerse para no demostrar su sonrisa mas infantil mientras llevaba un delicado y esponjoso trozo a sus labios.

    Sentada en el pasillo con ambas piernas recogidas debajo de ella, su espalda permanecía completamente recta y no había en ella seña de cansancio, pues había sido enseñada a sentarse perfectamente inmóvil durante las fiestas del té, como se esperaba de una joven de su posición, tomaba la taza de té con delicadeza y la llevaba hasta sus labios sin hacer movimientos innecesarios y masticaba despacio aunque en su fuero interno habría deseado devorar la deliciosa pieza de un mordisco, entonces Ryunosuke comenzo a hablar y en su conversación casual pudo apreciar cierto tono de nostalgia que le resulto incluso contagiosa -Suenan como un grupo de personas divertidas, apuesto a que les extrañas- le alegraba ver al joven tan abierto e inusualmente comunicador, era casi como si quisiera unirla a su grupo de personas preciadas, al nivel de sus compañeros de juegos que ahora eran sus camaradas, los próximos lideres de un poderoso y orgulloso clan, podía imaginarlos perfectamente.

    Pero aquella alegría en el rostro del joven hizo que su corazón se encogiera levemente al pensar en su propio compañero de aventuras, su dulce Haya-chan quien a esta altura del día se encontraba sin duda estudiando incansablemente como para compensar con su intelecto los problemas de su cuerpo frágil, de algún modo no fue una sorpresa escuchar la referencia en los labios de su interlocutor, pues aunque la propiedad de los yakuza era grande, tarde o temprano ambos deberían encontrarse. Llevo la taza a sus labios con un gesto elegante una vez mas retrasando su respuesta, hablar de su gemelo aun resultaba doloroso, especialmente por el modo en que le había hablado esa misma mañana, desearía encontrar el modo de regresar las cosas a la normalidad. -Tengo 3... hermanos- dijo finalmente intentando hacer que la leve tensión en sus hombros se desvaneciera -Pero asumo que no te refieres a Vito nii por la forma en que hablas- sonrió con suavidad y sin que pudiera evitarlo aquella pincelada de tristeza le recorrió las facciones solo una vez, como una sombra macabra pero fugaz.

    El recuerdo de su hermano le ilumino levemente la mirada y sus palabras arrojaron un matiz cariñoso -Le gustaba mucho el dojo y la katana de madre, cuando eramos pequeños solía arrastrarla por todo el jardín Haya-chan...- negó levemente con la cabeza, no se sentía del todo capaz de seguir llamandole de aquella forma, no cuando cada día le parecía mas un extraño y menos el sensible y confiable niño que recordaba -Es decir... Hayato, no tiene una buena salud, todos por aquí lo saben mas o menos... por eso supongo que el sensei no se ha molestado en decirlo en tu presencia- se encogió de hombros con suavidad fingiendo que no le rompía el corazón hablar de él, que no desearía que el los acompañase en aquel momento -si te ha mirado de alguna manera extraña es descortés por su parte... me disculpo por la actitud de mi gemelo- no obstante no pudo evitar que su voz se llenara de hielo al ofrecer aquella disculpa protocolaría, ¡Ella es la que debería estar molesta!.

    Desvío la mirada entonces y se concentro en el movimiento de los arboles dejando escapar un suave suspiro -Aunque si sirve de consuelo, el también me mira a mi de ese modo- sonrío débilmente -pero no es una mala persona, es muy listo y sus profesores de música están fascinados con su talento- dejo escapar un suspiro de añoranza, recordando el tiempo que habían pasado lejos de su hogar, y el dolor que ambos habían tenido que soportar sobre sus hombros, el aun era la persona mas cercana a su corazón, aunque se empeñara en hacer oídos sordos a sus palabras - El también las odia... las cosas dulces - se había percatado de que el Hebi no había terminado su porción -Creo que ambos podrían llevarse bien... quizá... con el tiempo- cerro los ojos con suavidad dejando que el tenue viento le acariciara los cabellos, se sentía agotada en muchos aspectos. Su cuerpo, sus pensamientos, los sentimientos que había experimentado en los últimos días, sin embargo poco a poco su cansancio físico se iba sobreponiendo al resto, y sin saber como su respiración se volvió más y más profunda.
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    Kobayashi Ryunosuke

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    Re: El aroma de la Camelia [Priv. Ryu-chan]

    Mensaje  Kobayashi Ryunosuke el Dom Mayo 08, 2016 9:52 am

    Se sintió identificado con Kamil. Ambos carecían de algo en sí, pero ambos eran fuertes a su propia manera. Escuchó con interés –y no por compromiso- lo que ella dijo sobre su hermano, se llamaba Hayato, igual que su amado Segundo-sama, de momento sintió mucha simpatía por el chico aunque no pudo evitar sentir autentica culpa ante la confesión de la chica: Ella era tratada del mismo modo por su gemelo.

    —No debes disculparte —intervino con voz suave dando los últimos sorbos a su té—. Después de todo el que debe de disculparse, en todo caso, debo ser yo pues estoy seguro que su motivo de su comportamiento es mi presencia en el clan… y más allá que eso, la razón por la cual me encuentro aquí en Nagoya —la miró con intensidad a los ojos—. Eres una niña valiente, así que opino, si me permites opinar, que deberías hablar con él, con franqueza. Tengo sólo una hermana que casi no veo, pero tengo muchos hermanos que no son de sangre pero sí de amor —miraba el manzano— por lo cual tengo un poco de experiencia tratando con hermanos hombres… debe estar celoso y su única forma de expresar eso es… mostrándose hostil frente a ti, sin embargo debes enfrentarlo y dejarle en claro que no planeas reemplazarle conmigo ni con nadie —peinó un mechón que le quedaba suelto justo después de que dejara la taza de té de lado. Terminó por deshacer el nudo de la correa blanca, peinó hacia atrás el cabello aún húmedo por el sudor, guardó el listón blanco que Kamil le había puesto dentro de su yukata con movimientos sutiles.

    —Los hombres muchas veces entendemos sólo a la mala… aunque tú eres su gemela… él y tú comparten una conexión única, lo sé porque lo he visto con mi madre… ella y su gemelo son muy unidos, son igual de fuertes y es como si ambos pensaran en lo mismo a la vez, así que… si tú estabas asustada o nerviosa cuando te informaron sobre el compromiso… para él debe ser peor, debe sentirse que vive en otra realidad… así que ve y haz las paces con él, sino entiende por las buenas —torció la sonrisa mirándola a los ojos—. Has que entienda a la mala, una mujer violenta como tú sabrá como arreglárselas —dijo buscando provocarla sólo para reír divertido con voz suave.

    —Por cierto, buen trabajo el de hoy, Kamil-kun —ofreció el dorso de su mano hecha puño. Cogió la de Kamil y la volvió puño haciendo que ambos dorsos chocaran. Le sonrió—. Esa es la danza de la victoria de las serpientes, ahora eres una serpiente honoraria por haberte esforzado tanto, ¿Ves? Es más divertido ser serpiente que escorpión… —y por primera vez en todo el día, sonrió grande. Con autentico gusto y felicidad. Mostraba la dentadura blanca y fruncía la nariz.

    Dejó ir la mano de la menor y se incorporó de su lugar mirando hacia el manzano—. Por cierto… —la miró serio—. Soñé que huías con Mitsukuni-baka… No te voy a perdonar una traición y menos con ese tarado —dijo en tono de berrinche señalándola—. No permitiré que el descarado se salga con la suya… así que dime, Kamil-dono… si estuviéramos en peligro de muerte Mitsukuni y yo… ¿a quién elegirías? Piensa cuidadosamente tu respuesta, si no me eliges y muero mi espíritu te seguir para espantarte —dijo totalmente convencido los ojos azules no permitirían que existiera duda en sus palabras sin embargo no pudo evitar soltar una suave carcajada. Hasta él reconocía que era idiota todo lo que decía.

    —¿Vamos a cabalgar más tarde, Kamil? —preguntó con un tono más suave. Necesitaba seguir con su cabeza ocupada o terminaría por volver a sentirse intranquilo como antes de que Kamil llegara a su lado. Tenerla cerca era un alivio. Aunque detuvo sus cavilaciones—. Por cierto… antes mencionaste que tenías tres hermanos… Hayato-kun, Vito-san… ¿acaso ese chico samurái… Kotetsu, también es tu hermano? —la duda impregnó su rostro. Si mal no recordaba, el albino había incluso besado a Jamal, ósea que básicamente, Jamal y Kotetsu eran padre e hijo pero también amantes, apretó los labios. ¿Qué clase de familia era esa?
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    Kamil Sakuragi

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    Re: El aroma de la Camelia [Priv. Ryu-chan]

    Mensaje  Kamil Sakuragi el Dom Mayo 08, 2016 6:10 pm

    Los ojos de Kamil se abrieron lentamente al escuchar el consejo que le hacia el joven serpiente, no era que sus palabras no encerraran una verdad que podía ser tomada como absoluta, o que no hubiese pasado por su mente tener una conversación sincera con su hermano, pero debía admitir que le asustaba, el temor incontrolable de haber perdido para siempre aquella conexión especial que poseía con Hayato era demasiado insoportable, pues era una parte de sí misma, como bien lo había dicho Ryunosuke, era irreemplazable sin importar que los sentimientos que tenía por el de ojos azules o lo similares que ambos fueran. ¡Debía hacer hasta lo imposible para arreglar las cosas!Creo que el lo sabe, al menos en el fondo- desvío la mirada al ver que guardaba uno de sus listones favoritos entre sus ropas y distraidamente llevo la mano al suave y flexible listón oscuro que ella misma llevaba en sus cabellos.

    Una sonrisa se había instalado entre sus labios cuando le llamo mujer violenta, aquel comentario le hizo inflar las mejillas en un gesto de apariencia molesto, sin embargo aquel supuesto enojo no se revelaba en sus ojos bromistas -Tu atacas sin preguntar y yo soy la violenta- se río con suavidad y su risa armonizo con la del joven, eran como la alondra y el ruiseñor. Para la joven Yakuza fue una sorpresa escuchar que la madre de su futuro esposo poseía un gemelo del mismo modo que ella, recordaba haber leído en algún lugar que esa clase de ascendencia era propicia para la creación de un nuevo par de gemelos, la idea la hizo sonrojar y a punto estuvo de atragantarse con los últimos sorbos de su té, ¿En que demonios estaba pensando?. Sin embargo el joven no pareció notar en absoluto el desliz de la joven, pues parecía distraído con el suave movimiento de los árboles.

    Cuando recuperó el control de si misma pudo observar el puño del joven extendido en su dirección y no pudo hacer otra cosa que arquear una ceja, mitad confusa y mitad divertida mientras veía el modo en que el juntaba sus puños en una especie de saludo -Esta debe ser la danza más simple que conozco- comentó sin dejar de sonreirle, pero entonces cambio su expresión a una ofendida e hizo un ademan con las manos parecido al de una mujer mayor, llevandolas a su pecho y adquiriendo un gesto compungido. El gesto era una clara imitación de su propia institutriz, la cual solía adoptar con frecuencia pues hacia reír a Hayato -¿Son esos los modales de un invitado hacía sus anfitriones, quienes lo han acogido con tanto respeto?... es inaceptable señorito Kobayashi... está noche se queda sin postre-  cuando termino su imitación estalló en carcajadas - Supongo que no esta mal ser una serpiente aunque no se sí podría ser siempre tan seria como Ryu-chan.

    Era divertido bromear con él, con diferencia de Vitto-Nii no parecía burlarse especialmente de ella por ser una niña, al contrarío ambos se trataban como iguales para compartir la broma. En ese momento el de ojos azules se puso de pie e invadió el rango de su mirada haciendo aquel comentario sobre el joven espadachín, Kamil no podría creerse que le diera tanta importancia a una persona con la que había hablado una sola vez hacía tanto tiempo, oculto una sonrisa fingiendo que se pensaba la respuesta durante segundo eternos -oh no lo se, es algo complicado- apoyó las manos sobre el delicado suelo de madera -Después de todo no me gustan los fantasmas, pero Morita-san es taaan fuerte y gallardo- imito un gesto preocupación mientras entrecerraba los ojos, pero finalmente le saco la lengua y le sonrío - Es evidente que salvaría al Morita-san- comento con un tono irónico y sumamente burlón que se transformo en una alegre carcajada - ¿Será que Ryu-chan lo dice enserio?, no sabía que fueses tan celoso.

    Entonces la invitó a cabalgar, Kamil pensó que sería agradable y que quizá solo quizá Vito-Nii no tendría ningún problema con dejarla salir si era Ryunosuke quien la acompañaba y no se dedicaba a una excursión temeraria en solitario, asintió levemente para conceder su aprobación hacia las palabras del Hebi, pero entonces tuvo que sacar aquel tema, provocando que la apacible sonrisa de la de ojos chocolate se esfumara, la situación con Yura Kotetsu era delicada y confusa. Le odiaba con todas sus fuerzas, con un sentimiento que le asustaba sobremanera, era demasiado parecido a su madre ausente, había sacado a su padre de la miseria de la locura mas profunda, cuando ninguno de ellos había sido capaz de traerlo y le hacía feliz. Sus labios adoptaron una sonrisa amarga al pensar que sin embargo, también le amaba, por que le era imposible no amar la sombra de su madre, por que veía reflejado en aquellos ojos rojizos su propio abandono y soledad, por que la sangre era espesa.

    No obstante en lugar de contestar a su pregunta la reemplazo por otra-Si lo fuera... ¿eso te perturbaría Ryu-chan?... ¿Pensarías que somos desagradables?- ladeo el rostro y suspiro con suavidad dejando de sonreír y perdiendo su vista entre las hojas de los árboles -Pero ninguno de nosotros puede negar lo que es, después de todo él es... el vivo retrato de mi madre... pero también es el amante de mi padre - le miro a los ojos azules sin saber que encontraría en aquellas orbes azuladas -Supongo que es raro después de todo ¿no?... Tousama es... un tonto al pensar que esta situación seguirá así de modo indefinido-
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    Kobayashi Ryunosuke

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    Re: El aroma de la Camelia [Priv. Ryu-chan]

    Mensaje  Kobayashi Ryunosuke el Lun Mayo 09, 2016 10:13 am

    Ryunosuke soltó una suave carcajada en los primeros comentarios que estaban relacionados con la broma de su comportamiento inmoral sin embargo, la otra broma por parte de la niña que tenían que ver con el idiota de Morita, terminaron por borrarle el alegre gesto del rostro y desvió la mirada bufando, sus mejillas se habían enrojecido y su ceño se frunció sin más. Apretó los labios en un mojín que denotaba totalmente desagrado.

    —Morita es un tonto —masculló y después enarcó la ceja para sonreír de forma suspicaz—. Obviamente que soy celoso... —seguía mirando en cualquier otro lado menos a la niña yakuza. Suspiró—. Serás mi esposa... y no quiero que ella se fije en ningún otro hombre además... —ahora sus ojos azules se clavaron en los chocolate. Comprendía porque les llamaban "ojos chocolate", más allá del color, era por lo dulce que podían ser sin siquiera intentarlo, agregó a su cometido—...planeo hacerme más fuerte que el propio Morita-san, Kamil —advirtió y después rió bajito.

    Lo que sucedió a continuación no pudo explicarlo. Sencillamente no le daba asco o le molestaba, pero las palabras de la pequeña princesa yakuza hicieron que el Hebi torciera los labios confundido y caminara hacia el pasillo para sentarse a lado de la chica. La miró y después observó el piso de grama, había un grupo de hormigas que al parecer comenzaban a hacer camino hacia donde estuviera su nido.

    —Ya te dije que el líder y el segundo de mi clan son pareja, están "casados" así que no me causa ninguna impresión que ambos sean hombre... es decir, que sean amantes siendo los dos del mismo sexo... a mí no me gustan particularmente las chicas pero tampoco me siento atraído por los chicos... respeto la decisión de cada persona, es su vida y son ellos los que se enfrentaran a las adversidades que la vida les deparen... pero... supongo que es extraño que padre e hijo pues sean amantes es... eso es extraño —reiteró con sinceridad miró a Kamil.

    —Así que no... no pensaría que nadie de aquí es desagradable... todos me han tratado bien, aunque Kamil-hime me ha intentado asesinar cada una de las veces que hemos estado juntos —comentó para tratar de alegrarla, bufó y acercó su mano peligrosamente a la nariz ajena y la jaló con fuerza suficiente para dañarla sólo un poco—. Quita esa cara tan "misteriosa" —se quejó en modo de reproche—. No le queda una cara tan interesante a una chiquilla tonta como tú —le sacó la lengua y rió.

    Después, sin más se dejó caer en las piernas de la menor. Se giró a tal modo que quedó viendo hacia el vientre de la chica. Cerró sus ojos.

    —Es tu cobro por la clase de kendo... —susurró con voz suave—. Estoy cansado... las idiotas clases de italiano no me agradan... las detesto... —confesó muy bajito. Sentía que le podía confiar cualquier cosa a aquella criatura, pues ella jamás iba con mentiras hacia él o hacia las preguntas que él le interponía. Ella era pura y sincera, él quería retribuírselo.
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    Kamil Sakuragi

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    Re: El aroma de la Camelia [Priv. Ryu-chan]

    Mensaje  Kamil Sakuragi el Lun Mayo 09, 2016 8:43 pm

    Kamil suspiro con suavidad al comprender la idea que se había formado en la mente del hebi debido a las palabras que habían salido de los labios de la niña, sin embargo estaba equivocado. Lo que perturbaba el corazón de Kamil al pensar en aquella relación no era el hecho de que ambos fueran hombres, no era nadie para juzgar si dicha relación era o no licita basada en algo como el sexo de las personas involucradas, era su parentesco con su madre lo que no podía tolerar, la hipocresía de su padre al buscarla incluso cuando ya la había reemplazado en su fuero interno, cosa que la joven no podría hacer jamás. Como tampoco podría perdonarlos nunca aunque su corazón se rompiera en pedazos.

    -Kotetsu-san no es... hijo del líder- Kamil sonrío con un despreció que no se guardo de ocultar pero sin embargo fue desapareciendo lentamente hasta regresar a la vaciedad que reflejaba antes, ¿Podría entender Ryu-chan lo confuso que era para ella todo el asunto?, no le gustaba... convertía a su madre en una extraña y era un recordatorio constante de que tarde o temprano el delicado equilibrio que los Yakuzas mantenían entre sus ilusiones y la realidad terminaría por romperse. Ladeo el rostro para mirar directamente en las profundidades de aquellos ojos azules -Para mi... ser hombre o mujer no es importante tampoco... - comentó finalmente y lo decía en serio después de todo al recordar la existencia de personas como aquella mujer misteriosa que había conocido el día anterior le era imposible dudar que la belleza atrajera a uno u otro genero de igual modo.

    -No es eso lo que considero extraño... - sin embargo no dijo nada más al respecto, ni todo el contenido de su léxico era suficiente para expresar lo que sentía, en parte por que aun no lo tenía claro, se había negado durante tanto tiempo a relacionarse con aquella persona en modo alguno, que el muro entre ellos resultaba insalvable y la convicción del despreció era un molesto sonido constante en su oído, y a la vez tenía el presentimiento de que el podría entenderlo mejor que nadie.

    Sin embargo el joven Hebi pareció notar que sus pensamientos se habían desviado por lugares oscuros e inusuales y había decidido traerla de regreso haciendo alusión a su explosivo carácter tan bien conocido, el tirón en su nariz también fue un buen aliciente para sacarla de aquel remolino mental, e incluso aunque se había quejado y ahora se frotaba la nariz en un intento de alejar el escozor no pudo evitar sentirse agradecida con el mayor -Mira quien lo dice cría de serpiente con infulas de grandeza -  le saco la lengua del mismo modo en que él lo había hecho e hizo amago de tirarle de la mejilla. Sin embargo no lo decía en serio pues aunque no lo había dicho en voz alta ella realmente creía en el hombre en que aquel jovencito se estaba convirtiendo, algún día sería el más fuerte de todos  y ella estaría a su lado para verlo.

    No obstante cuando el recargo la cabeza en su regazo parpadeo un tanto divertida, ahí estaba de nuevo el chico sincero que había conocido en el jardín, reposando con los ojos cerrados sobre sus piernas dobladas, con el largo cabello extendido sobre la tela rojiza de su hakama, fue levemente consciente de que su cabello no era del todo negro, si no que poseía un cierto matiz que lo hacía diferente al suyo propio, distraidamente llevo su mano derecha hasta la frente del joven para retirar un suave mechón de cabello levemente humedecido aun por la practica - forse è la lingua che ti odia - dijo en un tono suave de broma al escuchar que se le dificultaba el idioma- Quizá es el idioma quien te odia- repitió después en japones mientras le sonreía con dulzura -Si tanto lo detestas, podrías dejarlo... pero temo que líder-sama te ve ya como su hijo y le hace ilusión que lo aprendas-

    Posó entonces la vista en los labios del chico fue un desliz, un error gravisimo, ¿como podía mirarlo si aun sentía la textura de los labios de alguien mas tan fresca en su mente?, aunque hubiese sido un beso de mentira, uno que no contaba para nada, pues no había sido dado por la clase de amor romántico que admiraba, aun así había sentido algo y ese sentimiento estaba presente aun en su sistema, sacudió levemente el rostro esperando que el no lo hubiese notado y continuo -Quizá podría hacer algo mas eficiente para pagarte las clases de Kendo como... no se, ¿Ayudarte con el italiano?- fijo los ojos en los de él, aquellos ojos tan intensos que parecían atraparla cada vez que se encontraban con los suyos, ¿por que nadie le había dicho que un color tan frío podría ser tan acogedor?.
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    Kobayashi Ryunosuke

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    Re: El aroma de la Camelia [Priv. Ryu-chan]

    Mensaje  Kobayashi Ryunosuke el Mar Mayo 10, 2016 6:31 pm

    Su gesto inseguro se relajó al toque de las suaves manos de Kamil. Por un momento pensó que sería retirado por algún brusco e involuntario movimiento de la señorita, de esos que casi no solía tener -sarcasmo puro- sin embargo, la reacción fue totalmente contraría a la esperada. Ahí estaban los tratos que parecían llegar hasta el ceno de su corazón. No era su frente la que despejaba de los mechones negros, era la incertidumbre de la duda la que era alejada de su pecho y su mente. Quedaba en blanco. Quizás se sentía de ese modo con la niña porque en casa no tenía algo similar. Desde que había cumplido 13 años y había empezado a crecer los mimos con Hayato-dono empezaron a ser cada vez menos frecuente, sobre todo porque el pequeño Makoto y Yoritomo absorbían en su totalidad al Segundo, sin contar que líder ya veía con ojos celosos a la escolta del Segundo, misma a la que él pertenecía. En todo caso, él, Ryunosuke, jamás podría ver a Hayato con otros ojos que no fueran los de un hijo a un padre, pero no era el mismo caso que Takumi, por ejemplo, que sí amaba a Hayato en silencio y bajo la advertencia muda de ser asesinado por el líder si llegaba a enterarse de la mínima insinuación. Tomoe-sama no era un tipo con el cual se pudiera vacilar cuando se trataba de Hayato-dono. Tomoe-sama amaba de forma desmedida a su Wakka.

    Abrió los ojos y los clavó en el bonito mentón de Kamil, era fino y pálido, como el de una de las muñecas que decoraban el altar para el Festival de las muñecas. Observó en silencio mientras Kamil hablaba en italiano y mencionaba algo sobre el idioma, y sobre que líder lo consideraba un hijo. ¿Algún día ella iba a despertar ese amor enfermo y obsesivo que Tomoe sentía por Hayato? ¿Algún día iba a ver a Kamil-hime del mismo modo en que Tomoe observaba a Hayato cuando comían y el Segundo manchaba su ropa? ¿En algún momento toda la atención de Kamil-hime sería de él como la de Hayato era de Tomoe cuando éste entrenaba y danzaba en el campo de batalla con enemigos imaginarios? Quizás nunca sería así. Cerró los ojos otra vez.

    —Un lunar —respondió interrumpiéndola en su discurso sobre pagarle con clases privadas o algo por el estilo, no le había puesto la mínima atención en el dialogo—. Tienes un lunar, escondido entre el mentón y el cuello, ahí lo tienes... —murmuró sonriendo con cierta suficiencia como si hubiera descubierto el hilo negro del sufrimiento mundial. Alzó su mano para tocar con suavidad el aludido—. Ahí lo tienes —hizo una pequeña presión en el área—. Lo puedo ver desde aquí... —la punta de sus dedos recorrieron entonces el contorno del cuello hasta el cabello donde tuvo que moverse sólo un poco para alcanzar la tira que amarraba el cabello oscuro y observarla. Volvió a sonreír con suficiencia al ver la punta de su propio listón. Cerró los ojos y ahora se acomodó, aún sobre las piernas de la chica pero bocarriba. Dejo sus manos sobre su propio vientre.

    —Después vayamos al pueblo... quiero regalarte una peineta... una kanzashi, es complicado pero no soy muy bueno escogiendo regalos, mucho menos para mujeres —abrió un ojo y sonrió—. Siempre me han gustado como se ven el rostro de las mujeres con el cabello recogido y con esos adornos usando en el cabello —hizo ademanes con las manos—. Aunque pensándolo bien... mejor te regalo una boina de chico... qué se le va hacer si a mi prometida le gusta vestirse como chico... será un problema cuando deba presentarte a mis amigos, pensaba darles envidia con lo bella que es mi futura esposa, pero tendré que presumir entonces que es un "chico" muy fuerte, Kamil-kun... además de que golpea duro... —bromeó sonriendo. Abrió los ojos, y alcanzó un mechón negro que había salido de su lugar.

    —¡Hime-sama! ¡Ryunosuke-sama! —entró hecho un pequeño pánico un sirviente, no era guardaespaldas ni samurái, sólo era un mozo, había azotado la puerta. Ryunosuke se incorporó de golpe del regazo de la menor y frunció el ceño poniéndose completamente de pie, le pidió a Kamil que se quedara sentada, él vería que ocurría.

    —¿Por qué el escandalo? —preguntó el Hebi con el gesto serio, su careta social de hijo de familia samurái.

    —Sólo... sólo corroboraba que ambos estaban bien, será mejor que se retiren a sus habitaciones —exigió el mozo mirando a Kamil después al joven—. Es necesario y urgente —puntualizó serio.

    Kobayashi apretó los labios y afirmó.

    —Escoltaré a hime-sama a su habitación —indicó el Hebi, el sirviente afirmó y los dejó solos otra vez. Ryunosuke se quedó pensativo y caminó hacia donde la menor, aún meditabundo. Recogió sus katanas y las acomodó en su cintura después ofreció la mano de la menor—. Te dejaré en tu pieza —explicó con más suave y amable.
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    Kamil Sakuragi

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    Re: El aroma de la Camelia [Priv. Ryu-chan]

    Mensaje  Kamil Sakuragi el Miér Mayo 11, 2016 11:50 am

    Un lunar, esas fueron las palabras tan simples que salieron de los labios del joven, y por un momento Kamil pensó que había escuchado mal ¿que tenía que ver un lunar con aprender un nuevo idioma?, le miro con incredulidad alzando la ceja derecha -¿Mi scussi? - pregunto entre divertida y confundida, provocando que la respuesta del hebi fuera tocar aquel punto oscuro ubicado en aquella zona sensible, su rostro se sonrojo completamente justo entonces, mientras el la acariciaba con sutileza y a punto estuvo de dejarlo caer al suelo, en parte por la sorpresa y en parte por la vergüenza que le había provocado aquel toque delicado, ¿Es que ese niño solo hacía lo que le pasara sobre la cabeza?. No obstante lo único que atinó a hacer fue retirar sus manos del rostro del joven y ver como se giraba sobre su regazó, como un pequeño gato que retozaba sin ninguna preocupación.

    Entonces comenzó a hablar de accesorios para el cabello, provocando que la joven recordara el listón con el que se había atado los cabellos aquel día, no era que le gustara especialmente o por que fuera de él, si no por que había salido con prisas de su habitación y le había visto ahí, abandonado sobre su peinador. Infló las mejillas con cierta molestia, no quería que el pensara cosas extrañas solo por que usaba su correa para el cabello, es decir... el estaba usando la suya y eso era más raro... ¿Cierto?, entonces menciono sus atuendos usuales para escaparse de casa y acomodó un mechón de cabello detrás de su oreja, y en ese momento si que lo habría dejado caer, ¿no le parecía lo suficientemente femenina?, no era su culpa que el molestará continuamente a su parte más enérgica. Tenía que admitir que en el fondo le había gustado escuchar de sus labios que era bella, pero eso no compensaba la grosería. ¡Ya le enseñaría a ese mocoso!.

    Decidió decirle un par de cosas, pero justo en el momento en que iba a hablar, los interrumpieron y por la palidez del rostro del mensajero supo que no podía tratarse de nada bueno, ¿Donde estaba Carlo? y ¿Por que no había sido el quien fuera a buscarla?, ¿Por que todos la trataban como una niña sin compartirle nada de lo que sucedía?, había pasado lo mismo con Vito-Nii el día anterior. Apretó las manos levemente molesta por toda la situación, pero ya averiguaría que demonios estaba pasando, siempre lo hacía, la menor se puso de pie tomando la mano de Ryunosuke que manera distraída, había olvidado su enojo para con el joven, y se sacudió hakama, Toge-zashi permanecía recargada contra la puerta del dojo, justo donde la había dejado, así que la tomo, sin mirar a Ryunosuke perdida en sus propios pensamientos. Si algo había salido mal... ¿Podría tratase de Vito? o ¿su padre?, ¿Estaban ellos bien?.

    -Últimamente todos quieren hacerse el interesante, ¿no crees?- se incorporo, apretando la Katana sobre su pecho y miro al joven -No te preocupes Ryu-chan, se como llegar a mi habitación... salvo que quiera perderme en el camino- camino a su lado y se detuvo un momento cuando estuvo a la altura de su oído -¿No has percibido ese extraño viento Ryu-chan?... ¿No quieres saber que es lo que están ocultando?- entonces siguió caminando en dirección a los pasillos, pero como era de suponer no se dirigía hacía su habitación, aunque le había prometido a su hermano copmportarse como era debido, no podía controlar aquella ansiedad, la certeza de que algo horrible había sucedido en algún lugar.
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    Kobayashi Ryunosuke

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    Re: El aroma de la Camelia [Priv. Ryu-chan]

    Mensaje  Kobayashi Ryunosuke el Miér Mayo 11, 2016 3:46 pm

    Y como cosa que creyó que jamás iba a ocurrir: Estuvo de acuerdo con Kamil, la miró llegar hasta su costado. Admitiendo que le sorprendía de verdad que la chica hubiera sido tan suspicaz y observadora como él mismo. Le miró de reojo y después observó el pasillo.

    —He notado ese cambio, Kamil —argumentó serio y dejó descansando su mano sobre los mangos de sus katanas—. Pero me temo que no estoy seguro si quiero caldear más la situación —agregó. Después miró con mayor detenimiento la dirección en la que ella se dirigía y como si de una mano invisible se tratase, lo empujaron a que caminara detrás de ella. Pronto le tocó la espalda para indicarle que la seguía.

    —Si nos pillan diré que fue tu idea —señaló, pero siendo sinceros quería saber que estaba ocurriendo. Porque tanto misterio. La detuvo justo cuando un grupo de hombres se dirigía corriendo hacia la oficina del líder, y peor aún. Jaló a su acompañante de aventura hacia un pasillo pues dos jóvenes reclutas caminaban por delante de ellos.

    —Acaba de llegar otra paloma mensajera —decía uno de esos tipos—. Deberemos enviar otra más hacia donde está Vitto-sama para que también esté enterado de la situación —comunicó el mismo sujeto iba a pasos rápidos. Ryunosuke jaló de la mano a la princesa para que siguieran a los dos chicos y pudieran enterarse de más.

    —En todo caso, Yura-dono se adelantó, así que también tendremos que enviarle una carta a él.

    —Pero no estoy seguro que ruta cogió, Yura-dono.

    —Seguro fue por Hamamatsu es la más cercana para llegar a Tokio —reiteró el escorpión y Ryunosule abrió mucho los ojos mirando primero a Kamil después hacia donde los dos samurái se habían perdido.

    —Tokio... —se quedó pensativo el Hebi. La idea de que algo le hubiera ocurrido a su madre, al Segundo, a Satori o Takumi, al líder... al líder. Jadeó y negó—. Vamos —jaló nuevamente a Kamil consigo, el agarre en la muñeca de la princesa era fuerte. Pero antes de que pudieran entrar a la ala donde estaba el despacho se encontraron con un grupo de escoltas. Entre ellos Mitsukuni.

    —Necesito hablar, Jamal-sama —ordenó el chico serpiente.

    —Está ocupado, no te puede atender.

    —No te estoy pidiendo permiso, muévete —señaló nuevamente Ryunosuke.

    —Princesa, debe ir a su habitación —pidió uno de los samuráis ahí—. El señor Jamal está ocupado, no podemos dar detalles hasta que se nos den ordenes pero estamos cruzando por una situación delicada. Así que ambos...

    Ryunosuke no soltó a Kamil, sólo afirmó y la jaló consigo otra vez de vuelta.

    —¿Hay alguna otra forma de entrar al despacho de Jamal-sama? —preguntó serio. Estaba molesto. Su mano seguía haciendo presión. No se iba a perdonar que algo hubiera pasado en Tokio mientras que él estaba ahí lejos en Nagoya. En el peor de los escenarios, quizás habían atacado, pero en todo caso, los únicos que se consideraban "enemigos" eran los Lobos y ellos estaban casi extintos. ¿Quién más era amenaza? Detuvo su andar y mojó sus labios.

    Mariposas, peor aún, Zorros. Observó a Kamil.

    —Necesito llegar con Jamal, lo antes posible —suplicó ahora más serio, en los ojos claros una nota de desesperación se acentuaba—. Por favor, ayúdame Kamil.
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    Kamil Sakuragi

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    Re: El aroma de la Camelia [Priv. Ryu-chan]

    Mensaje  Kamil Sakuragi el Miér Mayo 11, 2016 6:37 pm

    Sintió la mano del joven sobre su hombro y no pudo evitar sonreír para si misma, después de todo también había espíritu de aventura en ese prometido suyo tan serio, en su mente le añadió un punto positivo al joven, no era que estuviese llevando un listado de las cosas que le gustaban de el ni nada por el estilo, simplemente le agradaba conocer partes nuevas de su personalidad, lo hacían mas comprensible a su parecer.

    -¿Donde esta tu sentido de la aventura Ryu-chan? - se encogió de hombros cuando el joven comento que de atraparlos la responsabilidad seria únicamente suya -Creeme, ya estoy acostumbrada, y aunque no lo dijeras ellos lo asumirían - se rió con suavidad pero en silencio, después de todo no quería que los atraparan tan pronto y la mandaran a su habitación antes de que pudiera sacar algo en claro.

    El tirón que el joven propicio a su mano la descolocó por su brusquedad, no es que no se hubiera ya puesto en movimiento pero sin duda había ayudado a reaccionar con tiempo suficiente para evitar la confrontación directa con los hombres, miro por el rabillo del ojo pero el cuerpo de Ryunosuke le cubría la escena así que asuso el oído para captar lo que decían, al escuchar el nombre de Vitto el corazón se le fue hasta los pies, ¿Estaría todo bien?, sin darse cuenta había apretado levemente la mano de Ryunosuke como muchas otras veces había hecho con la de Hayato, cuando solían escuchar detrás de las paredes juntos.

    Camino al lado del Hebi sin hacer ruido alguno, incluso en algún punto llego a dudar de que estuviera realmente respirando, en su mente las preguntas fluían sin control ¿Kotetsu san también había partido? ¿Hacía Tokio?, su estomago se revolvió y palideció, en su mente fue como si una vez mas viera a su madre partir "hacía la aventura" para no volver jamás. No obstanteel peor golpe vino cuando sus ojos se encontraron con los del pequeño samurai, Kamil supo que no estaba bien reaccionar de esa manera, no cuando Ryu-chan debía ser el mas afectado, recompuso su rostro y apretó levemente su mano para hacerle saber que estaba con él.

    La mano del hebi apretaba su muñeca con tanta fuerza que estuvo segura de que le dejaría marca, sin embargo no hizo comentario alguno pues comprendía la maraña de sentimientos que sin duda pasarían por la cabeza del joven en esos momentos, se trataba de la vida de su clan y todos esos valiosos amigos de los que le había hablado, la que sería algún día familia de la yakuza también, prácticamente corrió detrás de él hacia el ala en que se encontraba el despacho de su padre, sin embargo... los ojos de la princesa se encontraron con los de Morita, solo un segundo en el que le rogó con la mirada que no se interpusiera, sin embargo el aprendiz se encontraba mas interesado en su estúpida riña de virilidad con Ryunosuke.

    Kamil no pudo hacer otra cosa que colocar la mano sobre el hombro de su compañero, una vez mas era ignorada mientras unos se medían con otros, perdiéndose en medio de discusiones sin sentido. Suspiro con suavidad mirando por encima de la cabeza del mas alto de los samurais, que no obstante aun era bastante joven, eso quería decir que algunos de los mas experimentados estaban ausentes, justo detrás de su cabeza alcanzo a divisar la cortina de la sala de música de segundo piso en el ala sur cuya ventana daba al jardín personal del líder, recordó con una sonrisa que ese había sido justo el motivo por el que decidió colocar los instrumentos en dicho lugar, solía decir que aquella música calmaba un poco a sus demonios.

    -No hay problema Hisoka-san, nos retiramos... pero, asegúrate de informarme cuando lo tengas permitido- por regla general no exhibía su sarcasmo con tanta facilidad frente a los hombres del clan, pues sabía que parte de su trabajo era mantenerla " a salvo", aunque para la princesa Yakuza "recluida" era una descripción tan buena como cualquiera, sin embargo no había terminado de hablar para cuando el Hebi tiraba de ella una vez más, iba a tener que decirle a ese chico que no era un perro y que debía ser delicado con ella, pero ya habría tiempo para discutir con el cuando supieran que demonios estaba sucediendo.

    Regresaron recorriendo el camino que habían recorrido, la mano de Ryunosuke estaba ya casi destrozando su muñeca cuando se dirigió a ella una vez mas, jamás le había visto así de frenético y aunque lo comprendía su paciencia se había agotado-Me lastimas Ryu-chan susurro con suavidad y entonces tiro con fuerza de su mano para deshacer el agarre y se la llevó a la altura del pecho para frotarla con su otra mano, sus ojos chocolate se toparon con los azules de la serpiente y suspiro con suavidad.

    -vamos... ¿en verdad creías que me iba a rendir tan fácilmente sabiendo que la familia de mi prometido puede estar en riesgo? - se encogió de hombros fingiendo incredulidad pero después adopto un semblante mas serio pues había comprendido la gravedad de la situación -¿Estas seguro de que quieres saberlo? - preguntó, aunque sabía la respuesta a la perfección, sin embargo al entender la dimensión del problema se había preocupado no solo por la seguridad física de su familia, si no por el resultado que tuviese cualquier evento en la psique del joven hebi, de ser posible le gustaría poder protegerlo. Suspiró y le dió la espalda sin esperar respuesta, aun se frotaba la muñeca con cierta incomodidad pero la soltó con rapidez, en su mente había comenzado a trazarse la ruta de asalto para entrar a las estancias privadas del líder.

    Si su memoria no el fallaba había dos maneras de acceder a la sala de música, la primera y la mas segura de ellas era tomar la escalera del ala sur, pero dicha escalera se encontraba frente juntó a la biblioteca del líder y desde que los habían visto en el ala sur, sería imposible convencerlos de que solo estaban interesados en tocar un poco de chopin para alegrarse el día, se mordió el labio inferior un poco frustrada al pensar en la segunda opción, la habitación privada de su madre en el ala norte, justo en el limite con el ala sur, desde aquella ventana se divisaban los altos cerezos cuyas ramas habían crecido lo suficiente como para rozar las ventanas de aquella habitación y el techo de la sala de música al mismo tiempo, era arriesgado por varios motivos pero la yakuza estaba mas que acostumbrada y había trepado todos y cada uno de los arboles de la propiedad, conocía sus puntos débiles y los fuertes a la perfección

    Pero nadie entraba en aquel lugar o al menos nadie lo había hecho hasta que Kamil se había escurrido para robar la llave, con tristeza pensó que había pasado un largo tiempo desde que había entrado en aquella habitación solo para observar los hermosos kimonos que otrora pertenecieran a la perra blanca, su aroma había terminado por perderse, difuminados para siempre como los recuerdos de su rostro, la princesa aclaro la garganta y lo miro por encima del hombro -¿Que tan bueno eres trepando Ryu-chan?- no espero a que le contestara y lo tomo de la mano para echar a correr con dirección a la habitación de su madre practicamente arrastrando al joven serpiente como el había hecho antes con ella.

    Desde las cocinas se escuchaban los chillidos de la vieja Tsubaki y los ruidos del trabajo afanoso de las cocineras que preparaban la merienda, era el momento perfecto para escabullirse en esa ruta prohibida, subió los escalones de dos en dos, rápida como la lagartija que su hermano no dejaba de decir que era. -Te aviso que es peligroso, no vayas a romperte un brazo ni nada por el estilo, ya tengo suficiente castigo por lo de tu labio roto- intentó sonreirle para aligerar la carga que debía estar sintiendo, pero la alegría no subió del todo a sus ojos chocolate, incluso aunque la perspectiva de hacer algo estúpido y quizá algo peligroso siempre la había motivado.

    Cuando estuvieron frente a la puerta del cuadro de su madre, Kamil dudo un poco antes de abrir la puerta, sabía lo que encontraría del otro lado, recordaba las pinturas con el rostro de su madre, tan dolorosamente bellos que parecía como si cada uno de ellos contuviera a la mujer viva, atrapada para siempre, imposibilitada para volver a casa, ocupada de ser simplemente un hermoso recuerdo, negó con suavidad y una sola mirada al rostro preocupado del hebi la hizo reaccionar, no era momento para deprimirse por eso, el sonido de la puerta al abrirse se asemejaba al de las fauces de un lobo que amenazaba con devorar su corazón con las memorias y el dolor subsecuente que estas representaban.

    Dejo que el Kobayashi entrará primero y cerró la puerta tras de sí, la habitación estaba oscura producto de las pesadas cortinas que ocultaban la luz del sol, como si la luz pudiese hacer que todo desapareciera para siempre, romper el hechizo del tiempo que se había detenido. La yakuza se preocupo de no fijar su vista en ningún lugar en particular mientras descorría las cortinas con el propósito de abrir las ventanas de par en par, detrás del duro cristal se encontraban los suaves pétalos rosados del cerezo, lucían acogedores, como algodones rosados, sin embargo Kamil sabía que no lo eran en absoluto, el tronco era tan rugoso como el de cualquier otro árbol, detrás de su espalda, el rostro de su madre la miraba desde todos los ángulos, no obstante el presente le llamaba desde el frente.

    Le hizo una seña con la mano para que se acercara, la altura era bastante, pero no demasiada, una caída desde aquel lugar no los mataría- o al menos eso pensaba- cuando él estuvo a su lado le señalo las fuertes ramas del cerezo y la ventana entre abierta del cuarto de música un poco mas allá - la ventana opuesta a esa da al jardín personal del líder - comentó haciéndose a un lado para permitirle que evaluara la situación desde su perspectiva, ella cruzaría independientemente de lo que el chico dijera, pero el tenía su propia libertad de decidir si el riesgo valía la pena.

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    Kobayashi Ryunosuke

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    Re: El aroma de la Camelia [Priv. Ryu-chan]

    Mensaje  Kobayashi Ryunosuke el Miér Mayo 11, 2016 7:26 pm

    Agradeció internamente, y en su gesto general se reflejó también ese agradecimiento. Mientras que seguía los pasos de la pequeña Yakuza. Era una gran aliada, y debía de reconocerlo, era una pena que en ese mismo momento el Hebi no pudiera ver cómo su relación alcanzaba otro nivel. Otro matiz. Pero si podía afirmar que una tibia sensación se estacionó en su pecho cuando la chica mostró verdadero interés por seguir ayudándolo para conseguir información con respecto a su clan. Su familia. Sus camaradas.

    -Soy una serpiente, puedo trepar niña -trató de sonreír pero no pudo hacerlo. Sólo suspiró y empezó a trepar, en algún momento por poco cayó pues su cabeza había hecho mil historias, una peor que la otra. En caso de que Tomoe-sama estuviera herido o enfermo, no le iban a permitir regresar a Tokyo pero al menos estaría al tanto en cuanto a la situación de la cabeza del clan. Después de todo y por lo visto el siguiente líder, al menos en palabra, sería él. Jadeo y se sostuvo de la ventana antes de que Kamil entrará. Ryunosuke entró y observó la habitación a la que llegaban. Sus labios se entre abrieron pero no hizo ningún tipo de comentario al respecto después de todo se había dado cuenta que para Kamil el tema de Kotetsu (y quizás su madre) era tema tabú. Si lo pensaba un poco, kamil y él eran muy parecidos. Mientras que ella encubría su pena en una careta enérgica y agresiva, él lo hacía en una careta de perfección y disciplina. Observó la ventana que daba al jardín personal de líder. Escucho la pregunta de Kamil y observó su mano que estaba temblando.

    -Tengo miedo, Kamil -contestó en una confesión íntima-. Tengo miedo que de pronto me enteré que estoy solo... No quiero estar solo Kamil -miro a la chica y rió-. ¿Soy patético, no? -suspiro caminando hacia el ventanal. El delicioso olor de los ciruelos era algo que no cambiaba, era el mismo en Nagoya y en Tokio. Se giró para poder observar la de frente. Acercándose le cogió la mano y pegó su nariz a la muñeca de la mano, la besó con cuidado.

    -Lamento haberte lastimado... Por favor, quedaré aquí...-suplico y sacó sus dos katanas para entregarlas a la chica. Se paró en el umbral y brincó a la rama más cercana pero sus brazos no se sostuvieron lo suficiente fuerte.

    Únicamente se escuchó el grito masculino y profundo del serpiente que cayó de lleno contra la otra rama que estaba debajo. De donde también trato de sostener pero sólo volvió a caer y pronto cayó de espalda contra una cama de hojas de sakura que habían caído y no habían sido barridas. Jadeo sin moverse, miraba desde ese lugar hacia la ventana donde seguro Kamil debía estar muerta de risa. Mojó sus labios y cerró sus ojos. Mientras se empezaba incorporar de a poco. Gimió al dolor y posó su mirada hacia el despacho del líder.

    No le importaba ser castigado, él iba por respuestas. Y la quería ya.
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    Jamal

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    Re: El aroma de la Camelia [Priv. Ryu-chan]

    Mensaje  Jamal el Miér Mayo 11, 2016 8:24 pm

    Desde la tarde el Líder del Clan había recibido el informe de que una carta había llegado por parte de sus aliados en Tokio, la noticia le había pillado por sorpresa así como a todos debía de suponer, por un momento no le había dado mucha importancia hasta que uno de los hombres escolta de Vito por cierto le indico que el Segundo había marchado para encontrarse con los sobrevivientes, de ahí no pintaba nada bueno y Jamal siendo como es de estúpido había querido ir sin embargo bajo el techo Yakusa no solo estaba el posible nuevo Líder Hebí sino que tenía a sus hijos tenía que confiar en las capacidades de Vito para dirigir una defensiva, por fortuna él lo había entrenado bien y había muchas trampas en Hanamatsu donde el esperaría.

    Terashima su capitan de movilización se encontraba redoblando la guardia dentro de los muros yakusas y solo eso había mandado armar todo Nagoya si un maldito se acercaba a kilómetros a la redonda su cabeza rodaría. Fueron horas angustiosas donde todo el mundo estaba de cabeza, y por más que insistió en que debían actuar normal pues el invitado hebi no debía enterarse ni mucho menos los demás niños que residían en el Clan era algo imposible de contener, todo el mundo hablaba de que Tokio había desaparecido algo que a Jamal se le hacía  una historia poco creíble, El líder serpiente era joven sí, pero era un excelente guerrero, salvo por algunas cosas que había notado en la entrevista con Vito lo que lo dejaron pensando. Vanidad.

    Jamal paso todo el día en el despacho trazando zonas seguras para trasladar a los aliados a territorio yakusa y no fueran atacados de nuevo, Terashima así como los otros capitanes intercambiaban información de los posibles atacantes, se decía que Saiyuri había sido vista en Nagoya días antes, pero el moreno desestimo que fuera ella, si hubiera querido hacer algo en su contra se hubiera ido directamente contra él y no son sus aliados, los Ookami ? era una posibilidad Vito había tenido un altercado con Kurokami así que ellos tenían motivos para lanzar un ataque, pero igual lo descarto puesto que esos eran enemigos del yakusa y no de los Hebi, creyó que era prudente esperar a más noticias, y despacho a la gente que se encontraba ahí había demasiada tensión así que no podrían hacer mucho hasta que supieran más.

    Entonces salió a su jardín privado esperando que hubiera una brisa que trajera buenas noticias, entonces como si lo hubiera invocado el águila de Vito llego, Jamal alzo su brazo para que el animal descendiera y al tomar el pergamino que traía en su pata, el ave se posó sobre una rama de cerezo, el pergamino traía información de Tokio al parecer no solo Vito había marchado si no que el maldito pequeñajo tramposo ese de Kotetsu también había marchado, ya se arreglaría con el cuándo llegara. Meditaba las noticias las cuales no eran ni buenas ni malas, cuando escucho aquel grito y de inmediato se puso en guardia hasta que el ruido cayo en seco sobre un montículo de hojas que seguramente había aligerado la caída del pequeño curioso.

    El mayor torció su sonrisa mientras se acercaba e inclino al lado del cuerpo del niño Hebi, con las manos sobre las piernas lo miro desde ahí. -Y dime al parecer la princesa no te dijo que las ramas de este cerezo esta algo resbaloso? -alzo la vista hasta donde se debía encontrar su hija, no le parecía extraño la intromisión puesto que el chico seguramente había escuchado algún cuchicheo por parte de la gente dentro- ¿Estas bien ? - pregunto al niño mientras le alborotaba el cabello comprobando que no se hubiera roto la cabeza, luego lo levanto de un solo tirón que le hizo al tomarlo por el cuello de su kazaka, se levantó mientras miraba hacía la ventana y llamaba a la pequeña rebelde- Tu también baja prefiero ver cómo te rompes las piernas a que caigas sin que te vea. - Pequeña broma sarcástica, por parte de él bien sabía que ella podía librarse sin problemas y bajar sin que nadie lo notara, pero de momento quería ahorrarse las explicaciones.

    Suspiro y se tallo la frente con exasperación, lidiar con niños a veces era molesto pues no había palabras exactas para decir lo que había en el pergamino, miro al chico y luego a Kamil -Entren se a que vinieron y les recuerdo que es más seguro usar la puerta - Dentro de la pieza del líder había un gran escritorio así como un gran mapa pintado en la pared derecha el cual mostraba todo Japón marcaba ciudades y caminos así como veredas y zonas que se consideraban territorio Yakusa, incluso estaban marcados los territorios de los demás clanes, El territorio marcado como Hebí tenía un nuevo color, marcaba el grado de destrucción que posiblemente tenía, en aguas que colindaban con Okinawa y la cadena de islas había una marca pequeña que no tenía nombre, sentado en un extremo estaba Hayato quien miro desde ese rincón a su gemela y al pequeño hebí.

    El Líder se recargo en el escritorio esperando alos dos chiquillos que en otro momento le hubiera dado gusto el verlos juntos, quería decir que el niño Hebí comenzaba a socializar.
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    Kamil Sakuragi

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    Re: El aroma de la Camelia [Priv. Ryu-chan]

    Mensaje  Kamil Sakuragi el Miér Mayo 11, 2016 9:34 pm

    La mirada de duda en el rostro de Ryunosuke enterneció su corazón, ella entendía a la perfección un sentimiento como aquel, la soledad era en verdad aterradora, y sus sentimientos no tenían nada de patético, quiso decírselo pero solo atino a negar con la cabeza y dedicarle una sonrisa de comprensión absoluta, ella sabia mejor que nadie lo que era ver tu mundo destrozado de manera repentina, pero al menos en su caso ella no había estado sola y rodeada de extraños que no podían entender aquel sentimiento, al menos no al principio... pero incluso cuando había sido enviada lejos de todo lo que conocía y amaba, Hayato había estado siempre a su lado, consolando sus miedos y apoyandola siempre. Ryunosuke la necesitaba en ese momento tanto como su gemelo la había necesitado antaño y se prometió que no lo decepcionaría.

    Sus mejillas tomaron un leve color rosado cuando beso su muñeca, ya ni si quiera era capaz de recordar el dolor que le había producido al constante tironeo, el aliento había difuminado los recuerdos dolorosos al punto de hacerlos desaparecer. Entonces se alejo, dejando entre sus brazos las dos katanas para unirse con la que la propia joven portaba y le pidió que lo esperará, se preguntó si está sería la primera de muchas despedidas, como futura esposa de Ryunosuke ¿Cuantas veces tendría que verlo marchar sin poder ir a su lado?. Apretó las armas contra su pecho mientras lo veía deslizarse precariamente por el marco de la ventana para enfrentarse al imponente árbol de cerezo, con una determinación tremenda en la mirada y un porte digno, Kamil se cuido de guardar la imagen en su corazón...

    O lo habría hecho de no haber sido por el grito que le siguió a semejante muestra de masculinidad, sin pensarlo demasiado la joven princesa corrió hacia la ventana con el fin de confirmar lo que había sucedido, no se habría hecho daño... ¿Verdad?, la preocupación creció en su estomago, era consciente de que si el joven se hubiese lastimado sería única y exclusivamente su culpa, aunque siendo sinceros el había accedido a saltar sin que ella lo obligara. Estaba preparada para ver alguna herida horrible y sangrante, pero lo que la recibió fue un espectáculo demasiado gracioso como para mantener la seriedad como era debido. El cuerpo del Hebi había dispersado la Sakura en todas direcciones haciendo un verdadero desastre, y con aquella indigna forma de levantarse parecía una tortuga en lugar de una serpiente, Kamil se cubrió los labios cuidándose de no soltar una risotada que alertara al líder del clan.

    No obstante era demasiado tarde, como era esperar de aquel viejo escorpión que conocía como padre, los gemelos siempre habías sido incapaces de tomarlo desprevenido, no importa lo mucho que le asecharan e intentaran asustarlo, Hayato solía tener la teoría de que como un murciélago, podía sentir las ondas vibratorias a su al rededor pero Kamil siempre había sido un poco escéptica al respecto. En ese momento se topo con la mirada chocolate idéntica a la suya y deseo sentirse un poco mas avergonzada de lo que realmente se sentía por haber invadido los dominios de su padre sin autorización, sin embargo se limito a levantar la mano y sacudirla levemente, saludando a su amado padre con una enorme sonrisa, como si saltar desde un segundo piso a su jardín privado fuera de lo más normal que podría suceder en esa propiedad.

    Se encogió de hombros cuando su padre le indico que bajara y dejo las katanas del Hebi en el suelo junto a su Toge-zashi antes de emprender el peligroso descenso, ya le pediría a alguna de sus amigas que las llevase a su habitación, también procuro desnudar sus pies con el fin de tener un mejor agarre sobre la corteza de aquel árbol, no era una precaución que siguiera por regla usual pero la caída del de ojos azules aun estaba fresca en su mente, quien sabe, podría caerse de la risa . Tomo impulso y extendió los brazos en el aire, aferrándose a una rama mas baja de la que Ryu-chan había intentado aferrarse con ambos brazos, solo para tomar impulso y balancearse hasta la siguiente, había perdido ya el numero de veces que había utilizado el mismo método para bajar. Finalmente se deslizo por el tronco como lo habría hecho un mono travieso y termino aterrizando en el suelo sobre las puntas de sus pies entre las sakuras, había una cierta elegancia salvaje en aquellos movimientos.

    Se sentía feliz y libre cuando trepaba, no obstante dejó de sonreír al ver el rostro cansado de su padre recordando que el motivo que los había llevado ahí no era una broma usual como solía ser, ni alguno de sus caprichos de ver a su padre cuando se lo prohibían. Siguieron la figura del hombre hasta el lugar del líder, kamil extendió la mano buscando la de Ryunosuke para infundirle fuerzas, sabía que no era precisamente sencillo mantenerse calmado cuando había tanta incertidumbre en el ambiente -Si tan solo hubiese un paso directo por la puerta...- puso los ojos en blanco pero luego suspiro ante el comentario de su padre, el debería haber sabido que las cosas se pondrían de aquel modo si le negaba el acceso de su pieza a Kamil, pocos lugares había en esa casa que pudieran serle vetados después de todo.

    Miro distraidamente, el contenido de la habitación, su padre era un hombre de buen gusto y temperamento disparatado, por eso no le sorprendió ver algunas cosas habían cambiado, sin embargo el mapa del país con aquel extraño y nuevo color capto su atención de inmediato, casi tanto como la sombra silenciosa que los miraba desde la otra esquina del cuarto -Haya-chan...- arqueó una ceja mirando a su padre con incredulidad, ¿en verdad le había ocultado cosas que fácilmente le decía a Hayato?, ahora estaba realmente molesta, ¿Por que le habían dejado reunirse con su padre mientras que a ella la habían mandado a su cuarto como a una niña problemática? -¿Como es que tú no estas en tu habitación?- el jovencito seguía mirando a su futuro hermano sin contestar a los reclamos velados de la joven durante un rato, deteniendose en la mano que su hermana sostenía y luego bufó y desvió la mirada como si estuviera aburrido. ¡Ese pequeño cretino!

    Kamil entonces dedico la vista a su padre echando fuego por los ojos -¿Que hace Haya-chan aquí, Padre? ¿Desde cuando está interesado en estrategia militar?- sacudió la cabeza levemente como si quisiera espantar a alguna musaraña invisible - Estas siendo muy ruidosa Aneue- comentó finalmente el jovencito con aquella voz tan distinta de la de Kamil, la niña inflo las mejillas y fue hacía el dando zancadas para tirarle de las mejillas -¿A quien le dices ruidosa?- comento entre dientes y en un abrir y cerrar de ojos ambos se encontraban en un dialogo ininteligible tirando de las mejillas del otro como dos niños pequeños peleando por cualquier tontería, como hacía mucho tiempo que no hacían, la yakuza no pudo evitar sonreír, elevando sus adoloridas mejillas, cuando finalmente ambos se soltaron, finalmente había vuelto a hablarle con normalidad.
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    Kobayashi Ryunosuke

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    Re: El aroma de la Camelia [Priv. Ryu-chan]

    Mensaje  Kobayashi Ryunosuke el Jue Mayo 12, 2016 10:36 am

    Sus mejillas adquirieron un masculino sonrojo sólo para después aclarar la garganta. Los azules miraron al líder que había visto sólo un par de veces en la lejanía, y sólo una vez habían hablado durante la comida aquel día en que conoció de casualidad a su prometida. Había experimentado de primera mano la fuerza de las manos y los ojos furicos del que sería su suegro. Ese letal temperamento que lo hizo temblar. Esa cólera que no había visto jamás. Y a pesar de eso, Jamal siempre se movía lentamente, con una sonrisa idiota en el rostro y ojos amables, quizás era esa fachada la que hacía que sus enemigos se confiaran cayendo en una letal trampa.

    —Estoy bien, líder —murmuró cuando lo ayudó a incorporarse. Agradeció en un murmulló y se sacudió la ropa. Su cuerpo enteró dolía los mil demonios pero su gesto se mantuvo serio, después de todo, la impotencia de estar desinformado sobre noticias que claramente pertenecían a su clan le tenía alterado. Nervioso. Rezó internamente por su madre, por el Segundo, por el líder y por sus hermanos. Por esa familia que le habían entregado como premio a su esfuerzo. A su constancia.

    —La princesa no tuvo nada que ver —dijo serio—. Yo necesito hablar con usted —comentó apretando sus labios en un puchero que buscaba respuestas. Parecía un niño a punto de llorar, pero a la vez su cuerpo se mantenía relajado. Los años durante los cuales había meditado y entrenado su espíritu parecían dar frutos en un momento de más tensión. Sin embargo su actuación vino a romperse cuando el líder enseguida localizó a la chica y alzó la mirada para ver como, la maldita, Kamil, bajaba con toda la gracia posible. Una gracia única y privilegiada de alguien tocado por una virtud divina. Hasta se había dado el lujo de caer en pose. En cualquier otro momento hubiera jadeado sorprendido, maravillado y hubiera besado los pies de aquella pequeña. Pero en cambio sólo pudo volver sus ojos al líder que les daba entrada a su despacho.

    Ryunosuke, no se fijó en nada más, sólo en el hombre que tenía frente a él. Quería respuestas, su espíritu volvió a relajarse cuando la pequeña y suave mano de Kamil le sostuvo. Él le miró de reojo y agradeció internamente el gesto. Podía respirar aunque pronto fue abandonado a su suerte pues, recién notaba, había alguien más en la sala. El Hebi lanzó una mirada fría y amedrentadora al chico que había ahí, no intencional sino era algo que había en él, por el momento, por la presión, porque había provocado que Kamil lo soltara. Sí, era un ente celoso con lo suyo, y aunque no lo dijera en voz alta, Kamil era suya, su prometida. Después reaccionó, era su cuñado, pero después reaccionó...

    Dejó caer una rodilla al piso y bajó el rostro. Era una postura que normalmente dedicaba a sus líderes, únicamente a ellos. Pero ahora, estaba a merced de la piedad de aquel hombre, el rey en el infierno. El escorpión que era el igual a la Serpiente Mayor. Y sí ese hombre era igual que su líder. Debía de tratarlo como trataba a su propio líder, sobre todo porque exigía información que evidentemente era clasificada.

    —Soy... soy únicamente un forajido y posiblemente me vea como un niño, Jamal-sama, sin embargo no soy un niño. No soy un forajido... le suplico... me diga... —alzó la mirada de forma fría y exigente, no había titubeos ni temblores absurdos—. ¿Qué está pasando. en. Tokio? —lo veía con resentimiento—. Dígamelo... ¿Qué sucede con mi clan?
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    Jamal

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    Re: El aroma de la Camelia [Priv. Ryu-chan]

    Mensaje  Jamal el Jue Mayo 12, 2016 12:41 pm

    Jamal se había quedado un momento pensativo quería elegir bien las palabras que usaría para informar al joven maestro, si bien había pensado en la posibilidad de no hacer nada referente a decirle que pasaba ¿pero que demonios pasaba en Tokio? pues conociendo a los chicos estos se rebelarían como era su costumbre y se las ingeniarían para escaparse, fue Hayato quien había solicitado hablar con él en cuanto se dio cuenta de que algo pasaba, fue él quien le pidió le informara al chico-hebi.

    -Para empezar esta esta puerta. - Señalo la puerta secreta que daba a la habitación de alado " el cuarto de pinturas" la cual estaba escondida debajo de un cortinaje, el moreno la levanto para que tanto Kamil como el chico Hebi pudieran verla, ha este paso prefería que el chico supiera todos los secretos de la mansión por cualquier eventualidad.

    Dirigió una mirada profunda hacía sus hijos e incluso le devolvió la mirada a su tempestuosa hija la cual muchas veces tal como él solía explotar de manera intransigente - Tu hermano ha venido a hablar por vos- Señalo al pequeño samurái, mientras sus hijos intercambiaban aquel pequeño dialogo secreto Jamal lo escruto con solo verlo, podía sentir lo que el chico estaba viviendo pues en muchos sentidos el propio yakusa había pasado por cosas similares carraspeo para aclarar su garganta y para detener el juego de sus hijos, les dedico una mirada severa pues no era el lugar ni el momento para eso.

    Cerro los ojos mientras se agachaba colocando una rodilla en el suelo para quedar frente el niño aquellas formas no las requería, prefería que la gente le hablara directo y sin mentir pues el no lo hacía, gustaba de la misma mania arrebatadora y libertina de saludo sencillo y respetuoso pues no le gustaban las formalidades aunque instruia a sus hijos a saberlas, con el pergamino en la mano le tomo por el hombro con cierta firmeza mientras le dedicaba una mirada serena, podía ser que hasta tranquilizadora el apretón que le dio después sin duda quería lograr aquello, ¿Cómo le decía a ese niño que ya no lo veía como un forajido? ¿Qué era todo menos un extraño? ¿Qué había sido recibido como un hijo más y no como un intruso? ahora mismo, quería decirle eso con aquel afectuoso apretón, podría haberlo agarrado y abrazarlo como lo había hecho siempre con sus hijos, pero el chico era demasiado maduro para eso, incluso parecía que si lo hacía lo rechazaría cerrándose en una corteza que ni Kamil podría romper, lo tomo con ambas manos.

    -Hijo... posiblemente queda muy poco de lo que antes fue tu casa.... Sé que tu Segundo está bien y a salvo también el joven maestro Yoritomo hare que los traigan a Nagoya para que estén a salvo.


    Espero, aun sujetándolo por los hombros para que asimilara la información, era su costumbre dar primero las malas noticias y luego las buenas pero esta vez aun le faltaba una mala noticia que dar. Sin embargo, espero al ver la reacción del niño cerro los ojos y lo abrazo, después de todo era simplemente un chiquillo que había sido metido a la fuerza en el mundo de los adultos, tal como sus propios hijos, a los cuales les dedico una mirada intensa mientras abrazaba al niño serpiente, Hayato fue el primero en acercarse pues estaba dotado de un espirito demasiado puro y humano.
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    Kamil Sakuragi

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    Re: El aroma de la Camelia [Priv. Ryu-chan]

    Mensaje  Kamil Sakuragi el Vie Mayo 13, 2016 6:29 pm

    Kamil miro con incredulidad al rostro de su gemelo al descubrir lo que había sucedido, incluso después de como le había tratado últimamente, se había preocupado a tal extremo... ¿Por Ryunosuke?, intento buscar la respuesta en aquellos ojos que siempre la habían reflejado pero Hayato desvió la mirada, parecía un poco avergonzado de haber sido descubierto de aquel modo, después de todo había pasado mucho tiempo molesto desde que se anunciara el compromiso de su gemela. Sin embargo la joven era consciente de eso, su hermano siempre había sido el mas amable de los dos, cuidadoso y preocupado por el bienestar de las personas, pero le dolía que no hubiese confiado en ella sus sospechas, incluso aunque también ella lo había notado, estaba cansada de la sobreprotección y los silencios. ¿En verdad no había nada que pudiese hacer por su cuenta para ayudar?. La mirada reprobadora de su padre la hizo sentir aun peor, de verdad que no podía hacer nada de manera apropiada.

    Vio el modo en que su pequeño samurai se inclinaba con la rodilla unidad en tierra suplicando conocer sobre el destino que habían corrido sus familiares, había un honor palpable en aquella inclinación, no resultaba en lo absoluto humillante o vergonzosa. Su corazón se lleno de orgullo, lentamente... solo un poco al saber que aquel hombre era valeroso incluso en la imposibilidad y las restricciones de su nueva condición. Al mismo tiempo sintió dolor por él quien a pesar de todo no los sentía como parte de los suyos, se preguntó mentalmente si algún día lo conseguiría. Por su parte la yakuza si que sentía una creciente ansiedad en el fondo de su pecho por saber lo que había sucedido a las serpientes, no quería ver el dolor reflejado en el rostro de su prometido. ¿Se estaba volviendo también ella un poco sobreprotectora con el Hebi?... la verdad es que no se lo parecía.

    Su figura de su padre de proyecto sobre la del de ojos azules, era un gesto de consuelo que ambos gemelos conocían a la perfección, el abrazó de la desesperación y lo irreparable, incluso antes de que su padre confirmará las terribles noticias, un presentimiento funesto se había instalado en el pecho de Kamil y le oprimía el corazón. No obstante la diferencia entre la sensación y el sonido fue abismal, sus manos cubrieron sus labios sin haberse percatado del movimiento, ¿su hogar estaba destruido?. En primer momento no quiso creerlo, ¡Debía ser otra cosa!, sin embargo al ver el rostro de su padre tuvo la certeza de que era real, no se trataba de un falso informe dispersado por los enemigos del clan, ya aun así resultaba demasiado cruel como para ser creíble, se quedo petrificada un momento, su corazón dolía por el de Ryunosuke, junto al de Ryunosuke y sin embargo no fue capaz de ser la primera en llegar hasta él, por mucho que deseo envolverlo entre sus brazos como había hecho en el jardín, con la fuerza suficiente como para evitar que los pedazos de su corazón se dispersaran.

    Hayato por su parte dedico una mirada al joven serpiente, pero no era una mirada de compasión si no de una profunda empatia, comprendía aquel oscuro sentimiento de encontrarse a la deriva en un mundo que se desmoronaba a su al rededor, puede que el joven Kobayashi no le agradara expresamente, sin embargo aquel dolor no era uno que deseara para nadie. Se posiciono al lado de su padre pero a diferencia de este simplemente colocó la mano sobre el hombro del joven en un signo de comprensión, no quería hacerle sentir asfixiado por la lastima de desconocidos, pero sí apoyado por quienes lo habían aceptado - aunque fuese a regañadientes- en el ceno de su disparatada familia.

    Kamil observo la escena intentando contener las lagrimas hasta que le fue imposible, sin embargo no quería que el las viera, ¿Que derecho tenía a llorar ella a aquellos desconocidos cuyas vidas se habían perdido?, se acerco con lentitud como si se tratara de un sueño y entonces se dejo caer sobre las rodillas quedando inclinada del todo con la cabeza gacha y tomo la mano de Ryunosuke para llevarla hasta su pecho y apretarla contra su corazón, diciéndole en aquel mudo gesto que lo comprendía, que compartía su dolor, que aquella era su familia tan bien desde el momento en que había aceptado convertirse en su prometida apretó los labios y los ojos con cierta fuerza para evitar que las lagrimas descendieran por sus mejillas, y tuvo la certeza de que aquel dolor que sentía era el de Ryunosuke. ¿Cuantas de aquellas personas que atesoraba se habían ido para siempre?, ¿Aquel duro tío suyo se encontraría entre ellas? ¿O el fuerte y gracioso espadachín?, ¿El silencioso con aquel corazón tan lleno de amor?, Kamil apretó aun mas aquella mano que lentamente conocía mejor, deseando tener la fuerza para no desprenderse nunca de ella.
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    Kobayashi Ryunosuke

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    Re: El aroma de la Camelia [Priv. Ryu-chan]

    Mensaje  Kobayashi Ryunosuke el Vie Mayo 13, 2016 7:42 pm

    Por algún motivo el rededor se puso negro. Sus ojos sólo podían enfocar a Jamal que sonaba como la voz distorsionada e incomprensible de los onis que a la lejanía se podían apreciar en el fondo de las montañas. Un eco sordo y sin sentido. Era esa misma sensación que a veces se experimentaba de despertar pero abrazado a la idea de que estabas cayendo. Algo que no podía describir ocurrió, algo que sólo se asemejaba a la noticia que Chichiue ya no estaría más con él. Eso era lo que la joven serpiente experimentaba en ese angustioso momento. Pues todo eso, sólo vaticinó la trágica realidad.

    Miró de reojo la mano en su hombro y después los ojos chocolates. La copia de los de Kamil.

    Y como si las palabras del líder fueran un incendió, la realidad fue consumida para el Hebi. Reducida a cenizas de las cuales no se podía rescatar nada, o tal vez sí. O no sabía cuál era el grado de...

    Sus ojos volaron casi al instante al mapa pintado la pared que de casualidad había visto -como un ojazo muy rápido- cuando se hincaba frente al líder. Error garrafal. Pues quizás para cualquier otro las señas ahí eran mero capricho del dueño de dicho mapa, pero para alguien instruido para y por la guerra desde la infancia. Había dos posibilidades: Las marcas que sombreaban su hogar eran las zonas afectadas o las zonas no afectadas tras el ataque. Sí era lo segundo, quería decir que todo el resto estaba hecho trizas. Pero sí era lo primero, sólo una parte minúscula del territorio Hebi estaba dañado, pero resultaba que ese pedazo de tierra que ahora estaba "afectado" dentro del territorio era el centro de operaciones y donde la casa principal del clan -y de su familia- se encontraban.

    Aspiró por la boca y bajó la mirada. Sus manos se hicieron puño´, pero su gesto seguía siendo inmune, o al menos luchaba porque así fuera. Idiota, pensó cuando descubrió sus manos temblar, después su puño.

    "Tú aquí, y ellos muriendo", la culpa saltó cruel y cruda a su cabeza. Los ojos se cerraron "Tú aquí, y ellos muriendo" se acentuaron aquellas palabras, sus oídos iban a reventar. Una fría maraña de remordimiento empezaba a moverse violenta en su pecho. Como si existiera una serpiente literalmente en su vientre y se removiera con violencia buscando salir desde el fondo. Pero antes de que pudiera romperse...

    ..fue abrazado. Con fuerza. Con cariño. Jadeó, primero por Jamal. Después la mano en su hombro de Hayato. Alzó la mirada confundida, perdida que buscaban confirmar lo dicho en el rostro de quien le sostenía. Pero al ver el gesto de sincera preocupación y comprensión sólo le hicieron ver la irremediable realidad.

    Permitió que su mano fuese presa de la muestra de afecto de su prometida. De un momento a otro se alejó de los dos hombres. Pero no alejó a Kamil, por el contrario, su mano, apretó silenciosa una de las de ellas, temblaba estaba frío y el agarre era igual de fuerte que el de la muñeca minutos antes. No era intencional. Luchaba por no romperse ahí y parecer débil.

    Era el futuro líder de un clan y debía dar cara a la adver...

    Alzó la mirada con ojos hundidos en pánico al líder de los yakuzas.

    —Si... —tuvo que aclarar la voz para que no sonara rasposa y a punto de quebrarse—... si el Segundo y Yoritomo-sama vienen en camino... —las iris azules estudiaron intensamente a Jamal. Se incorporó casi de golpe soltando a Kamil en el proceso de forma brusca—... ¿Tomoe-dono... mi tío... el líder —se corrigió casi de inmediato—. ¿Él también viene en camino cierto? —sí Tomoe-dono venía en camino, eso quería decir que su tío Hiromi y la gemela de éste, su madre, también venía con ellos. Además, miró el piso y lo meditó un segundo. No podía perder el centro. Cerró los ojos y alzó la mirada serio.

    —Jamal-sama... quiero los detalles. Todo los que tenga... por favor —pidió con timbre suave. Sí ocurría lo peor... tendría que asumir un papel que, estaba seguro, le quedaría grande. Peor. Otro escenario vino de inmediato a su cabeza. Su mirada se giró violentamente hacia Kamil, y después hacia Hayato.

    —No... no podemos estar aquí, Jamal-dono, no puede dejar que Segundo venga hacia acá... ¡yo no puedo estar acá! —dio zancadas hasta Jamal para seguir mirándolo desesperado—. Kamil... su familia estaría en peligro. Si... si ocurrió eso... debe movernos de aquí lo más lejos posibles, líder —propuso de forma valerosa, avergonzado desvió la mirada—. No... aún no soy fuerte para cuidar de Kamil-hime... así que por favor, llévale lejos del conflicto o permítame alejarme —hizo una reverencia esperando respuesta.
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    Jamal

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    Re: El aroma de la Camelia [Priv. Ryu-chan]

    Mensaje  Jamal el Sáb Mayo 14, 2016 3:22 am

    Jamal era consiente de lo que pasaba aun en su locura que muchas veces lo distanciaba de la realidad ahora mismo podía estar con la cabeza fría para tomar las decisiones, al mayor le causo ternura la reacción del niño podía sentir a un adulto pequeño gritando por ser llevado al campo de batalla, tenía la misma mirada que su Anata en aquellos días, aun con la rodilla en el suelo se quedo mirando al chico quien pedía por todos los medios ser alejado de ahí podía ver la desesperación en su pedido incluso la voz angustiosa que reclamaba tomar las decisiones que en su tierna edad creía correctas, había tal magnitud de sentimientos que pronto se sintio invadido por ellos también sin embargo Jamal no se movio, lo miro serio, no con un semblante duro si no uno completamente firme, como el padre que esta negando el permiso para lanzarse ala guerra.

    -No

    Soltó con autoridad mientras se levantaba con cierta lentitud sin quetarle la  mirada de encima, al estar de pie parecía ser cien veces mas grande en diferentes sentidos, aspiro profundo mientras esperaba que los sentimientos encontrados del chico le dieran un respiro, sin embargo bien sabía que lo que se aproximaba sería todavía peor, se inclino nuevamente para tomarlo con fuerza por los hombros, quería traerlo de vuelta a la sensates pero el cumulo de noticias no se hiban a detener ahí, apretó los labios haciendo una linea lo bastante tensa para demostrar lo dificil que se le hacía decir lo siguiente.

    -No se cuantos sobrevivientes hay, he mandado un grupo pequeño de reconocimento, se que los atacantes han dejado Tokio, en que condiciones no lo se aun, debemos mantenernos firmes y con la cabeza fría, hasta ahora hay especulaciones sin embargo prefiero que las cosas que les diga sean confirmadas.

    Podía darse una idea de la incertidumbre que se apoderaba de ellos pero confiaba en que Vito no se detendría hasta saber exactamente que había pasado, dudaba de que destrucción había en realidad incluso de lo que había sucedido con el Lider del Clan,  pero por el modo de operar estaba seguro de quien se trataba durante mucho tiempo el había estado bajo sus ordenes en su epoca de adolecente rebelde por ello confiaba que no llegarían a Nagoya, ella ya tenía lo que quería. Aun así la seguridad en Nagoya era fuerte estaban preparados por si llegaban a atacar, eso no le preocupaba en realidad, lo que si lo tenía pensativo era el estado de la cuidad y cuantos caídos habían conformado el soldo de guerra, prisioneros, sobrevivientes, armamento.

    -No vendran, estoy seguro de eso, si quisieran erradicar por completo a tu Clan habían optado por no dejar ir a tu Segundo ni al joven Yoritomo- El moreno se irguio mientras comenzaba a pasear por el lugar hablando con ellos y al mismo tiempo solo- Si fuera yo, habría matado primero a los niños así no habría una nueva descendenci, así que el que hayan dejado al joven Yoritomo y a Ryu-kun o es suerte o sus fuentes no son exactas- se cruzo de brazos pensativo pero si n enfocar a ninfuno de los tres niños, Hayato sintió una ligera punzada por lo que se acerco a Kamil y pego mas al cuerpo de su hermana tomado a esta de la mano, su padre a veces hacía eso, comenzar a hablar consigo mismo o con alguien que no estaba ahí, temia que eso pasara, por que Vito-nii no estaba en casa para decirles que no pasaba nada,  se lo dio a entender a su gemela con un apretón angustioso pues el también se había sentido contagiado por la explosion de sentimientos que dominaba al prometido de su hermana.

    -Entonces, si ellos desearan atacarnos tendrían que pasar primero sobre mi, para llegar a ustedes. - En su pequeño monologo termino por responder al joven Hebí. Se inclino nuevamente hacía los tres niños para tomar las manos de Ryu y Hayato pues Kamil sostenía las de ambos, los miro detenidamente para recalcar.- Estan bajo mi cuidado, y aunque sea dificil espero que Ryu-kun sea sensato y espere por mas noticias, lanzarce al campo de batalla sin información es igual a suidarse, esperemos por tu Segundo aquí ¿Pueden esperar?
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    Kamil Sakuragi

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    Re: El aroma de la Camelia [Priv. Ryu-chan]

    Mensaje  Kamil Sakuragi el Sáb Mayo 14, 2016 5:12 pm

    El apretón que Ryunosuke propinaba a su mano era doloroso, pero en esta ocasión el dolor que le transmitia se sentía como un dolor diferente, el dolor del corazón de la joven serpiente, uno que parecía suficiente como para destrozarlo en mil pedazos. La yakuza se atrevió a mirarlo por fin por el rabillo del ojo, si se guiaba por lo que le decía su sentido de la escucha el daño se hacía mas visible. Hablaba como si lloraba al mencionar a aquel hombre que amaba como a un padre y una madre, y aquel pequeño que llevaba consigo la esperanza de su clan. El sentimiento de impotencia era palpable y Kamil no tenía las palabras necesarias para consolarle, la misma sangre de la joven ardía entre la ira y la desesperación, no obstante cuando el la soltó con brusquedad lo único que pudo sentir fue frió, un frió llano y simple, proveniente de sus mano algo falta de circulación, era demasiado mundano, demasiado poco poético, los sentimientos reales eran irrisorios comparados a los de sus novelas.  

    Cerró los ojos un par de segundos intentando recoger los pedazos de sus fantasías del suelo a la par que lo hacía con su cuerpo, levantarse de aquella postura le costó un esfuerzo casi demasiado insoportable, como el esfuerzo que hacía el Hebi para mantenerse entero, él no necesitaba a una niña frágil que le retuviera entre sus brazos, necesitaba a la mujer en la que Kamil no había podido convertirse aun, recompuso su porte de mujer educada, aquel que Kata había metido en su mente a fuerza de horas, meses, años de educación intensiva y escuchó la desesperación en la voz de su prometido aumentar... si el no podía mantenerse fuerte, si el comenzaba a dudar... sacudió levemente el rostro al recordar que se había prometido a sí misma cargar con la confianza de ambos y no retrocedería en ninguna de sus promesas. Si el hebi quería dejarla atrás lo llevaba claro, jamás se lo permitiría, el miedo no la derribaría, no el propio y especialmente no el del joven.

    Lo miró directamente a los ojos y lo vio inclinar una vez más la cabeza pidiendo permiso para alejarse, apretó el puño con fuerza intentando contenerse para no reaccionar violentamente, si hubiesen estado solos quizá lo habría abofeteado por insinuarle que estaba mejor lejos de él. Sin embargo fue su padre quien intervino tajante, a la princesa no le sorprendía, después de todo su opinión no había sido requerida en el asunto. El hombre siguió hablando sobre el grupo de avanzada que había sido enviado al campo de batalla y una vez mas los pensamientos de la joven se dirigieron hacía Vitto y Kotetsu-san, si no hablaba de ellos directamente... eso sin duda quería decir que no había nada en especial que informar... ¿Verdad?, no sobre su familia al menos... no sobre la de Ryunosuke tampoco, nada era claro y todo se resumía a suposiciones de su padre, ¿Estaría en verdad todo bien?.

    La joven desvió la mirada de la de su padre cuando este paseo la vista por sus rostros, una parte de ella se sentía horrible por desconfiar de su padre, eso no era normal... pero pocos de los sentimientos que tenía por el lo eran, le amaba con todas sus fuerzas, le temía de tal manera que su alma temblaba cuando sus ojos se encontraban, le preocupaba más de lo que pudiera expresar, la idea de perder a su padre iba más allá de pensar en alguna especie de muerte que pudiese sufrir, por que había comprendido lo sencillo que sería perderle dentro de sí mismo. Incluso en ese mismo momento se encontraba debatiendo con sigo mismo, una conducta que no sería anormal en ninguna otra persona, pero con su padre nunca se sabía donde estaba parado realmente ¿Estaba ahí con ellos acaso?, un leve escalofrío le recorrió la columna pero se mantuvo firme y a la espera, mirando de reojo a su padre. La mano de Hayato tomo la suya y sus dedos se entrelazaron de manera natural, las curvas de sus palmas parecían hechas para encajar a la perfección, incluso aunque los dedos de Hayato eran mas largos, apretó aquella mano para infundirle toda la tranquilidad que era capaz. Se mordió el interior de la mejilla deseando que Vitto- Nii se diese prisa, si su padre dejaba de serlo en un momento como ese, Kamil no estaba segura de poder hacerse cargo de la situación.

    Pero su padre pareció volver al mundo que los tres jovencitos compartían en ese momento, declarando que sería el muro infranqueable que los protejería, rogandoles que esperaran, la hija del líder le miró intensamente, el líder sin duda debía haber visto la ira en aquellos ojos chocolate idénticos a los suyos y solicitaba prudencia por parte de sus hijos. Tomo la mano de Ryunosuke una vez mas con fuerza, esperando dejarle claro que no había nada que el dijese que le hiciese dejarle marchar, fue ella que contestó adoptando ese tono formal y educado - ¿No va a ocultarnos ninguna otra noticia relevante... ¿Verdad? Otōsama- mantuvo su espalda recta -Quiero que se me permita, hacerme cargo de atender a Hayato-dono y el joven maestro Yoritomo- hizo entonces una profunda inclinación con todo el porte y la dignidad del que era capaz, encargarse de la familia, no huir despavorida ante la primera muestra de dificultades, era el deber de la esposa y pensaba dejarselo muy en claro a su prometido, entonces alzo el rostro y miro a su padre directamente a los ojos, prometiendole con aquella mirada que, al menos hasta que la familia del hebi estuviera propiamente instalada, no haría nada estúpido.  
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    Kobayashi Ryunosuke

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    Re: El aroma de la Camelia [Priv. Ryu-chan]

    Mensaje  Kobayashi Ryunosuke el Sáb Mayo 14, 2016 7:07 pm

    "¿Qué haces idiota?" preguntó su tío desde el pasillo mirando el juego de los niños del clan, jugaban a los ladrones de caquis. Un niño cuidaba los caquis y el resto de los niños debía robar los caquis, sí eran atrapados en el acto se iban saliendo del juego, ganaba aquel ladrón que tuviera más caquis o el cuidador si es que lograba atrapar a todos los ladrones. Ahora le había tocado al pequeño Ryunosuke de 12 años cuidar de los caquis, pero cada vez que se movía alguien llegaba a robarle caquis. Al fin de cuenta terminó sólo con cuatro caquis de los diez que tenía.

    "Es que ellos son más rápidos" dijo Ryunosuke irritado mirando al líder que parecía disfrutar del sufrimiento ante la evidente perdida.

    "Es obvio, porque eres un idiota" soltó Tomoe fumando de su pipa.

    "Pero ellos abusan porque soy chiquito" contradijo enojado el menor, pero sólo logró recibir un golpe de un tajo de mandarina de los que Tomoe-sama comía. El niño lloriqueó le había caído en el ojo. "¿Por qué hace eso?"

    "No todas las peleas son de fuerza y técnica, idiota, mucho menos de habilidad... sino de inteligencia... deja que te roben un caqui para ver como operan, dejas que te roben para confirmar sus movimientos, un tercer caqui ellos se confían, pero al cuarto... debes empezar atacar" explicó la estrategia el líder. Ryunosuke se quedó callado. Era un chico que siempre había captado todo de forma rápida, asintió. Miró sus caquis y permitió que los otros hicieran su jugada. Tomoe sólo observaba en silencio fumando y comiendo sus mandarinas.

    Como resultado, Ryunosuke permitió que le robaran los dos primeros caquis notando que siempre uno "lo distraía" y el otro aprovechaba a robar. En el tercero logró pillar a uno de sus compañeros de juego, y después al otro, y al otro. De ir perdiendo, logró ganar. Era la primera vez que lo hacía y se sentía sensacional. El niño se giró violento para mostrarle a su tío que había ganado pero Tomoe ya se estaba yendo. Intercambiaron una mirada y Ryunosuke sintió algo moverse en su pecho.


    Era cierto, Tomoe era un traidor que usurpaba el puesto que por derecho le correspondía a su padre, ahora con 16 años de edad lo seguía pensando. Pero eso no quitaba el hecho que sintiera cierta admiración por él, era un jodido genio de la guerra. Quizás era lo que le causaba más rabia, resentimiento y frustración pensar que el líder había caído. Si líder, siendo alguien nacido para la guerra había caído. ¿Qué sería de él que apenas era un mocoso precipitado? Pensaba que había cambiado desde ese día de los caquis hasta ahora, cuatro años después. Se creía un disciplinado y perfecto aspirante a samurái, el mejor en su clase y en el clan, el número uno discípulo de Kobayashi Tomoe pero la realidad, es que seguía siendo el mismo niño que hacía berrinche porque le ganaban. Esa realidad le había dado de golpe en la cara tras la explicación de Jamal del porque no podía lanzarse a la guerra.

    Si lo miraba mejor, Jamal era igual a Tomoe. Ambos eran personas increíbles en sus ramas. Aspiró por la nariz manteniendo la mirada fija, iba a decir algo más pero entonces... Kamil le sostuvo nuevamente la mano. No sólo eso. La presión de la suave mano de Kamil era como una soga que lo sujetaba del pie y tiraba de él hacia la tierra, tierra firme. Un valde de agua fría: piensa. Escuchó lo que ella dijo y entreabrió sus labios.

    Claro.

    Bien pudo haberse negado a que ella fuese participe de todo aquello, aunque fuese algo tan insignificante como ser anfitriona, Ryunosuke hubiera deseado mantener a Kamil fuera de aquello, fuera de Nagoya, fuera de Japón. Muy lejos donde nada pudiera tocarla pero... pedir semejante cosa, era una falta de respeto a la convicción que ella mostraba. El agarre de su mano fue reciproco por la propia hacia el de la niña, pero esta vez era suave.

    —Jamal-sama... me quedaré a esperar cualquier noticia que llegué de Tokio... —era una afirmación a la petición/orden dada, sin embargo, también un ruego para que se le informara todo.

    —¿Me puedo retirar? —la voz era escasa, muy baja. Sus sentimientos estaban siendo enjaulados uno a uno, no era momento de volver a estallar. Lo ocurrido segundos antes había sido un desliz que en presencia de Tomoe-sama le hubiera costado un golpe fuerte.

    "Idiota, los sentimientos violentos y evidentes te vuelven débil; si amas a alguien se lo dices, si odias a alguien se lo dices, y si no está frente a ti el motivo de esos sentimientos, te los tragas y esperas a estar solo para desahogarte", le había gritado Tomoe tras arrastrarlo todo el camino hasta la tumba de su padre. "Ahora si quieres reclamarle a alguien de tu estúpida condición actual, repróchaselo a él" señaló el lugar de reposo de Kobayashi Kyo. "A mí, no me jodas..."

    Un hombre como él no podría haber caído. Un hombre con semejante temple, carácter y temperamento, no habría podido caer tan fácilmente. Miró a Jamal.

    ¿O sí?

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    Re: El aroma de la Camelia [Priv. Ryu-chan]

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