Japón Monogatari

Descubran la historia de la guerra entre Clanes legendarios, guerreros unicos en medio de una tierra de criaturas mitologicas


    Sonrie.

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    Ayami
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    Sonrie.

    Mensaje  Ayami el Jue Ago 05, 2010 6:06 pm

    ¡Ah! Para los que leyeron: Fue un placer conocerte, les traigo un escrito que se ubica seis años atras en la vida de Ayami.
    Advertencia: Drama, violencia.
    Parejas: AyamixTakemi (lo se, lo se, es su novio fallecido, lo siento pero me gusta bastante ese personaje, y fue una pensa que muriera, le modifique un poco la muerte jajajaja, se me hizo muy meloso y romantico, ustedes diran)

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    Sonrie.

    Yura Ayami trató de concentrarse por undécima ocasión en lo que estaba haciendo. No lo consiguió. Su cabeza no coordinaba ideas con su cuerpo. Sus manos temblaban cuando la mente le recordaba el porque estaba en ese lugar. Mientras que la mirada fisgona de él, le indicaba que en cualquier momento iba a entrar en acción su animica hiperactividad sacando de sus cabales a la pequeña niña.

    La peli-blanca, no mayor de diecisiete años fregaba contra la piedra a la orilla del rio sus prendas, pronto encontró en el cesto otra prenda que no era propia. Suspiró con horror. Tomándola por los hombros y extendiéndola en lo ancho de la piedra.

    ¡Menudo tío! Pensó de inmediato, mientras escuchaba las risitas augadas de él, lo miro de reojo para fulminarle, y muy digna comenzar a fregar y refregar, las salpicaduras de sangre de la prenda, no se quitaban con facilidad, por lo que se ensaño con la yukata.

    -Achu –destornudo él, llamando la atención de la joven samurai, la cual se giro para verle. Entonces sus miradas se cruzaron y el muchacho sonrió. Ayami solo arqueo la ceja y de inmediato aparto la mirada con cierto enoj reflejada en ella.

    -¿Sucede algo?- Preguntó él, mirándola preocupado.

    -Iie, no es nada- Y bajó la cabeza, secándose las manos, sacando la ropa del rio y metiéndola en la cesta.

    Se puso de pie, y por un momento él la cogio del brazo, haciendo que la cesta cayera al suelo con todo y la ropa. La niña estuvo a punto de gritarle y golpearlo, pero se quedo sin habla, completamente muda. Kotsumoto Takemi la miraba con una intensidad que ella no conocía. Fue sólo un segundo, porque el pelinegro desvió rápidamente la mirada, un tanto ruborizado, se dedico a recoger la ropa que habia tirado, y la llevo al rio para fregarla nuevamente.

    Y ella no pudo moverse por unos segundos. ¿Qué diablos hacia sido aquello? Se pregunto, tragando saliva y caminando con velocidad hacia el campamento improvisado.

    O o o

    —Pronto llegaremos a Koza —susurro un compañero de los jóvenes que alrededor de la fogata en la intemperie se lanzaban algunas miradas. Solo con miradas se comunicaban, no necesitaban palabras, eso era lo que les hacia tan buen equipo. Ikaru sonrio—. Veo que ya estan mejor las cosas con ustedes —señalo mientras retiraba del fuego un pescado ensartado en una rama.

    Ayami no contesto nada a comparación de Takemi que sonrio con ganas y le dedico una mirada a la mujer.

    —Ella entiende que me preocupo —confeso el hombre imitando al superior.

    La niña solo suspiro fuerte, ignorando lo dicho y se marcho—. Me despiertan cuando sea mi turno —Pidio, seguido desaparecio entre los arbustos, para coger un arbol y recostarse de él.

    Los tres hombres alrededor de la fogata observaron aquello y no dijeron nada mas. Ikaru fue el primero en romper el hielo.

    —¿Tando le molesta que le hayas salvado? —pregunto bastante sorprendido a Takemi, el cual asintio solo con la cabeza.

    —Odia sentirse debil —comento mordiendo el pescado frito—. Y odia aun mas cuando no puede valerse por si misma...

    Los otros hombres solo guardaron silencio ante la seriedad y el énfasis de corage puesto en las palabras del joven Kotsumoto. Nadie volvio hablar.

    O o o

    -Hoy lloverá fuerte -Señaló Takemi en voz alta, mirando a través de la ventana de la posada donde se habian alojado en Koza.

    -No podremos salir de todos modos- Suspiró Ayami, limpiando sus katanas. Realmente le dolia la idea.

    Tenía miedo de quedarse tanto tiempo a solas con él, en la misma habitación. Lo habia notado en su mirada desde el dia del insidente en Naha, donde uno de los enemigos Hebi se habia lanzado sobre ella por la espalda, y en el momento en que la iban a estocar, Takemi se había interpuesto y salvarle la vida mientras sonreía como un idiota, aunque habia sido atravesado por una espada, aun seguia sonriendo como idiota, feliz de haberse herido salvandole la vida a ella. Desde entonces no pudo estar ningun momento mas sola, él siempre estaba tras ella como padre con sus hijos o peor aun... como... movio la cabeza negando el echo. Y quedarse junto, solo amplificaba la loca idea que comenzaba a emerger en alguna parte de su cabecita tonta. Por lo que, quedarse todo el día encerrados significaba compartir todo el día y por ende dar pie a actos no deseados.

    Takemi por su parte, sonrió de manera disimulada. Le gustaba la idea de no salir. Si, lo admitia abiertamente para el mismo, le gustaba Ayami, y le gustaba mucho, le gustaba la cara que ponia cuando se enojaba, cuando disfrutaba de las dagashis, le gustaba cuando discutia con él acerca de que los manjus eran mejores que los dangos que él tanto comia. Le agradaba pensar que tendría todo el día para estar con ella. Aspirar su aroma, verla, oírla, saberla. Su rostro empezó a teñirse de un ligero sonrojo; probarla. La imagen le vino tan inesperada a la cabeza que no tuvo tiempo de prevenirse y el rubor exigió ferozmente su lugar en sus pálidas mejillas. Tal fue su sofoco que llamó la atención de su compañera. La cual dejo por un lado las armas que fervientemente limpiaba para acercarse a él.

    -¿Te sientes mal?- La joven se acercó al muchacho y al mirarlo tan rojo le tocó la frente, abriendo los ojos asustada. Sabia que la herida en el costado de Takemi aun no habia sanado por completo y que en cualquier momento una infeccion podria terminar matandolo.

    -¡Estás ardiendo! Ven, será mejor que descanses.- Y sin pensar mucho en lo que hacia lo llevó hasta el futón maltrecho donde antes habia dormido, encargándose de acomodarlo y casi obligándolo a recostarse. A esto, el muchacho no se resistió. No tuvo fuerzas para hacerlo porque el rozamiento de las manos de Ayami lo desarmó por completo. Dejandolo a su total merced-

    La joven camarada le aplicó unos paños húmedos sobre la frente para bajarle el acaloramiento que creía fiebre. Takemi desde el futon bien abrigado la miraba casi arrobado. El suave contacto, semejante al roce de alas de mariposa le atormentaba. De hecho, en la posición en la que se encontraban, no se sentía muy capaz de continuar con aquel interludio sin derribarla a su lado y tocarla o peor aun, besarla.

    Recordaba el dia que lo habia descubierto, habia sido durante el calor de la batalla en el castillo de Shiru-jo en Naha, cuando la vio pelear y brillar ligeramente por el liquido carmesí que corria por sus brazos y frente. Sintio una presion horrible en el pecho cuando vio a uno de los enemigos arremetir por la espalda contra ella, tal fue su desesperación por salvarla de la muerte, que cruzo la habitación y se planto en su reta guardia para recibir el gustoso la estocada.

    Sonrio en el presente observandola trabajar para ayudarlo. La misma noche del castillo, ella habia lloradon mucho por él, mientras él le suplicaba que no lo hiciera, la habia acunado en sus brazos para hacerle saber que siempre la iba a proteger, el sonrojo asoto nuevamente sus mejillas, y sintio una oleada de un extraño fulgor que le estaba incitando hacer algo realmente estupido, por lo que solo...

    Tomó la mano que le aplicaba las compresas y con una sonrisa tierna le dijo a Ayami:

    -En serio, estoy bien, no es necesario que te molestes- Y haciendo un esfuerzo sobrehumano dejó ir la mano blanca, y se incorporó un poco, sentándose junto a ella.

    Un relámpago cruzó el firmamento, que al instante se oscureció en pleno mediodía y un estruendo largo y estremecedor anunció la llegada de la tormenta.
    Ayami se levantó lentamente. Su palidez ordinaria se destacó incluso en la blancura de su kimono rojo, gracias a la penumbra del cielo. Con pulso tembloroso encendió las lámparas de aceite para alumbrar la estancia. Sentía la mirada del joven a su espalda, pero no se encontró con fuerzas para mirarlo.

    No soporta mi toque... Pensaba casi angustiada, aunque su rostro se mantenía inmutable. ¡Idiota Ayami! ¡Idiota mil veces! Se reprendió, una vez mas había llegado a las conjeturas equivocadas, una vez mas el corazón se le contraía en el pecho.

    Takemi a su vez, trataba de concentrar sus pensamientos en algo que no tuviera que ver con aquella joven de ojos borgoña, y es que si no lo lograba, no sería posible detener por más tiempo los sentimientos que ella le inspiraba y acabaría asustándola con una confesión impetuosa y torpe o peor aún, con algún movimiento poco respetuoso.

    Así que acogió con agrado la separación y se dedicó a observarla encender las luces, sintiéndose de repente feliz, seguro y tranquilo.

    A su vez, ajena a todos los pensamientos del joven, ella se sintió de repente más vacía que lo que nunca, en toda su vida.

    Cada uno con sus pensamientos, pronto llego el tiempo de retirarse.

    Dos semanas mas tardes.

    Ni una palabra, ni una mirada, los amigos habian roto el mistico lazo que los unia, y nuevamente una mision juntos. Lugar, Kyusho, a las afueras de un pueblito llamado Oita. La comision iba a tardar, y como en Koza aquel dia, tenían que compartir el lecho. Habia cierto aire de incomodidad por parte de ambos. Ella se habia negado a ir a esa mision, y el habia escuchado la maratonica discusión ante el echo. Se sintio mal de pronto, Takemi, al no saber las razones de su compañera, Ayami.

    Tarde la noche. El cielo despejado era adornado con una luna llena, redonda y blanca. El olor a sangre era insoportable para ella. Ese era el motivo.

    Ayami se había pasado todo el dia afuera de la choza hasta al anochecer, cuando tiró el agua sucia de la cubeta, incapaz de soportar el color rojizo cada vez más fuerte que tomaba cuando ella sumergía los lienzos.
    -Como odio la sangre- Pensó con un rictus de amargura. Un dolor intenso le traspasó el vientre. Ella se mordió el labio, ahogando un gemido.

    Jamás su menstruación había sido tan abundante...ni tan dolorosa.

    Y la joven la sufría sola y en silencio, como toda mujer decente que se aprecie, debe hacerlo.

    Pero el olor era fuerte, y aquella noche tenia que compartirla con Takemi, el cual la había mirado un par de veces por la ventana tirar el balde de la roja agua, provocándole todo el sonrojo posible en ese estado. Pero con cierta felicidad, al encontrar el motivo de la negación de la joven de compartir con él, aunque fuera unos segundos.

    -Por todos los cielos, que no pueda olerme...-Rogó avergonzada.

    Y ahora estaba afuera de la cabaña, sosteniéndose el vientre y mordiéndose la lengua para no gritar de dolor, cambiando las compresas de algodón y sumergiéndolas en agua para lavarlas. Mantenía los ojos cerrados y hacia uso de toda su concentración en bloquear la dolorosa sensación; de tal manera, que no escuchó el deslice de la puerta, ni los pasos de su compañero.

    No fue sino hasta que su olfato descubrió el aroma de él, mezclado con otro. Uno que no supo definir y que era amargo.

    Abrió los ojos apenada y los fijó sin expresión en las pupilas claras del samurai.

    -Gomen; no querría despertarte- Empezó, viendo al muchacho ofrecerle una taza con un liquido humeante.

    -Iie, no me has despertado. Sabes que casi nunca duermo- Respondió con una sonrisa preocupada. –Tomate esto, te...ayudara bastante- Ofreció abochornado, consiguiendo una mirada confundida de la joven. –Para tu...dolor...te...te...a... ayudará- Tartamudeó nervioso, sintiéndose como un tonto, bajando la vista.

    Ella aceptó la taza, con la inteligencia del uso de aquel remedio y empinó el amargo y a la vez dulce sabor de las hierbas hervidas.

    Entonces miró a Takemi y él le regreso la mirada. Una suave línea sobre sus delgados labios apareció, llena de gratitud y dulzura.

    El joven se sonrojó ligeramente y le sonrió, diciéndole;

    -Entra por favor, te sentirás mejor que estés recostada

    -Hai- Pero al levantarse, un último espasmo la hizo tambalear. Hubiera dado con las rodillas en el suelo, pero él fue más rápido, y entonces, la sostuvo con delicadeza y la levantó sin esfuerzo.

    -Permíteme ayudarte- Pidió sin mirarla, y ella aceptó con un susurro.

    Y mientras la llevaba en brazos al interior de la pequeña choza, ella se sintió tan absolutamente feliz y segura que se olvido de cualquier dolor.

    Y él, pudo recordar, asimilar y sentir, que no era la primera vez que de noche, y en sus brazos, ella olía a sangre y sollozaba.

    O o o

    -Hombre te va a dar un paro cardiaco si sigues aguantando la respiración –Sonrio Ayami caminando por enfrente de él.

    El reluciente kimono rojo con las flores doradas y el obi negro le daban un aspecto encatador al pequeño y afilado rostro de la niña. Quien bailoteaba y giraba frente a Takemi que de ves en ves le miraba solo para sonrojarse. Aclaro su garganta apenado por el comentario d ela menor.

    -Es que tengo que decirte algo importante- mascullo, a lo que Yura alzo el rostro para obsérvale bastante curiosa, un petalo de una sakura cayo sobre la nariz del hombre haciendo la escena mas divertida para la pequeña mujer, quien empezo a reir- Para Ayami, que no ves que me interrumpes...

    Esta asintio y lo observo. -¿Qué me ibas a decir? –pregunto en un tono serio pero sereno. Mirandolo con intensidad directo a los ojos color miel. Takemi auganto la respiración, recordando aquella noche en el castillo de Naha, tenia la misma mirada que antes. Lo habia desarmado, tomo aire y la tomo de la mano...

    O o o

    El tiempo paso volando, cada uno aferrado a sus propios deseos, cada uno aferrado a sus anhelos mas profundos que por suerte o no, eran los mismo.

    Kotsumoto Takemi sus miradas, sus palabras, los movimientos entorno a ella, se habían vuelto en la obsesión más remarcada y visible que tenia él.

    Cualquier hubiera podido percibir la forma en que se movía a su alrededor, la forma en que la miraba en un grado que rayaba en lo posesivo, casi casi, regordeandose de que ella le había aceptado como su futuro esposo. Cieto, muchas cosas tuvieron que haber pasado, pero por fin, ella seria suya y él seria de ella. Solo uno para el otro. Pocas semanas faltaban para el matrimonio, y él, solo era capaz de respirar un nombre: Ayami, Kotsumoto Ayami seria en cuanto beberian sake del mismo vaso. Ahora mismo, la tenia recostada sobre sus piernas, viendo las estrellas.

    -Ayami...

    -¿Hum?

    -¿Me quieres? –pregunto preocupado viendo hacia el rostro de Ayami que siendo iluminado por la luz de la luna daba cierto brillo especial al par de orbes rojas.

    -No solo te quiero, Takemi, te amo... –confeso sonriendo dulcemente, y acariciándole el rostro con delicadeza.

    Aquéllas palabras cayeron sobre su corazón con el efecto del más fuerte de los licores. Lo embriagaron y calentaron, y subieron por su garganta hasta encontrar la vía de escape por su boca...

    El sonrió solo para ella, de ahora en futuro lo haria solo para ella, no habria mas que ella. El rubor acompañó el gesto y la imagen final fue primorosa.

    Ayami contuvo el aliento, se sintió perdida en aquella sonrisa. Sintió que no necesitaba algo más para vivir y soportar los meses y años que seguiría siendo samurai. Por que al final, él podría remendar todos los pecados con el aliento de esa sonrisa, aliviaria la soledad, cesaria el llanto silencioso, solo con eso... su sonrisa...

    ¡Oh! Cuanto se amaban el uno al otro.

    ¡Cuánto en verdad se amaban!

    ¿Podría ella amarlo algún día? ¿Podría él amarla mas que ahora algún día?

    Aquellas sonrisas, les decían, ciertamente; que si.

    O o o

    La mision, facil, eliminar a un grupo rebelde, pero dentro de esa sencilla mision, una red de traiciones y complot se respiraba. El teniente a cargo, habia cometido un error, un gran error, que Yura Ayami, habia descubierto, y como consecuencia, ahora blandian la katana contra ella. El gran teniente de dos metros de altura y cien kilogramos, contra la pequeña subordnada de un metro con cincuenta y dos centímetros y cuarenta kilogramos, un golpe en el rostro, y habia perdido la vision, la sangre, el aturdimiento, el miedo de morir y no volver a ver a Takemi.

    Sobre el suelo frío yacía sin poder moverse. Escucho el crujir del metal acercarse, estaba bien si ella moria, si estaba bien, total ya habia mandado la carta avisando de la traicion, le dolia no poder volver a ver a Takemi, pero protegerlo de una forma o otra era la mejor forma de morir.

    -¡Ayami! –gimieron a los lejos. Pero sus sentidos empezaron a alertarse. Una frialdad muy distinta de la del ambiente empezó a cernirse sobre ella.

    Yura tuvo un presentimiento. Un presentimiento cruel e inevitable. El corazon se le contrajo al igual que aquella vez que el la habia retirado del contacto.

    -¡Alejate de ella, bastaro! –gritaron en la lejania.
    Lo comprendia, Takemi había ido por ella, y estaba ya a sus pies, peleando.

    Peleando por ella.

    Por ella que merecia morir, que lo engañó para llegar hasta ahí.

    Aquel pensamiento la hizo levantarse de golpe.

    Tenia que ayudarlo. Pero solo sirvio para desvanecerse nuevamente, golpeandose contra un arbol, el golpe que el teniente le habia propiciado le habia bañado los ojos de sangre, y la habia dejado totalmente desorientada, busco en su cinturón, encontrando la funda vacia de su katana principal, cogio la otra, y comenzo a tantear el camino, escuchando la batalla sin poder llegar, la imagen por si sola era bastante lastimoza.

    El llanto subió por su garganta. Miró hacia todas partes sin encontrar un poco de luz...estaba desesperada. ¿Cómo, por todos los dioses, cómo podía ayudarlo, si no podia verlo siquiera? Sollozo un poco mas fuerte.

    -¡Ayami! –volvió a gritar pero esta vez, el chillar del metal contra metal, el rugido furico de un hombre ensolerado y la sangre salpicar, fue lo que se escucho.

    -¿Takemi? –pregunto al no escuchar nada mas, solo un golpe sordo contra el suelo.- ¿Takemi? –otro golpe un poco mas fuerte. Rápido se movio de su lugar, y limpio la sangre que le obstruía la visión. Con la mirada empañada lo pudo ver.

    Los ojos se le lavaron por si solos cuando lo vio tendido sobre la blanca nieve, con la mano extendida sobre la katana que la señalaba a ella, un poco mas atrás, el teniente muerto por mortal herida.

    -¡Takemi!- desgarro la garganta para correr hacia él, soltando el arma, y tirándose a su lado, lo cogio por la cabeza para recostarlo sobre su regazo. Las lagrimas cayeron sobre el rostro del hombre. El cual sonrio.
    Si, sonrio a pesar de que sentia su sangre quemar la nieve, sonrio a pesar de que no sentia su cuerpo, sonrio sin que le importara ya el sentir la piel desgarrándose a través de su yukata con un dolor que le hubiera privado el conocimiento.

    Pero no se permitió desfallecer. No queria hacerlo, queria verla, queria sentirla, queria escucharla, queria saberla, queria... probarla... aunque fuera una ultima vez. Supo lo que había pasado. Y en su mente sólo podía repetir una y otra vez la palabra "Ayami"
    Ayami, Ayami, Ayami...

    Ayami, disculpame por no decirtelo antes... Por haberte lastimado con mi indiferencia....

    Por haberte traído aquí y obligarte a luchar y a matar.

    Por haberte hecho mía sin pensarlo.

    Por haberte amado tanto y ofrecer mi vida por ti.

    Por dejarte ahora.


    -A...A-ya-mi..., sonrie...- tarareo el hombre tociendo y acompañado salpico de sangre las manos de la mujer. La cual lloro mas fuerte aferrandolo a ella.

    -Solo para ti, Shinta, solo para ti... -juro.

    Ya no sentía el frío. Algo extraño. Mi vida se estaba acabando, y todo lo que podía pensar era que no tenía...

    "Ayami... " Quize decir sin sonar lastimoso


    -A...A-A-Aya-

    Sus brazos estaban a mi alrededor; quizá esa fuera la causa de qué ya no sintiera el frío.

    Es ella la que esta impidiéndome sentir el frío!. Su cara esta mojada por la nieve que caía, la sangre salpicada, mi sangre, y lágrimas, sus lágrimas... podía sentir como caín en mi piel, inclusive sus lagrimas son calidas.


    -¡No te vayas Takemi! ¡No tu¡... no tu...- Su voz se va ahogando, a causa del dolor y sufrimiento. Maldita sea, Ayami no debe de llorar, no mi dulce Ayami, soy demasiado miserable, por eso deseo morir, por mi maldita culpa esta llorando... no llores por favor...
    Intenté enfocar mis ojos hacia ellal. Pero demonios es difícil; sentío como la vida se me escapaba. Los recuerdos revolotearon a través de mi mente como las mariposas blancas – cómo me odio. Ayami, perdon...

    Ahora mismo sus ojos mirándome, esos ojos carmín, no llenos de ira o locura, sino de una mezcla de desesperación, dolor y culpabilidad. Sus rasgos delicados estropeados por la sangre seca. Pero... pero... Pero así esta bien... el debe vivir para poder espiar nuestros crímenes que hemos cometido como samurais y amantes..., yo ya he cumplido mi misión... protegerla... aunque estropie mi promesa... odio verla llorar...

    Yo le sonrió; sus ojos se agrandan por la sorpresa, mientras su brazos se aferran más a mi cuerpo. Pequeña tonta, deja de llorar, quiero decirle pero un triste pugido sale de mi boca.


    -no-o llores- le susurro en mi último aliento. Buda, protegela por favor, por favor, que en su camino se cruce con un idiota igual que yo, que sea lo suficiente idiota como para no separase de ella, lo suficiente idiota como para sonreirle, lo suficiente idiota como para no hacerla llorar... por favor...

    Confundida agita su cabeza, incapaz de responder. Alzo mi temblorosa mano y acaricio su mejilla.

    Coge mi mano, mientras me sostiene y agita levemente su cabeza en señal de rechazo a lo que ya es inminente.

    Apenas consigo respirar, pero todavía estoy con vida mientras le sonrío. Busco la cara de mi Ayami, mi Ayami, nunca llego a ser mia...


    -Te... Te-e amo...- mascullo ahora si con un suspiro. Tanteando su rostro, pero una niebla blanca y densa lo cubre todo. Desearía poder ser la nieve que cae sobre ella.

    Ayami todavía me sostiene pero ya no puedo sentirlo, una lágrima intenta salir de entre mis ojos, pero la muerte me vence antes de que esta pueda deslizarse por mi mejilla.

    Adios. Mi amor, pienso mientras la oscuridad me rodea por completo... Aya...


    Y su cuerpo cayó sin fuerza sobre la nieve.

    La vida se le escapaba en el río de sangre que arrojaba su cuerpo mutilado.

    Y podía ver a Takemi. Con los ojos abiertos en un
    espasmo de horror e incredulidad.

    ¡OH, anata!

    He sido una egoísta. Pero solo podía ofrecerte mi vida.
    Aún sostenía la esperanza de verlo sonreír.

    ¡Cuánto se odio en aquel momento por haberse atravesado en la vida de aquel inocente de aquella manera!

    -Gomen nasai, Shinta-

    Ayami lo miró, sin creerlo, sin aceptarlo.

    ¿Estaría empezando a pagar por sus pecados?

    Pero ella; ¿por qué ella?

    ¿Por qué él? ¿Por qué ellos?

    Lo abrazó con fuerza. Se volvería loca en cualquier momento.

    Tomó su katana con fuerza, mirándola con amor, mezclada con locura y negacion.

    Espérame Shinta, pronto estaré contigo.

    Pero se detuvo. A un instante de hundirse el metal en la piel, se detuvo.

    La tormenta de nieve arreció sobre su rostro, reclamándole su impulso.

    Aun no, Anata. Recuerda tu promesa, sonrie Anata.

    Nos volveremos a ver, Anata. Pero no aún. No es el momento.


    Y de repente, el frío cesó. La tormenta se calmó. Y ella supo que él estaría acompañándolo siempre.
    Por el tiempo que él viviera. Hasta que nuevamente volviera a sonreir...
    -------------------------------
    St. Teff
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    Hisashi Hamasaki

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    Re: Sonrie.

    Mensaje  Hisashi Hamasaki el Jue Ago 05, 2010 6:21 pm

    ohh!! dioos
    como quiero matarte yo a ti!! xD sabes lo que me haces.
    Casi lloro porque me haces esto!? ajajaja porque lo mataste
    porque!! XD bueno aaah que maldad en ti curazon para hacerle eso a Ayami.

    Le hablo al user por si hay alguna duda. Ahora recuerdo porque te quiero tanto esa forma pasional de escribir solo tu xD aaaaaaaaaaaw jajajaja enserio chica te quiiero muuuchoo demaciado jajaja y no puedo creer que aun con lo que escribas despeus de tantos años me sigas llenando de tanta emocion.

    Bueno estuvo super y sornie Smile
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    Ayami
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    Re: Sonrie.

    Mensaje  Ayami el Jue Ago 05, 2010 6:30 pm

    *Ayami en un rinconcito llorando*
    Ayami: Es muy mala... me hizo recordar cosas feas...

    MWuajajajaja, seop xD asi soy yo jajajaa, mil gracias, tenia otro escrito acerca dee sta pareja, pero estaba muy soso, jajajajaja, Ayami es juerte y aguanta todo! ¿Verdad?

    *Ayami aun en un rinconcito*

    Vale n-nU no es tan fuerte jajajaja, que bueno que te gusto la verdad xD gracias me sonrojas, siempre eres un gran apoyo para mi y mis trabajos, yo tambien te amo preciosa! y bueno xD haber situ subes algo!!! =D kya!

    Sonrian! por takemi-kun

    Ayami: T___________T mendiga user sadica...

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    Re: Sonrie.

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